Juan Pablo Castañón Castañón | Presidente del Consejo Coordinador Empresarial

 

México es la onceava economía más grande del mundo y una potencia exportadora a nivel global. En 2018, además, alcanzamos el punto máximo de población en edad de trabajar. Somos un país que tiene todo para construir un mejor futuro, sobre la base de una sociedad más próspera, equitativa y justa.

Para lograrlo, debemos tomar las medidas adecuadas para superar nuestros desafíos, resolver nuestros problemas y perseguir nuestros sueños. No hay otro camino que acelerar el crecimiento económico, atraer inversiones, crear empresas y generar más y mejores empleos con prestaciones. La única vía para salir adelante es detonar la actividad productiva y generar las oportunidades de desarrollo, esas que necesitamos los mexicanos.

Por eso, los empresarios hemos propuesto, a través de la agenda México Mejor Futuro, un conjunto de medidas que conduzcan al crecimiento: estabilidad de las finanzas públicas, libertad de mercado y emprendimiento, apertura de la economía y competitividad y, por supuesto, un estado de derecho que dé certidumbre y confianza a las inversiones. Hoy, desde el Consejo Coordinador Empresarial, queremos establecer 5 puntos imprescindibles para impulsar el crecimiento.

En primer lugar, es necesario mantener la estabilidad económica a través de una inflación controlada, una reducción en la deuda gubernamental y un menor y más eficiente gasto público. La inflación es el peor de los impuestos para las familias, pues tiene el mayor de los efectos sobre aquellos más vulnerables. La estabilidad en precios debe ser una prioridad, respetando la autonomía del Banco de México y sin establecer precios fijos.

México tampoco puede continuar elevando su nivel de deuda, hoy ubicada en 48% del PIB. Al contrario, tenemos que establecer un límite legal de máximo 40% del PIB como techo de endeudamiento y crear una autoridad u organismo independiente que garantice la responsabilidad fiscal.

Y así como es indispensable que las finanzas públicas sean estables, también es impostergable elevar la eficiencia del gasto gubernamental. Necesitamos hacer una reingeniería profunda del gasto, para generar ahorros y, sobre todo, incluir indicadores de costo-eficiencia, costo-efectividad y rentabilidad social de los programas públicos. El gasto público debe ser menor y mejor; más efectivo y eficiente.

En segundo lugar, México necesita desarrollar una mayor infraestructura. Tenemos que invertir inteligentemente para brindar una mayor conectividad a lo largo y ancho del país, así como en nuestras fronteras y litorales para intercambiar con el resto del mundo. Podemos lograrlo si aprovechamos las Asociaciones Público-Privadas y sumamos la capacidad del estado a la de las empresas. En particular, debemos promover proyectos en las regiones con más potencial de crecimiento, como el sureste mexicano donde tenemos que cerrar enormes brechas de desigualdad.

 

De hecho, en tercer lugar, proponemos hacer del desarrollo regional un nuevo motor de la economía. Si hasta ahora el sector exportador ha sido el principal impulsor del crecimiento económico, hoy es necesario encender el potencial del mercado interno como una fuerza paralela de desarrollo, especialmente apoyando a las micro, pequeñas y medianas empresas: facilitando su acceso a financiamiento y al capital y a tecnologías y nuevos mercados.

 

Por eso, en cuarto lugar, México debe apostar por una regulación más simple y eficiente como una llave de generación de más y mejores empleos; facilitar la actividad económica. La entrada en vigor de la Nueva Ley de Mejora Regulatoria fue un gran avance; sin embargo, nuestro reto sigue siendo muy importante a nivel estatal y municipal. Es necesario que se fomente la economía desde los órdenes locales de gobierno, homologando y eficientando la regulación en las entidades federativas y en, al menos, los 300 municipios más importantes del país para los próximos años.

Los gobiernos deben aprovechar más la tecnología para simplificar la vida de los ciudadanos y los contribuyentes, y de las empresas también. Para ello, debemos transitar hacia trámites digitales que no involucren la participación ni discrecionalidad de funcionarios públicos en las ventanillas. Esto reducirá tiempos de espera y aumentará la eficiencia de los procedimientos, al mismo tiempo que fortalecerá la transparencia y rendición de cuentas.

En quinto lugar, tenemos que fortalecer el mayor activo que tenemos para el crecimiento, nosotros mismos, los mexicanos. Es necesario elevar la calidad de la educación en todos los niveles, así como acercar más a las escuelas, las empresas y los centros de investigación. Una mejor formación y capacitación se traduce en productividad para las empresas, mejores ingresos para los trabajadores y mayor riqueza para el país.

Para el sector empresarial, estas acciones son pilares imprescindibles para alcanzar nuestro objetivo de tener un México más próspero y justo. No es tarea fácil ni implica un camino corto; pero trabajando juntos –empresas, sociedad y gobierno–, cada uno desde su trinchera, podremos avanzar hacia un Mejor Futuro, de bienestar compartido para todos.

 

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.