Por: Luis Alfonso González Pozo | Director Regional de Evercorp Aguascalientes y Mazatlán

Tu valor se mide por el sabor de boca que dejas a los demás con tu presencia y con tus comentarios. Se mide según a quien amas y según a quien dañas. Se mide según la tristeza o la felicidad que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.

Hablar de “calidad” hoy en día es un concepto que a todos nos resulta familiar; con el paso del tiempo el término “calidad” ha tenido alguna relación entre sí, pero no siempre ha guardado el mismo significado. Su enfoque hacia la “calidad de vida”, “calidad en lo laboral”, “calidad en los productos”, “calidad en los servicios”, “calidad en nuestras organizaciones”, “calidad gubernamental”, “certificaciones de calidad”, etc., son términos que cada quién conceptualizamos e interpretamos de manera diferente. Poco a poco iremos adentrándonos a estos conceptos, en esta ocasión comenzaremos hablando de la calidad de vida:

 

La calidad de vida es un concepto particular para cada ser humano, el estar satisfechos tanto interna como externamente depende de nuestra inteligencia emocional. La calidad de vida consiste en ser conscientes de que las emociones están ahí no para evitarlas, sino para utilizarlas en favor de los objetivos personales y profesionales con la mayor “calidad “posible. La calidad de vida incluye la calidad humana, la calidad social y la calidad total.

 

Hablar de calidad humana es hablar de una persona con buenos principios morales, una persona con humildad hacia los demás, una persona con buenos sentimientos, una persona íntegra y confiable. Todos podemos tener esas cualidades; naturalmente no es fácil, pero sí es posible: hay que aprender, practicar y por supuesto querer hacerlo.

 

Calidad humana es tener principios sólidos, que se noten y demuestren en el día a día, es tener valores como la generosidad, la lealtad, la alegría, el optimismo y sobre todo saber dar a los demás sin esperar recompensa o paga alguna; calidad humana es saber tolerar a los otros en sus creencias, en sus luchas, en sus trabajos, no estar pendiente de los errores que se cometen y no juzgar por los mismos. Cuantos de nosotros hemos juzgado a  los demás sin conocer siquiera su realidad, como bien se menciona: “Si nos pusiéramos en los zapatos de los demás a la mejor nos quedaríamos callados”. Eso es calidad humana.

 

Para lograr una mayor calidad humana es necesario reconocer y manejar nuestras emociones y creencias, aumentar nuestra efectividad personal y profesional, así como la motivación en nuestro trabajo, es necesario comunicarnos de manera más eficaz optimizando nuestras relaciones y ayudando a que los demás consigan sus propios objetivos.

 

El éxito auténtico en la calidad humana es el éxito sobre nosotros mismos, el que procede de la coherencia y la integridad moral, en una vida honesta; de ahí que en una sociedad como la nuestra en la que todos los intercambios tanto comerciales como personales se basan en la confianza, siempre se preferirá tratar con aquella persona de la cual nos podemos fiar en todos los sentidos.

 

En la actualidad se habla mucho de cosas que debemos hacer, nos preocupamos cada vez más pensando cómo tener calidad en nuestros productos, cómo tener y garantizar la calidad de los servicios que ofrecemos, de estar siempre a la vanguardia y ser los primeros en adquirir y usar las nuevas tecnologías, de tener en nuestras empresas los adelantos más modernos y sofisticados; todo esto definitivamente es provechoso, todo nos lleva al éxito, pero no hay que olvidarnos de nuestra calidad de vida, de la calidad humana.

 

En nuestra vida hemos conocido personas que, al verlas, transmiten y reflejan su calidad humana, no sabemos ni en qué, puede ser en su mirada, en su trato, en cómo te saludan, en cómo te sonríen, en cómo se expresan, en cómo te alientan. También conocemos personas muy exitosas, personas con mucho poder, con mucho dinero, personas que creen tener todo lo que desean; sin embargo, eso no es lo que les da calidad humana, sino sus valores, su estilo de vida, su manera de tratar a los demás, su sencillez.

 

Generalmente no valoramos lo que tenemos, se nos olvida decirle a nuestra esposa, a nuestros hijos, a nuestros padres lo mucho que los queremos, olvidamos expresarle a nuestros familiares, a nuestros compañeros, a nuestros amigos cuánto los necesitamos y todo lo que significan para nosotros, creemos que ellos siempre estarán ahí, creemos que siempre tendremos salud, pero el tiempo pasa y cuando menos lo pensamos se nos hizo tarde para disfrutar y vivir los momentos más importantes de nuestras vidas. Nuestra calidad de vida pasó desapercibida.

 

¿Cómo medimos nuestro valor?, a continuación les presento un escrito de un autor desconocido que complementa lo que he tratado de decir:

 

El valor no se mide por con quienes andas, ni por el número de personas con quienes sales. No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca del coche que manejas, ni por el lugar donde estudias y trabajas. No se mide ni por lo guapo, ni por lo feo que eres; por la marca de ropa que llevas, ni por los zapatos, ni por el tipo de música que te gusta. Tu valor es simplemente otra cosa. Tu valor se mide por el sabor de boca que dejas a los demás con tu presencia y con tus comentarios. Se mide según a quien amas y según a quien dañas. Se mide según la tristeza o la felicidad que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.

 

Se trata de lo que se dice y lo que se hace… y si esto es dañino o benéfico. Se trata de a quien no le haces caso o ignoras intencionalmente. Se trata de no hacer demasiado alarde de lo bueno que hagamos cuando uno sabe su valor, pues a veces no es necesario decir nada. Ni firmar todo lo que hacemos para que todos vean: “Mira yo lo hice; mira, yo lo escribí”. Basta con que Dios lo sepa.

 

 

Tu valor se mide por la capacidad que tengas de ser compasivo y comprensivo con los demás. Por la capacidad que tengas de ver más allá de las apariencias, de valorar a las personas no por su aspecto o estatus. De ser sencillo a pesar de tener todos los medios para poder ser altivo. De dar un buen trato a todas las personas, aun a los más humildes, que son quienes más necesitan una muestra de interés, cariño o humanidad de quienes estamos en otro nivel.

 

La vida será contigo tan justa como lo eres con los demás. Esto es lo que le da un verdadero valor a tu persona, esto se llama tener una verdadera calidad humana.

 

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