Por: Juan Torres Velázquez | @yotencatl

El arte transforma y acompaña al hombre en sus transformaciones, otorga y señala los rasgos más característicos de una civilización, de ahí su gran importancia para la historia de las culturas.

Cada generación o individuo busca ubicarse en momentos históricos únicos, fundamentales y decisivos para el futuro; anhelos de trascendencia aparte cada instante lo es y el actual podría caracterizarse desde lo político y económico por un agotamiento de los modelos imperantes, pero más aún en la imposibilidad de opciones reales y serias a las cuales dar cabida en su lugar.

 

¿Así, hoy, es justo preguntar el sitio que ocupan las expresiones artísticas en el mundo del capital y la competencia, economía y clima global, cuando la visión pragmática y de negocio parecen apoderarse hasta de lo más sensible y emotivo que tiene el ser humano?

 

Artes plásticas, música, letras y artes escénicas son la expresión del individuo en permanente búsqueda, ocupado en las cuestiones del ser y en su propio proceder pero también de su entorno y relaciones con el exterior ya sea naturaleza o sociedad; tramas psicológicas, humanas y hasta cósmicas que irán cambiando conforme transcurre la historia, cíclica y terriblemente puntual, ¿el arte tiene una utilidad para la sociedad, acaso debería tenerla?

 

A continuación cinco propuestas apenas esbozadas, vistas de manera panorámica y general, del arte hoy ¿para qué?, con la única pretensión de provocar diálogo con el amable lector.

 

Nada. Porque en un mundo utilitario y convertido en gran mercado de inmediatez y comida rápida, servicios en línea y drogas ejecutivas el arte debe ser liberado ahí donde se encuentre y no ser ligado a lo económico o productivo: el arte sirve para nada y visto así ese ocio creativo es una gran transgresión, en un mundo práctico encerrarse durante más de treinta y tantas horas para leer una novela que poco tenga que ver con nuestro día a día resulta rebeldía.

 

No es una casualidad que algunas de las expresiones artísticas más sorprendentes sean de vagabundos, tránsfugas, irreverentes, inadaptados, enfermos, obsesos, marginados, locos, los menos útiles y sensatos de todos. Que el arte sólo fuera, así sin objetivos o pretensiones, que sea y sólo siendo se imponga sobre lo monetario, accesorio u ornamental.

 

Sentir. Los socráticos decían que la búsqueda de la belleza era el objetivo último del arte, y hasta bien entrado el siglo XVIII esa belleza alcanzó a lo convulso y melancólico, oscuro y negro de la conciencia humana, lo triste y lleno de podredumbre que puede ser vista la existencia, y aún en ese éxtasis contemplativo de la aversión y lo extraño uno encuentra lo bello, eso que exalta al interior y da cabida a un éxtasis contemplativo por parte del espectador, a un lirismo y emoción al máximo, los momentos más sentidos.

 

Porque necesitamos emocionarnos y la vida propia no basta para cubrir toda la gama o circunstancias posibles, porque no podemos experimentar por nosotros mismos todas las emociones humanas, pero no dejamos de anhelarlo, siempre está el arte.

 

Acercar. El arte es la mejor manera de salir de uno mismo, negar el ego, dejar de pensar en el yo eterno y entender acaso de la mejor manera posible, dejar de ser uno mismo para fundirse en la obra, y generar perspectiva refutando en la práctica la imposibilidad de lo objetivo: en lo escuchado o lo visto no importa ya el ojo o el oído que perciben sino el mundo que aparece al otro lado y tiene la capacidad de seducirnos, ser parte de nosotros y de paso negar al materialismo pues el arte es inaprehensible.

 

Acercar percepciones y conciencias, espacios y tiempos; como un pivote, luz blanca convertida en colores al atravesar el prisma, un diversificador, potencializador, multiplicador de posibilidades hasta llegar al momento único de satori terrenal donde la obra y el espectador están hablando un mismo lenguaje y habitando un mismo recinto existencial.

 

Pensar. Porque toda expresión humana nos hará imaginar, preguntar, responder, cuestionar, el arte mueve las capacidades de pensamiento, establece nuevas relaciones, compara y mide, analiza con sus propios elementos, el arte nos hace pensar y cada quien a su manera, cada quien con sus intereses y léxicos, cada uno a sus niveles reales o inventados y, eso sí, desde una perspectiva particular.

 

El arte provoca el pensamiento, crea nuevas frases y relaciones, ideas e imágenes incluso independientes del mismo objeto del arte o del espectador mismo: es un elemento impredecible, altamente volátil y flamable en el laboratorio de la conciencia humana.

 

Transformar. El arte tiene el potencial de cambiar culturas, naciones, sistemas políticos y sociedades enteras. No por nada las principales transformaciones históricas se corresponden con épocas del arte bien definidas, cada instante histórico genera una expresión artística particular, modos y formas únicas e irrepetibles gracias a sus autores y gracias también al entorno en el cual se desarrollan. El arte transforma y acompaña al hombre en sus transformaciones, otorga y señala los rasgos más característicos de una civilización, de ahí su gran importancia para la historia de las culturas.

 

Visto así, la pretendida autonomía estética kantiana en contra del hedonismo aristocrático no es mucho más que una ocurrencia, imposible desligar a una obra no ya de su autor sino de su circunstancia misma. El arte mucha veces incomoda, es políticamente incorrecto, jamás será propaganda y no podría ser el arma de ninguna revolución o dictadura ya que es rebelde, grosero, heterodoxo, ni rompe ni crea paradigmas sino que los niega, y paradójicamente al hacerlo crea otros nuevos, hasta llegar al actual derrumbe de las barreras que permite casi cualquier ocurrencia asumida como arte, o tal vez anteceda una definición mayor.

 

Las élites y los ganadores de las partidas históricas, después a la distancia, muertos los artistas o controladas sus capacidades de emitir en libertad tragarán los sapos de sus miserias y absorberán las obras de arte con la ayuda de algunos inocentes secuaces o intencionales, y así veremos bolsas caras de diseñador con las obras de pintores comunistas, la locura convertida en mal chiste, ferias trendy´s de arte y libros, el arte más sentido en historias caricaturizadas.

 

Que el arte regrese a la nada y salvarse así, no puede ser explicado y se niega a una sola interpretación válida, tal vez la emoción sea más sublime que el propio pensamiento, o tan sólo menos asequible y ello lo rodea de un halo seductor.

 

ESPORA. Si el arte neurótico o extrapoladamente fantástico acompaña tiempos de redefinición política, y la bonanza social a evolución de formas y cánones que ya después tendrán que ser destruidos, las envolturas de chicles intervenidas por creadores de boutique, los objetos rutinarios convertidos en arte (Duchamp revolcándose de frustración) y esas instalaciones, ¿es el arte que merecemos o sólo algunos tuertos reyes de una ceguera supina actual?

 

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