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EL ACOMODO DE LAS PIEZAS: LAS APARIENCIAS QUE NO ENGAÑAN.

ColumnasEL ACOMODO DE LAS PIEZAS: LAS APARIENCIAS QUE NO ENGAÑAN.

Javier Díaz Brassetti.

A lo largo de toda su obra el psicólogo norteamericano Paul Eckman y su equipo, han presentado evidencias de que las personas atractivas no sólo son las más solicitadas para los encuentros sexuales sino también a las que se considera más creíbles, más confiables.

En cada sociedad hay parámetros para establecer quién aprueba o no el examen del atractivo. Por ejemplo, en los Estados Unidos hace un poco más de cien años que los presidentes no llevan pelo en la cara, salvo las cejas; también, en ese mismo lapso, salvo en el caso de Jimmy Carter, han ganado las elecciones presidenciales hombres más altos que su oponente.

Feos, desarreglados, sucios, la mayoría de las veces, según la teoría, tienen menos oportunidades de ser electos que guapos, bien arreglados y pulcros.

Así un juez, de absolver a un delincuente desaliñado prefiere exonerar a uno limpio; las personas de mayor estatura tienen más probabilidades de ser contratadas que quienes no exceden el metro y medio; las voces graves se estiman como más formales que las agudas; las mujeres consideradas como guapas venden más que aquellas a quienes se les califica como no tanto.

Nos cuesta mucho trabajo reconocer que estas evidencias puedan tener razón, y luego luego buscamos desacreditarlas encontrando ejemplos como el de Pablo Iglesias en España, que no obstante no ser tan alto(1.78), tener la barba descuidada, parecer roquero y usar coleta, logra éxito por sobre Pedro Sánchez que se nota cuidadoso de su aspecto, tiene una considerable estatura (1.90) y viste a la moda.

Sin duda hay muy buenas excepciones, pero cuidado cuando la excepción se convierte en regla, cuando las hordas de personas poco atractivas, descuidadas en su aspecto, con incapacidad para expresar con claridad sus pensamientos conducen un noticiero, dirigen un partido político o son funcionarios de alto rango, porque, y en esto coinciden los expertos, la credibilidad y la confiabilidad están en juego.

Para corresponder a las aspiraciones sociales de atractivo, muchos personajes en el mundo ya se hacen asesorar por especialistas en relaciones públicas, imagen, manejo de medios, oratoria y otras disciplinas.

En México, aunque hace ya casi veinte años que se instalaron los media trainers, aquellos que cuidan la imagen completa de personalidades y candidatos, todavía la idea de que funcionan bien es muy cuestionada.

Para las elecciones del 2018 hay ingredientes que jugarán un papel preponderante, y que quienes aspiran a ganarlas, deberán tomar en cuenta. Al prestigio personal, al carácter, se suman ahora la apariencia y la expresión en público.

El electorado, con más información que antes, quiere ver personas atractivas, con facciones que ofrezcan la apariencia de contar con mentalidad, actitud y conducta de una mayor honestidad; cuerpos más atléticos, voces más claras que expresen pensamientos más sucintos y atrayentes.

Los partidos políticos deberán cuestionarse si métodos como el dedazo o como el candidato de unidad, que dieron como resultado gobernadores, diputados, senadores que parecen facinerosos o hampones, deberá dar paso a elecciones internas de personas que tengan una mejor apariencia, un mayor atractivo.

Quienes tienen aspiraciones reales a la presidencia de la República deben considerar que apariencias tan voluminosas como las de Ángel Aguirre, ex gobernador de Guerrero y Javier Duarte, gobernador de Veracruz, no resultan gratas, provocan chistes y no ofrecen confiabilidad.

No se trata sólo de fabricar candidatos con buena apariencia, se trata de escoger a los que aparenten ser candidatos.

Difícil de digerir, pero necesario de comprender. Las apariencias demasiado juveniles tienen problemas para conseguir respeto. Aurelio Nuño, Ricardo Anaya, Manuel Velasco son jóvenes talentosos, pero ¡ah cómo les ha costado imponer su inteligencia!

El acomodo de las piezas tendrá que ver con el atractivo de la propuesta humana. ¿Feas contra bonitas?, no es tan simple, pero todo hace pensar que contará mucho la apariencia.

Así lo supo Manlio Fabio Beltrones, que de pronto, se quitó el bigote, se puso a dieta e intentó evitar el sonsonete que lo identificaba con el pasado de su Partido, y así lo deberá entender Margarita Zavala quien se muestra poco elocuente y con un gesto de aburrimiento que no le permite establecer contacto efectivo.

Los partidos tienen un arduo trabajo que realizar porque durante muchos años se han descuidado de los descuidados; una vuelta por cualquiera de las Cámaras del Congreso nos dará la respuesta al desencanto ciudadano, ¿de verdad votarías por ella, por él?

La voz, las palabras, la presencia, afirma la experta británica en lenguaje corporal, Judy James, ofrecen o no, credibilidad y confianza.

Qué difícil parecer la persona idónea, pero leer, estudiar, ensayar, dejarse asesorar, visitar un dentista, un dermatólogo, una modista, a la nutrióloga, ejercitarse, mejorar en fin, deberá ser en los próximos meses, un factor esencial en el acomodo de las piezas.

 

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