Por: Mauricio Farías Hodges

 

Solicito administradora,

tengo el archivo de mi vida hecho un desastre,

la bodega de los detalles es un desorden,

en mi corazón se albergan un sinfín de conflictos

que parecen no tener remedio.

 

Los requisitos son los siguientes:

deberá tener unos ojos de mirada profunda,

dulce, con calidez casi maternal;

de labios carnosos, piel suave,

manos tersas, cabello bien cuidado,

cintura marcada y una sonrisa encantadora;

su aroma es importante, su química y la mía

deberán reconocerse de inmediato.

 

Necesito que el inventario de besos

se someta al sistema “just in time”,

para que estén disponibles en el momento

que se necesiten, que no falten,

que no me digan “vuelva más tarde”,

“no han llegado” o “vienen en camino”.

 

En los cajones deberán archivarse los abrazos;

los cortos, esos que son fríos,

que se dan por  compromiso, sin sentimiento,

esos los puedes dejar en el cajón más lejano,

a un lado de las cosas olvidadas.

 

Los abrazos fraternales hay que tenerlos a la mano,

deberán ponerse en las gavetas

que se encuentran a la pasada,

por si llega algún pariente o un gran amigo,

poderle ofrecer uno al entrar y otro al despedirse.

Los mejores, esos que se sienten mucho,

en los que la piel parece comunicarse,

en donde ambas humanidades se fusionan

y se vuelven inseparable; esos los deberá

cargar en el maletín que trae a la mano,

también en su cartera, en la bolsa de la camisa,

en el llavero, otro escondido bajo la pulsera

o el anillo que nunca se quita,

deberán estar siempre disponibles

para cuando el ánimo comience a decaer,

y así, mi energía se mantenga saludable.

 

Deberá recordarme todos los días

lo importante que es ser feliz,

tener una mente revolucionaria

pero que no sea conflictiva,

ser lo suficientemente vulnerable

para dejarse sorprender por un atardecer,

por el canto de las aves,  por el aroma del mar,

o el hecho de poder despertar cada día.

 

Dentro de sus habilidades,

debe ser ordenada, para que el cariño

no se desborde en un sólo instante,

con la paciencia necesaria para no

desesperarse ante los cambios

repentinos de mi carácter,

debe entender cómo fluye mi energía,

perdonar de antemano mi pasado

y hacerse el firme propósito de vivir,

de manera intensa, el presente.

 

Por favor presentarse con solicitud llena,

registrarse con un abrazo,

portar su mejor sonrisa, la más natural,

y frente a una copa de vino,

estar dispuesta a sonreír en abundancia,

prepararse para una velada extraordinaria

durante la entrevista.

 

Mauricio Farías Hodges

Tijuana, B.C. México

Derechos reservados

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