Con el Programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” el próximo Gobierno de la República encabezado por Andrés Manuel López Obrador se ha planteado incorporar a 2 millones 300 mil jóvenes al mercado laboral a través de la figura de aprendices en los sectores público y privado, a quienes otorgará una beca durante un año mientras la iniciativa privada contribuye con la capacitación y tutoría para el 70 por ciento de ellos.

Este programa, que operará la STPS a nivel nacional, es una buena iniciativa pero debe establecer desde un inicio condiciones mínimas necesarias para garantizar total eficacia en su implementación, como estímulos y facilidades para la rendición de cuentas de las empresas o la incorporación de los aprendices a esquemas de seguridad social, así como evitar distorsiones en la operación productiva y las perspectivas de desarrollo de nuestros jóvenes.

Particularmente, en el estado de Veracruz casi la tercera parte de su población es joven, un gran cúmulo de ciudadanos que deben acceder a oportunidades reales de desarrollo e incorporarse a la Población Económicamente Activa. Los empresarios no podríamos estar más de acuerdo con este programa, sin embargo consideramos que no sólo se trata de dar ocupación temporal a los jóvenes sino que ésta sea productiva, y por otra parte promover una mayor especialización o inclusive su espíritu emprendedor, y no sólo capacitar mano de obra del futuro.

Como está comprobado, para enfrentar este reto no hay soluciones fáciles ni fórmulas que puedan aplicarse de manera uniforme en todo el territorio nacional sino, por el contrario, debe existir flexibilidad para adaptar estas políticas a la realidad particular de cada región; algunos analistas han puesto el ejemplo que existen zonas del país donde algunos empleados reciben una cifra incluso menor a la que propone otorgar este programa, y se corre el riesgo de generar distorsiones en el mercado laboral local.

Asimismo, debemos atender a las vocaciones productivas y económicas de cada región para saber en qué sectores o actividades es oportuno promover una mayor capacitación de aprendices que posteriormente puedan incorporarse de manera formal al mercado laboral, y no sólo darles una ocupación temporal que postergue un año su situación.

Pero no sólo ello. Es evidente que cualquier negocio o empresa necesita para su desarrollo contar con los mejores empleados y colaboradores, que garanticen valor agregado y competitividad a sus actividades al incorporar las nuevas habilidades y conocimientos adquiridas en centros educativos y profesionales; procurarse los mejores recursos tecnológicos, materiales y también humanos es una condición intrínseca al libre mercado y la economía global que impera hoy en día.

Debemos considerar que la digitalización de procesos que impone la cuarta revolución industrial está reemplazando las tareas sencillas, mientras que labores más complejas requieren de acciones que sólo profesionales y personas plenamente capacitadas pueden realizar; es por ello que, a la par de este programa, debemos impulsar una mayor vinculación entre academia y aparato productivo mexicano, ya sea a través del modelo dual que algunas empresas ya han implementado con éxito u otros mecanismos por construir.

Si bien el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” es una buena iniciativa, debe entenderse como el punto de partida para una solución más amplia y participativa que dé respuesta a la compleja situación de falta de oportunidades para los jóvenes mexicanos, y no la panacea que resuelva de una vez por todas la situación; en este sentido, sectores como el privado, académico o de investigación contamos con experiencias exitosas que también pueden promoverse a la par de estos programas.

Por lo anterior, considero conveniente crear instancias o grupos de trabajo donde todos los sectores involucrados como el empresarial demos nuestros aportes, y que en las evaluaciones periódicas de este programa sean vinculantes nuestras propuestas y consideraciones.

Nuestra juventud cuenta con el potencial y las posibilidades para ser la artífice del desarrollo mexicano, y para hacerlo realidad el gobierno debe ser incluyente en la toma de decisiones, sobre todo en aquellas donde se requiere el respaldo y la participación de algunos sectores en particular.

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