Por: Juan Torres Velázquez| Escritor Mexicano con formación en la UNAM | @yotencatl

Música. Dead Can Dance – Dionysus.

Desde el pasado día de muertos los británicos regresaron después de seis años con su noveno álbum de estudio, un trabajo que anuncia su retorno a los escenarios con un tour que comienza el próximo año y varias localidades ya agotadas en Francia, Bélgica, Alemania, Portugal y República Checa; la obra está integrada por dos actos y siete movimientos sobre diversos aspectos en el culto al dios griego del vino y el éxtasis, un crisol de sonidos y variantes rítmicas a los cuales nos tienen ya acostumbrados y que al mismo tiempo no dejan de sorprender, ya sea por los altos vuelos técnicos y emotivos en la voz de Lisa Gerrard o la instrumentación variada y profunda de Brendan Perry, quien se dice inspiró el trabajo después de participar en festivales que mantienen las tradiciones paganas de culto al dios antiguo, y lo mismo hace uso de instrumentos nativos de Nueva Zelanda y de la tradición folclórica del viejo continente que sonidos de la naturaleza de distintas partes del mundo. Como dato adicional el disco fue masterizado en los estudios Abbey Road y la portada del disco muestra una pieza del arte huichol o wixárika del occidente mexicano.

Pintura – Kandinsky – Pequeños Mundos.

Wassily Kandinsky fue un pintor ruso de inicios del siglo xx cuya obra de la segunda etapa de su vida creativa es considerada una de las primeras muestras y gran influencia del abstraccionismo, la corriente artística experimental por excelencia que se aleja de la representación de los objetos del mundo y el uso de sombras o luces que se impuso como modelo del arte desde siglos atrás en el renacimiento, para dar paso a la transmisión de emociones a través de las líneas y el color, una búsqueda además a contracorriente histórica de la idea de progreso científico y tecnológico, previo a la eterna paradoja de guerras y destrucción durante las primeras décadas del novecientos.

Esta etapa en la obra del artista a su vez puede dividirse en tres grandes experimentaciones: de una geométrica y lineal, un tanto teórica y matemática a una orgánica de formas y colores vivos libres y espontáneos para concluir en una etapa ya de plano abstracta donde predominan composiciones formales y cromáticas libres, influidas por las corrientes teosóficas que buscan aquello de verdadero que subyace a la realidad material, con un resultado interiorista de una carga sinestésica, donde los colores buscan evocar sensaciones sonoras o la transmisión de emociones directas al espíritu del espectador.

La muestra “Pequeños Mundos”, que se exhibe en el Museo de Bellas Artes hasta finales del mes de enero es la primera exposición con una obra representativa del artista ruso que visita nuestro país, con sesenta obras procedentes de distintas colecciones de Moscú, París y Nueva York, una buena  oportunidad para acercarse a las distintas etapas creativas el pintor: entre ellas sobresale “Puerto de Odessa”, un óleo sobre lienzo totalmente figurativo y bien logrado de una barca pero ya con un manejo de colores bastante interesantes, que confirma la máxima de que un artista vanguardista, impresionista, abstracto o experimental ante todo debe tener un extraordinario manejo de las técnicas y formas tradicionales, que le permitan trascender a su obra con una propuesta válida para el espectador.

También se exhibe “En el óvalo claro”, pieza geométrica y psicológica de colores pertenecientes a la etapa por su paso en la escuela vanguardista de la Bauhaus. Lamentablemente se echa de menos que no esté exhibida alguna de las Composiciones, la serie más representativa y célebre del artista, emblemas de los inicios del arte abstracto.

 

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