Por: Leonel Serrato Sánchez. 

Dejando de lado las expresiones de odio habidas recientemente en nuestro país, no por ser menos graves, sino porque considero que son artificialmente provocadas por el Estado para aliviarse de la tremenda presión social de que está siendo objeto por sus hierros económicos, hoy quiero reflexionar sobre un odio que no es producto de una mente enferma o de intereses mercantiles, sino que es genuinamente un acumulado de miles y miles de sucesos cotidianos que han ido llenando la hucha.

Me refiero al odio que, con el pretexto de las elecciones presidenciales, se ha desatado en los Estados Unidos y extendido a todo el mundo.

La era de la hiperconexión, el tiempo de la Internet, trajo también un periodo en el que las opiniones sobran, informadas o no, sobre todos los temas; parece haber una carrera demencial entre todas las personas, de todas las latitudes, clases sociales, edades y credos para expresar lo que están sintiendo o pensando, pero muy pocas veces reflexionando.

El ir y venir de tantos puntos de vista, puestos en sitios que hoy se llaman inopinadamente “redes sociales”, es de proporciones épicas, y resultados la mayoría de las veces catastróficos para la salud del tejido social.

En esa inmensa Torre de Babel que es hoy la Internet, y más señaladamente las dichas redes de personas, circulan toda clase de falsedades o inexactitudes mezcladas alegremente con datos reales o verificables, y la inmensa mayoría de las personas no logra distinguir entre unas y otras, vaya ni siquiera lo intenta; a la gran masa que irrumpió en la conformación de la vida comunitaria a través de las aplicaciones como Facebook o Twitter, no le importa la verdad, sino el impacto de lo que se escriba, o se diga en sus publicaciones.

Es la verdad enjuiciada a punta de “likes” o “RT”, es la humanidad buscando aprobación hasta de sus mentiras y disparates, pero lo que es peor, ¡la obtiene!

Esa mayoría boba está dando muchos problemas a quienes no logran entender su importancia y su capacidad de impacto, sobre todo a los políticos que no tienen ni idea de cómo relacionarse con el mundo hiperconectado e ingresan a las redes sociales queriendo montarse en la ola, pero terminan siendo carne molida y suculenta para caricaturas burlistas, que hoy se llaman “memes”.

Tenemos dos clases de protagonistas de esta batalla sorda que está librándose en la Internet, una minoría apenas distinguible de personas famosas, conocidas, con poder, dinero o influencia tradicional, y una gigantesca masa anónima que adquiere fama súbita en segundos por algo que hizo o publicó, pero que regresa al anonimato tan rápidamente como lo perdió.

Los primeros son el combustible de los segundos; lo que haga una persona conocida será material suculento para la multitud que le acecha en las redes.

El individuo oculto en esa muchedumbre se da cuenta de que si publica o hace algo que se “viralice”, se vuelve célebre, y quizás, sólo quizás, rico y poderoso.

Es la nueva forma de suspirar por el premio mayor de la Lotería, sólo hay que tener una genialidad, ni siquiera hay que comprar un boleto o invertir en algo, es gratis.

¿Sabe usted que es lo que más rápido se difunde en la Internet? Estoy seguro que acertó, la mentira es “viral” por sí misma, es imposible de retener, y mientras más grande es, más escandalosa resulta, y más sabroso resulta difundirla, sobre todo si tiene como protagonista a una celebridad del mundo de la moda, el arte, la política, el deporte o lo que sea, puesto que nadie escapa.

Pero la mentira no tendría necesariamente por qué ser un peligro para la sociedad, porque a la larga se revela la verdad, pero lo es, porque no sólo genera confusión, sino que despierta el odio.

Por eso están teniendo tanto éxito los extremistas, porque se requieren pocas semillas y cuidados para lograr una cosecha enorme si se siembran mentiras; basta dejar caer un insidioso comentario, un post con la foto equivocada, un tuit con un dejo de desprecio, una foto trucada, una cita errónea, un color al revés, y a través de las redes sociales, con la paciencia o las cuentas fantasmas requeridas, se provocará una explosión, el incendio de cualquier comunidad pacífica, y la destrucción de cualquier reputación.

Los extremistas no desean imponer sus ideas, les basta con que no se apliquen las de los moderados; ellos no quieren construir sociedad, sino destruir las vidas y proyectos de los que sí trabajan y se esfuerzan por la humanidad.

Así ganó el “Brexit” llevando al caos financiero y a la incertidumbre política a toda Europa y a las economías emergentes como la nuestra.

Así se autoinfringió un golpe de Estado el presidente Turco Erdogan, para implantar por necesidad un estado de excepción y dictatorial y suprimir las libertades y la oposición.

Así echaron a la Presidenta Dilma Roussef; así han acorralado a España que lleva casi un año sin gobierno, así han desanimado a toda América Latina.

Desde luego que sabemos ahora, cuando ya pasaron las cosas, que a todos nos mintieron en esos casos, que los argumentos, acusaciones y propuestas que dieron origen a cada uno de esos episodios se basaron en mentiras viles, absolutamente insostenibles ni un solo día, pero ante las cuales ya nada hay por hacer, sino resignarse.

Así están construyendo a Donal J. Trump como líder, y llevándolo a la Presidencia de los Estados Unidos, un extremista que aparenta ser bobo, y es una ave de rapiña, que ha aglutinado en torno de sí a todas las personas que sean capaces de mentir con un mínimo de gracia para llevarle al poder máximo de la Tierra, y que en el camino no ha dejado de atropellar a todos cuanto se le cruzan, incluidos sus socios, y amigos.

Mentir y viralizar la mentira está siendo una receta tan eficaz que debe inspirarnos miedo sin reservas a todos.

El tiempo maravilloso que íbamos vivir gracias a tener al alcance de la mano toda la información se ha trocado en sufrimiento y peligro para todos; la Internet no debe ser el arma de los extremistas, los demagogos, los inicuos y los bobos, sino la herramienta para relanzar a la humanidad, haga usted lo que le toca.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.