Por: Julio César Silva Cetina | @JulioCsarSilva | @PalcoQR | jsilva@palcoquintanarroense.com

El Senado de la República  dio en días pasados la “puntilla” al Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) al aprobar su disolución y liquidación.

Condenado en la actual administración federal por corrupción, excesivo gasto de operación y dispendio del presupuesto, lo que hasta hoy no ha sido debidamente aclarado, se optó por desaparecer al organismo responsable, en parte, de que el turismo se convirtiera en una actividad estratégica para la economía mexicana, como lo vislumbraron quienes a mediados del siglo pasado propusieron explotar el enorme potencial de México para esa actividad.

Si el turismo aporta el 8.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), genera más de 10 millones de empleos y es la segunda fuente de divisas más importante del país, eso no importó al presidente Andrés Manuel López Obrador. Su cruzada contra la corrupción podría justificar la decisión, pero  no el dejar a la deriva a una industria que tuvo en este siglo el despegue anhelado.

En 2012 México ocupó el lugar 15 entre los países más visitados del planeta, de acuerdo con el “top ten” de la Organización Mundial de Turismo (OMT), pero en el 2016 llegó al octavo peldaño, gracias a sus 35 millones de turistas extranjeros, y en 2018 se ubicó en el sexto puesto -el 15 por captación de divisas-, luego de que en 2017 recibió a 39.3 millones de visitantes. Eso fue posible, en parte, repetimos, por la promoción turística, pero también por la desaceleración del turismo en Gran Bretaña, Alemania y Turquía.

Ya en septiembre de 2017 Forbes México destacó que un año antes el sector aportó 166 mil millones de dólares al PIB, tanto del turismo de placer como de negocios, lo que colocó a la industria como la actividad de mayor aportación, de entre nueve analizadas. La minería, por ejemplo, aportó 46 mil millones de dólares y la agricultura, 59 mil millones de dólares.

En ese momento, la industria mostraba gran capacidad de desarrollo en los años siguientes, de hasta 2.9 por ciento anual, colocándose incluso por encima de los pronósticos de crecimiento económico para el país.

Justo es decir que desde el año pasado, incluso en el sector oficial, se alertó sobre la desaceleración de la industria, debido a factores como las alertas de viaje de Estados Unidos, replicadas por otras naciones, y la recuperación de los países que habían cedido ante el empuje de México.

Incluso, el Consejo Nacional Turístico alertó sobre la necesidad de atender “dolencias” del turismo, como su débil posicionamiento en la agenda nacional, frágil infraestructura, limitaciones en la conectividad terrestre y aérea, amén de la falta de transparencia y desvío de fondos de la promoción turística.

En vez de limpiar, sanear y castigar, la nueva administración federal optó por liquidar, desaparecer el organismo que, bien manejado, pudo ser de gran ayuda en su búsqueda de turistas con mayor poder adquisitivo, más que de mayores flujos de visitantes.

Sin duda, el titular de Turismo, Miguel Torruco Marqués, gran conocedor de la industria, sabe de la importancia de crear un organismo que retome las funciones del CPTM y conoce las limitaciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores para asumir las funciones de promoción turística, básicamente por la falta de gente conocedora y experimentada.

Sin embargo, el funcionario poco podrá hacer, sobre todo en el caso de Quintana Roo, que concentra 104 mil habitaciones en 1 mil 080 hoteles y ya resiente los efectos de esa decisión, por la caída del mercado estadounidense, compensada por los mercados nacional y colombiano, que difícilmente evitarán el desplome en la captación  de divisas.

La situación se ha visto agravada por la plaga de sargazo que invade las playas de Quintana Roo y la inseguridad, que oscurecen el futuro de la industria turística en Cancún, Riviera Maya y la Costa Maya.

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