Por: Annabel Clavellina

El secreto  para crear un proceso menos tortuoso y más compasivo para superar el estrés postraumático de esta gran sacudida, reside en los afectos, la solidaridad y en la confianza, que permita sentir influencia de amor para reencontrarse a uno mismo, y poder hacer de esta vivencia una transformación que implique renovación.

En la incertidumbre y la duda que se respiraba en un medio caótico, lleno de obscuridad, tragedia y gritos, cada uno de los pasos dirigidos a la más tormentosa realidad: 19 de septiembre de 1985. Una fecha recordada como una de las más grandes cicatrices de nuestra amada Ciudad de México… reaparece. Un instante de movimiento, bastó para detonar los instintos y miedos más profundos, de quien ya se encontraba sensibilizado a los temores del pasado.

Angustia, soledad, abandono, miedo, depresión y ansiedad, son algunas de las emociones que rondan entre aquellos que sobrepasaron el límite de la sensación de pérdida, intranquilidad, sueños interrumpidos, evasión del recuerdo, vidas coartadas, sentimientos encontrados y visiones catastróficas, que alcanzaron la mente, la conducta y el pensamiento de cada persona íntimamente afectada.

El ser humano tiene una capacidad extraordinaria para adaptar sus necesidades a los cambios que se van presentando, y sobreponerse a situaciones límite, para posteriormente transmutarlas y modificarlas. La magnitud y el impacto del suceso en una persona, va a depender de la manera en la que vivió éste, el estrés ocasionado, la emoción detonada y la memoria implícita.

Expresando sin miedo nuestro sentir y emociones contenidas, podemos asimilar de una manera más amorosa y empática nuestro proceso. Tener un pensamiento claro y realista, abrirá otros conceptos de positivismo y constructivismo de ideas más precisas, que puedan ayudar a confrontar situaciones de crisis.

Aceptar nuestra situación real, evita los procesos de negación,  detonación de ira y la incapacidad de resolución de lo que acontece en el momento. Paciencia, tolerancia y perseverancia, es lo que necesita tu ser para convencerte,  de que, las herramientas que lleguen hoy serán las mejores para ocuparlas cuando se necesiten.

Los pensamientos caóticos, solo conseguirán atraer más desorden en tu mente, te sentirás disperso y tu estado de ánimo puede decaer; entrar nuevamente en tu centro, implica creer en tus capacidades, fortalecer tu niño interno y tu espíritu, retomar la pasión hacia lo que más amas hacer,   quitar las especulaciones de un futuro que todavía no ocurre, hacer a un lado los miedos que atacan la seguridad.

El secreto  para crear un proceso menos tortuoso y más compasivo para superar el estrés postraumático de esta gran sacudida, reside en los afectos, la solidaridad y en la confianza, que permita sentir influencia de amor para reencontrarse a uno mismo, y poder hacer de esta vivencia una transformación que implique renovación.

Esta etapa ha marcado un antes y un después; las heridas físicas y del alma tomarán su rumbo y su tiempo para sanar. Los escombros se disipan y las construcciones  volverán a edificarse. Cada uno retornará a su centro, y los recuerdos seguirán como la huella de un vestigio. Volveremos a construir, seguiremos de pie, persistirá nuestra confianza y la fe, pero sobre todo, hoy amamos más nuestro entorno, el aquí y el ahora, a nuestra gente cercana, a la vida misma y lo que somos.

Es tiempo de continuar.

 

 

 

 

 

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