Por: Leonel Serrato Sánchez | |Analísta Político

Detener a Elba Esther Gordillo, aprisionarla durante años en un hospital y luego liberarla en vísperas de que su partido Nueva Alianza suscribiera un convenio de coalición con el PRI, Enrique Ochoa acusa que es responsabilidad, autoría y hasta alianza política de la profesora con Andrés Manuel López Obrador AMLO, oiga, ¡pero si quien hizo a Elba Esther, la usó, la castigó y luego la liberó fue el gobierno emanado del PRI!

El día en que en nuestro país puedan celebrarse elecciones sin que ello entrañe la destrucción –de por sí débil– del tejido social, ese día estaremos en presencia de un régimen enteramente democrático.

 

Convengo que la política, y más aún la política electoral, es el sustituto moderno y civilizado de la guerra, pero lo que actualmente tenemos en nuestro país no parece haber dejado de tener las características de ese violento flagelo, si acaso refinado las posibilidades para agredirse entre participantes de un modo que inequívocamente deja la sensación de que entre ellos existe odio.

 

Apelar a que las campañas electorales sean un contraste de ideas, propuestas y reivindicaciones de añejas necesidades de según qué segmento de la sociedad, no deja de ser una buena intención, todos sabemos que eso no sucederá, pero resulta que son los propios actores políticos los que dicen que quieren que así sea, al tiempo que hacen su mejor esfuerzo para ser los que más lodo lancen en esa contienda.

 

Y sí, lo electoral es una guerra de lodo, participan las personas candidatas a los puestos público, pero también una inopinada cantidad de intereses que les son afines, dando como resultado que lo poco que pueda haber de propuestas quede totalmente opacado con las descalificaciones y las expresiones más o menos disimuladas de odio y ganas de exterminio.

 

Desde Roberto Madrazo Pintado –Presidente del Comité Nacional del Partido Revolucionario Institucional PRI, y luego su candidato presidencial– hace más de una década que un líder priista no era tan franca y abiertamente beligerante, lo que no tendría mayor problema si no fuera al mismo tiempo poco exacto, y no pocas veces abiertamente falaz.

 

Cuando el actual líder del PRI, Enrique Ochoa Reza, dejó la Comisión Federal de Electricidad CFE el 8 de julio de 2016 para irse a dirigir el partido del Presidente Enrique Peña Nieto, la sorpresa fue mayúscula; Ochoa tuvo como único puesto político en su carrera el ser consejero distrital electoral en 1997, lo fue en un distrito en el que –curiosamente– el PRI perdió esa elección de diputados federales, cosas del karma.

 

El señor Ochoa se había desarrollado como profesor universitario, luego pasó a la alta burocracia federal en diversos cargos, de esos que se les dan a los recomendados o a los de confianza o familiares; en el inicio del gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto llegó a la subsecretaría de energía con Pedro Joaquín Coldwell como titular, y finalmente a la CFE; pese a que se inició en temas electorales, el michoacano no tenía labor alguna partidista que hiciera pensar que podía convertirse en dirigente priista, ya no diga Usted en algún puesto menor, mucho menos en la cúspide.

 

Algo le vieron a Enrique Ochoa Reza para destacamentarlo en Insurgentes Norte, quizás su facilidad para crear una realidad alterna.

 

Indudablemente que Ochoa debe tener habilidades, todos las tenemos, pero discursivas a nivel trol en contra de sus opositores estoy seguro que ni en su familia se las conocían.

 

Y el punto en el caso de Enrique Ochoa Reza no sólo son las dotes verbales, los retrúecanos de que puede ser capaz, sino que reinventa la realidad, llegando incluso que las problemáticas generadas o que son responsabilidad de su propio partido se las endilga con singular alegría a sus adversarios electorales, y no es desparpajo.

 

Detener a Elba Esther Gordillo, aprisionarla durante años en un hospital y luego liberarla en vísperas de que su partido Nueva Alianza suscribiera un convenio de coalición con el PRI, Enrique Ochoa acusa que es responsabilidad, autoría y hasta alianza política de la profesora con Andrés Manuel López Obrador AMLO, oiga, ¡pero si quien hizo a Elba Esther, la usó, la castigó y luego la liberó fue el gobierno emanado del PRI!

 

El crecimiento del narcotráfico, y la violencia que trae asociada, por la estrategia de combate armado al crimen organizado, y a la política pública prohibicionista con el consumo de drogas, así como las públicas alianzas con los barones del crimen o la franca impunidad de la que gozan, son autoría, desde tiempos inmemoriales, de los gobiernos priistas, sin embargo, sin sarcasmo, ni tampoco remordimientos de conciencia, el Presidente del PRI responsabiliza al gobierno panista de Felipe Calderón –que mucho tuvo qué ver los últimos seis años– y a las declaraciones de AMLO de querer “liberar” a los criminales… ¡Para Ripley!

 

Y así con muchos temas torales para el país: corrupción, impunidad, pobreza, desigualdad, discriminación, falta de oportunidades, desempleo, devaluación del peso, alza de tasas de interés, abandono del campo, jóvenes en el abandono… sí, Enrique Ochoa culpa a los panistas de algunas de esas cosas –porque gobernaron 12 de los últimos 90 años– y de los riesgos de otras de esas cosas a AMLO, porque “es un ocurrente” o un populista.

 

Pensar que es cinismo de parte del dirigente priista es caer en un lugar común, Enrique Ochoa no sólo es un cínico, es un cínico listo; afirmar que Ochoa dice lo que dice por ignorante, tampoco es completamente cierto, Ochoa no es un bobo simple, ni un vulgar analfabeto; llegar a creer que genuinamente Enrique Ochoa cree en lo que dice, porque alguien se lo informó, tampoco es puntual, el priista no es un crédulo tonto.

 

Lo que está ocurriendo es que el dirigente máximo de los priistas en todo el país está ejecutando una cuidadosa estrategia mediática para enlodar a sus adversarios, culpándolos de todo, incluso de las cuestiones de las que es directa e ineludiblemente responsable el PRI, los gobiernos de él emanados, y todos sus aliados.

 

Como si de una orquesta se tratara, Enrique Ochoa Reza sigue una partitura cuyo primer fin es desquiciar a los adversarios electorales, tornarles esquizofrénicos y hacerles aparecer como loquitos, seniles –o jovenzuelos inexpertos–, ambiciosos vulgares y tontos o francamente delincuenciales.

 

Resulta surrealista leer, ver y escuchar las declaraciones del dirigente priista, pero ¿sabe Usted por qué lo hace con tanta insistencia, por qué en cada declaración o entrevista dice cada acusación en contra de la oposición completa, como si nunca la hubiera dicho? Porque esas frases, esa realidad alterna, esas inexactitudes o falsedades no están dirigidas a todos, sólo a los nuevos votantes, que son ni más ni menos que cerca de ¡14 millones! una cantidad enorme.

 

Enrique Ochoa intenta venderle a toda una generación de votantes problemas nacionales como responsabilidad de otros, siendo que en los temas centrales sólo el PRI es responsable; se trata de polvo de aquellos lodos, una estrategia genial, pero no por ello menos perversa.

 

Para que tenga éxito esta nueva guerra de lodo deben darse en serie varios hechos desafortunados: que los jóvenes electores no lean, que tampoco cuestionen, y que no tengan padres y abuelos que les insten a escudriñar en el pasado, o que teniéndolos esta nueva generación decida no hacerles caso. Escalofriante, ¿verdad?

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