Cuatro de cada 10 votantes dicen que reelegirían a Donald Trump. Otro 48 por ciento dice que apoyaría al candidato demócrata. Ahora déjeme redefinir el 4 de cada 10… me refiero a que 44 de cada 100 sigue aún fiel a Trump.

Conclusión: Prepárese para el 2020.  Estados Unidos sigue como en toda su historia, partido por la mitad.  Solo un pequeñísimo porcentaje de la población será la que emita el voto crucial. Si 44 están con Trump y 48 en su contra, lo que nos falta es solamente el 8 restante. Ellos son los que decidirán el año que entra si Trump se queda o se va.

Por eso, Bernie Sanders como el año pasado, llegará solamente a estorbar.  Alguien debía decirle que nunca va a llegar o quizás, la etiqueta de socialista ya no es tan importante, como era antes, en este país.

No, no se ría. Hay una nueva congresista representando a la zona más pobre de la ciudad de Nueva York, el Bronx, que se ha ganado la etiqueta socialista a pulso y la gente la adora. Esta mujer se llama Alexandria Ocasio Cortez y por su forma de ser va a llegar lejos, con todo y etiqueta socialista.

Ahora, a nivel de presidencia y a nivel de todo Estados Unidos y estando a poco más de un año y medio de las elecciones presidenciales de 2020, Trump tiene aún una fuerte corriente de seguidores dentro del partido republicano, en los niveles generales de aprobación, las encuestas lo encuentran a la mitad del espectro, pero entre los republicanos sus niveles de aceptación y de aprobación llegan hasta el 88, con estos números sería muy difícil anticipar a estas alturas que una mayoría prefiera un cambio.

Para todo esto, recogí varios resultados de una nueva encuesta muy importante publicada por el servicio de noticias de la red de televisión NBC News y del diario The Wall Street Journal. Esta encuesta fue hecha el primer domingo de marzo de este 2019, las cifras son las que ya le di.

Le repito, el origen de la fuente porque a lo que los votantes a quien se preguntó respondieron a la pregunta muy directa de que tan seguros se sienten hacia Trump manejando al país. Lo extraordinario es que solo un poco menos del 12 % respondió diciendo que preferiría a alguien más. Ahora le recuerdo también que, en la población general, el 48 % está diciendo que preferiría votar por el candidato demócrata. Sin embargo, hay que preguntar, cómo pueden responder tan definitivamente que preferirían a otro candidato cuando nadie sabe quién será ese candidato demócrata y estamos por lo menos a 15 o 16 meses de saberlo definitivamente.

Esa diferencia en el tiempo es otra de las grandes ventajas que hoy tiene Trump ¿Me explico?

Se da cuenta de que casi la mitad dice quiero a alguien más, pero que tal si ese alguien más resulta no del gusto de todos y ese es un riesgo enorme porque ya son tantos los demócratas que quieren ser presidente, que esto parece haber perdido todo el decoro.

(Esto es difícil de entender.)

Si el 44% dice que esta con Trump, eso quiere decir que hoy a 20 meses de la elección ese enorme porcentaje sigue fiel al presidente, a su presidente.  Otra ventaja que tienen en Estados Unidos los presidentes candidatos es que la gente tiende a verlos desde ahora como claros candidatos y por eso dicen con tanta seguridad que lo “reelegirían”.

Y eso le recuerdo no es entre los republicanos, sino que es entre la población general.

Cuando usted se va a la base republicana de este país, se encuentra con otras sorpresas, ahí el 88% de los votantes respalda a Trump.  Ese 88% de los votantes republicanos aprueban su presidencia y la mayoría de ellos da como razón principal que tiene total confianza en la economía de Estados Unidos.

Un buen ejercicio a estas fechas es comparar a Donald Trump con los presidentes recientes, y ver con qué números llegaron a su tercer año de gobierno, que es en donde estamos con Trump.

Cuando usted compara esos números se da cuenta que Trump está atrás de las estadísticas de respaldo que tenían los presidentes que en el cuarto año se reeligieron.  Ahí, Trump se está quedando un poco atrás.

Barack Obama al entrar al 2011 tenía a un muy sólido 45 por ciento de los votantes que decían entonces que estaban dispuestos a reelegirlo. George W. Bush estaba mucho más arriba en el 2003 el seguía manteniéndose con un fuerte viento en la espalda que lo empujaba y con un enorme 52 por ciento a favor de su reelección.  Fue el tres de mayo de ese mismo año que Bush aterrizó en un portaviones con uniforme militar y tuvo el muy fallido discurso aquel en el que colgado de la torre del Portaviones había un enorme rotulo que en cuanto a la guerra en Irak leía “Misión cumplida”. La gente lo reelegiría el año siguiente y después lo lamentaría.  Hoy 16 años después muchos aún siguen lamentándolo.

Por eso, si usted toma estas estadísticas que le acabo de dar es obvio pensar que Trump no llegara tan fuerte al año próximo, excepto, por la gran lección aprendida con Bill Clinton que estaba a estas alturas en 1995 solamente con el respaldo del 38 por ciento de los votantes.  Y vea usted con que fuerza Clinton fue reelegido en 1996.

Trump también está luchando con problemas importantes, según la encuesta, que habló a 900 adultos entre el 24 y el 27 de febrero. Un 58 por ciento duda de su honestidad, y muy pocos 28% creen que sea inocente de coludirse con Rusia para ganar su elección a la presidencia, mientras también hay que otro 60 por ciento desaprueba su decisión de declarar una emergencia nacional con el fin de justificar la construcción de su muro fronterizo.

Ahora en esta encuesta los votantes demócratas, fueron encuestados también, ellos dicen estar más dispuestos a apoyar a los candidatos que proponen cambios amplios en su política interna en su política migratoria y en su política mundial. El 55 por ciento de los votantes que aseguran estarán votando en las elecciones primarias hay una preferencia marcada por nuevos personajes en la política estadounidense, estos votantes dicen preferir a nuevos nominados con ideas audaces y nuevas también.

Note usted que a diferencia de otras elecciones y de otros años, el 42 por ciento en el 2019 valora el pragmatismo de políticas nuevas y responsables que tendrían no solamente más facilidad para ser aprobadas, sino para ser aceptadas por la mayoría de la gente, sin causarle daño a la imagen de Estados Unidos.

El Presidente Trump impuso un alto nivel de molestia y hasta desprecio hacia Estados Unidos por las políticas públicas que le han creado tantos problemas internos.   Pero ya decíamos al principio que este país sigue dividido como lo ha estado por décadas, por la mitad.  Así en el reverso de esta moneda están los grupos de “conservadores” que no solo aceptaron, sino que quedaron fascinados con un discurso de dos horas y dos minutos que pronunció Trump en la convención anual de lo que aquí llamamos la “Conferencia del Comité de Acción Política Conservadora” (CPAC) y si eso es un indicador de mucha más gente a través del país, el presidente tiene aún muchas millas que recorrer antes de encontrarse con alguien que le haga una sombra política y electoral real.  Trump tiene algo que pocos políticos pueden usar, un impacto y un éxito enorme cada vez que acude directamente a los votantes. Tome usted en cuenta que los demócratas en lugar de diseñar una estrategia para enfrentarse a un presidente que no respeta las reglas de nada están jugando el juego al que el mismo Trump los lleva.

En este momento hay 5 comisiones legislativas de la Cámara de Representantes que pretenden investigar los negocios privados de Trump, la relación de sus empresas con el gobierno ruso y con entidades privadas en el mundo asociadas con el gobierno ruso. Para eso enviaron citatorios a 81 funcionarios del gobierno actual y a ejecutivos de las compañías y la campaña presidencial de Trump.

La Casa Blanca reaccionó primero negándose a obedecer estas órdenes de las comisiones y después burlándose de que no pueden pasar sobre la autoridad ejecutiva del presidente.  El resultado será una guerra de baja intensidad por los próximos dos años.  Usted sabe en que resultan estas guerritas contra Trump. Exacto lo hacen más fuerte ante sus seguidores.  Trump no respeta a nadie, en su reunión con los conservadores del país, arremetió contra las investigaciones y las “mentiras” que han perseguido a su presidencia desde el día que tomó posesión.

Trump cada vez que puede usar la enorme lista de sus enemigos políticos, lo hace para deleite de sus seguidores, desde el ex director del FBI, James Comey, hasta el derrocado fiscal general Jeff Sessions. Trump sigue siendo un fenómeno.

En los próximos meses espere usted ver otra vez al candidato que insulta y que se burla de sus adversarios poniéndoles apodos despectivos. Solo vea el caso de la Senadora por el Estado de Massachusetts que quiere también ser presidente.  Se llama Elizabeth Warren, una liberal con enorme arrastre nacional que de joven cometió el enorme error de hacer trampa usando las leyes de acceso a la educación universitaria para las minorías raciales del país, y así, en sus años universitarios dijo tener sangre nativa americana. Lo hizo para ganar puntos que la pusieron en la lista de estudiantes que seguramente tendrían acceso a las escuelas de derecho más exclusivas del país.  En el caso de la Senadora Warren, fue la escuela de Derecho de Harvard.  Cuando Trump descubrió que la senadora, que en el puro sentido de idealismo político es exactamente lo opuesto a él, aprovechó para ponerle como apodo “Pocahontas”.  Que en las leyendas de la colonización europea fue el equivalente de “Malinche”, una india americana que terminó casada con uno de los colonizadores europeos.

La Senadora Elizabeth Warren, desde entonces nunca ha podido ser considerada una aspirante seria a la presidencia.  Hoy es uno de los 20 demócratas que declararon su candidatura, el problema es que Elizabeth Warren después de enfrentarse a Trump nunca llegará a la Casa Blanca.

Refiriéndose a la Senadora Warren, Trump dijo recientemente, “debería haber salvado el asunto de Pocahontas por un año más porque eso destruyó su carrera política y ahora ella nunca tendrá la suerte de enfrentarse en la campaña contra mí”.  Y eso, agregó, es una lástima porque, “no quiero eliminar a todos los candidatos mediocres y terminar con algún demócrata que realmente tenga talento e inmediatamente se corrigió. No, agregó, ese político no ha nacido aún”.

Este comentario hubiera terminado con la carrera de cualquier político tradicional de Estados Unidos, pero Trump no es tradicional y en lugar de causarle problema este tipo de ofensas hace que, quienes lo siguen, no solo le aplauda, sino que incluso siga su ejemplo.

 

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