Seguramente ha escuchado aquél viejo refrán que asegura que: “cada quién habla según cómo le va en la feria”. Viene a colación porque si usted cree que la economía, en general, está “de la patada”, que todo va muy mal, entonces déjeme decirle que puede estar en un error porque depende…sí, depende en qué Estado de la República se encuentre, amigo lector.

Me explico. Nuestro país crece a distintas velocidades. Se ha convertido en una auténtica rueda de la fortuna. Los Estados más perjudicados en su actividad económica, los más afectados, son, básicamente, los que dependen del petróleo como Tabasco, Veracruz o Campeche, entidad que se encuentra en el fondo de la tabla a nivel nacional, en el último lugar, con una caída de casi 8% el año pasado; una crisis realmente grave. El desplome de los precios del petróleo, la quiebra técnica de PEMEX y los recortes en el presupuesto, han tenido un efecto devastador en algunas regiones de esos Estados, y eso se puede palpar, más allá de las cifras, en el ánimo de la gente.

Un buen ejemplo por desgracia de lo que le estoy diciendo, es Poza Rica. Cuándo el barril estaba por encima de los 100 dólares y PEMEX contrataba deuda por alrededor de 20 mil millones de billetes verdes al año para realizar inversiones durante el sexenio calderonista, la ciudad vivió un verdadero auge: construcción de hoteles, centros comerciales y escasez de trabajadores, se convirtieron en algunos de los síntomas más palpables de la dinámica económica, la ciudad vivió un verdadero auge: construcción de hoteles, centros comerciales y escasez de trabajadores, se convirtieron en algunos de los síntomas más palpables de la dinámica económica.

Hoy en día, sin embargo (hablando en sentido figurado), parece un pueblo fantasma. “¿Cuándo crees que se vaya a  recuperar el precio del petróleo?”, me preguntaba con cierto aire de desesperación un directivo de la Cámara de Comercio local. “Probablemente a principios del próximo sexenio”, fue mi respuesta. “Entonces para cuándo eso suceda, van a tener que venir a recoger las cenizas de Poza Rica”, me dijo con evidente exageración, pero que se entiende por la difícil situación que están atravesando. En este grupo también se encuentra el Estado de Chiapas, cuya tasa de crecimiento económico literalmente se desplomó de un 2.3% en 2014 a -2.8% en 2015.

Otros están estancados, como Sonora y Michoacán, con una tasa de crecimiento insignificante, inferior al uno por ciento…ni para atrás, ni para adelante. Aquí también podríamos ubicar casos como el de Morelos que empieza a mostrar una tímida recuperación, al pasar de un modestísimo 0.7% en 2014, a 1.6% en 2015. Entre los más endeudados del país, como es el caso de Chihuahua, Quintana Roo, Nuevo León o Nayarit, están creciendo a buen ritmo, por arriba del promedio nacional (que es de 2.5%), pero quién sabe cómo lo vayan a pagar más adelante si esa deuda sigue creciendo y se convierte en una pesada carga, en algo insostenible, porque llegará el momento en que sus gobiernos se verán obligados, de cajón, a aplicar severos programas de austeridad, recortes al presupuesto local para pagar capital y/o intereses. Pero del otro lado del espectro se encuentran Estados como Aguascalientes, Querétaro o Guanajuato que entre 2014 y 2015 por momentos, en algunos trimestres, crecieron más rápido que China…sí, leyó usted bien: más rápido que China, con tasas superiores al 6%.

Parte de ese “boom” se explica por la llegada de importantes inversiones del sector automotriz y de la industria ae-ronáutica. Algunas plantas como la de la empresa Mazda en Salamanca, Guanajuato, trabajan a máxima capacidad y no se dan a basto para surtir al mercado nacional. Los consumidores en ocasiones tienen que esperar de 30 a 60 días después de haber realizado la compra para recibir algunos modelos. “Aquí tenemos centro comercial y perro por habitante”, me decía en broma un empresario de Querétaro cuando le mostré mi sorpresa al palpar en las calles, a simple vista, el ritmo al que se mueve la industria de la construcción local.

O como también me dijeron antes de dar conferencia, en una comida, miembros del Consejo Coordinador Empresarial: “estamos muy preocupados por administrar el desarrollo”. “Caray, eso es miel para mis oídos como analista… me gustaría que me dijeran eso en to-
das partes del país”, fue lo que les contesté. De hecho Aguascalientes, en el 2014, alcanzó una impresionante tasa de 11.2%, de acuerdo con datos del INEGI. Así pues, México es un mosaico lleno de contrastes.

LO INSÓLITO

No puedo dejar de mencionar que hay casos, para mí insólitos: uno, como el del Estado de Tlaxcala, pequeño, sin grandes riquezas o recursos naturales, que alcanzó una tasa de crecimiento de 5.7% el año pasado, gracias, en parte, a las autopistas que mejoraron la conectividad con Puebla, Veracruz y la Ciudad de México. Y dos, a nivel político. Resulta que entre los posibles “presidenciables” para  2018, entre los personajes más estridentes, presumidos o soberbios (como usted prefiera llamarles), entre aquellos que se esmeran por presentar una imagen de suficiencia, superioridad o cualidades excepcionales, ninguno de ellos tiene en sus entidades, buenos resultados en cuánto a crecimiento económico se refiere.

Más bien se encuentran en rangos que van de la mediocridad, al fracaso. Es el caso de Rafael Moreno Valle en Puebla, con una tasa de crecimiento apenas ligeramente superior al promedio nacional en 2015 (2.9%), el de Miguel Mancera de la Ciudad de México (2.1%), Eruviel Ávila del Estado de México (1.4%) o el de Manuel Velasco de Chiapas (-2.8%). Como decían nuestros abuelos: “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”. Pero bueno, más allá de esas diferencias, la lección es clara: para alcanzartasas sólidas de crecimiento económico (reales, no efímeras ni tampoco ficticias), generación de empleos, se necesitan entre otras cosas de un bajo volumen de deuda (finanzas públicas sanas), importantes obras de infraestructura y algo clave: ser capaz de atraer a la entidad, importantes flujos de inversión productiva, de largo plazo que genera oportunidades de negocio, contratación de trabajadores, pago de impuestos, transferencia de tecnología, redes de proveedores, entre otros beneficios.

Así es que…dígame por favor: ¿en qué parte de la rueda de la fortuna se encuentra usted, amigo lector?

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