Por: Armando Guzmán | @Armandoreporta | guzmanmediagroup@aol.com

Imagínese, si Trump no echara a perder el proceso twitteando, las locuras que vemos todos los días y que echan a perder el proceso, no ocurrirían, y la impresión sobre su presidencia seria, si no positiva, al menos no tan negativa.

Acabo de escuchar al Senador Jeff Flake de Arizona en un discurso en el pleno del Senado comparar a Donald Trump con Joseph Stalin. En esta capital he visto a políticos de un partido trabajar en contra de presidentes de ese mismo partido… pero nunca he visto a nadie defender la libertad de prensa como lo acaba de hacer el Senador Flake y además advertir en esa misma pieza oratoria acerca de lo que puede ser la brutalidad de un régimen autoritario.

Tengo meses diciendo en público que la base que sostiene a Trump en la presidencia es el andamiaje que le construyeron los líderes republicanos en las dos cámaras del congreso, he dicho que el día, que ese andamiaje se caiga, Trump caerá con esa estructura y lo hará estrepitosamente.

Pero eso no está sucediendo, el Senador Flake es la excepción porque él tiene mucho que resentir de este presidente, que lo traicionó y que abiertamente buscó apoyar a quien se enfrentaría a Flake en la próxima elección de medio término en noviembre de este año.

¿Por qué Trump hizo algo tan bajo? porque Trump sabe que no podría controlar a este senador de Arizona.  La mala sangre entre Flake y el otro senador por el mismo estado John Mc Caín y Trump es ya legendaria. Pero eso no quiere decir todavía que el andamiaje al que me refería se está resquebrajando.  No, aun no.  Y como le he advertido en este mismo espacio antes, estamos aún muy lejos de rezar un réquiem por esta presidencia.

Cuando digo esto en público la gente me pregunta cómo puedo decir algo así, como puedo no darme cuenta de que Donald Trump es percibido como un ogro grosero, torpe y mentiroso a quien nadie soporta.  Y yo les contesto, que eso, no es cierto, que la impresión pública que existe sobre este presidente se desvanece cuando uno lo ve y lo trata de cerca.

Y déjeme decirle que le cuento todo esto después de haber tenido docenas de conversaciones en Washington durante el año pasado: Lo primero que le cuento es que la gente que entra a la Casa Blanca para tener una reunión con el Presidente Trump suele salir gratamente sorprendida.

Encuentran que Trump no es el loco, paranoico e ignorante que mucha gente piensa, y que esa impresión se debe más que nada a sus desplantes públicos y a sus mensajes en Twitter.  La gente que habla con el Presidente generalmente lo encuentra afable, aunque repetitivo, y enterado, aunque prejuiciado.  La gente se sorprende al ver como Donald Trump puede dirigir una reunión en la forma más normal posible y al final se sorprenden de ver que está lo suficientemente informado como para llegar a conclusiones importantes y a acuerdos importantes.

Durante estos días he escuchado al autor del libro “Fire and Fury” decir que el 100% de los funcionarios de todos niveles que trabajan en la Casa Banca tienen una opinión muy baja de su presidente. Yo no he encontrado que eso sea cierto. La gente que conozco y que trabaja en la administración Trump tiene puntos de vista muy diferentes sobre su jefe.

Es cierto que algunos piensan que el presidente es un niño caprichudo como lo describe Michael Wolff, el autor de “Fire and Fury”, pero muchos más piensan que Trump es simplemente alguien acostumbrado a manipular las situaciones que se le presentan creando distracciones que a él le pueden servir.  El problema es que al final eso no soluciona conflictos, por eso es que mientras algunos realmente admiran al presidente, muchos otros solo filtran sus locuras y en público fingen que no existen.

Es cierto que mi impresión, como la de mucha gente, es que la administración de Trump no es un lugar muy feliz para trabajar, porque sé que ahí dentro todos los días, existen muchas luchas internas y frecuentemente estas luchas dan como resultado una falta de definición y de solución que a su vez y a menudo, resultan en que, en la cima… el presidente termine sin una conclusión lógica a la solución de un problema.

Lo que no entiendo es, si esta es también la forma en la que Trump maneja sus negocios. Piénselo por un momento; si lo que vemos en la Casa Blanca se aplicara a una empresa privada, ese negocio estoy seguro, ya habría terminado en la quiebra.

Aquí me gustaría aclararle también que para como son las cosas en Washington, lo que hemos visto hasta hoy es una falta de dirección de la oficina oval y eso desde luego crea malestar, pero es una exageración como dice el libro de Michael Wolf que debido a eso mucha de la gente que trabaja con Trump esta urgida a invocar la 25ª Enmienda, que es la que declararía a Trump incompetente para removerlo de la presidencia.

Déjeme contarle además que esta Casa Blanca sorpresivamente se ha vuelto más profesional y más tecnificada.  La gente que la maneja hoy ha traído a la administración nuevos métodos científicos del siglo 21 aplicables precisamente al manejo de organizaciones públicas tan grandes y complicadas como la presidencia de Estados Unidos.  Increíblemente en Washington eso está teniendo un impacto de éxito en la forma en la que las cosas se manejan y se registran.

Imagínese, si Trump no echara a perder el proceso twitteando, las locuras que vemos todos los días y que echan a perder el proceso, no ocurrirían, y la impresión sobre su presidencia seria, si no positiva, al menos no tan negativa.

Tome usted en cuenta que los presidentes tienen planes de gobierno, algo que no ocurre en la actual administración y eso impide que haya políticas claras y definidas acerca de los asuntos más urgentes en el país. Y para los países amigos como México, las políticas claras son importantes porque significan relaciones claras también.  Si no hay una definición en asuntos como DACA, la frontera con México, El TLC, y el muro, cómo los dos países van a trabajar juntos.

Como justificación hay quien me dice que es como si tuviéramos dos administraciones. La primera seria “La Casa Blanca de la locura”: En ella Trump es un fantoche enfurecido que en las mañanas aun en pijamas le grita al televisor, cada vez que escucha una crítica hacia él.  Hoy sabemos que su furia contra la prensa no favorable es lo que más lo saca de sus casillas. Por eso todo lo que no es favorable, que por cierto es mucho, se convierte en “Fake News”, “Noticias Falsas”.

“La segunda Casa Blanca”, es la nueva tecnificada y súper moderna administración de la que le hablo. Con un manejo eficiente e invisible del que por cierto nunca nadie se ha enterado, pero que es el responsable de que la administración pública estadounidense se esté haciendo más eficiente.

No es difícil concluir que este nuevo tipo de administración ha salvado al presidente de caer en el caos total, que naturalmente causa un jefe distraído y preocupado por satisfacer las 24 horas del día, su enorme vanidad.

Lo que yo y mucha gente en Washington se pregunta es si la Casa Blanca invisible y contemporánea, ya aprendió a manejar a la Casa Blanca loca, y nos está engañando y distrayendo mientras poco a poco cambia al país y lo hace más al estilo de Trump.

Le cuento todo esto porque después de un año y medio de campaña y de otro año completo de gobierno, el movimiento anti Trump, parece ser el que se está volviendo más ineficiente y debido a eso hoy ya parece no tener ninguna dirección.

La imagen pública que existe es la de un Donald Trump medio loco y medio analfabeta, que vive rodeado de aduladores que son moral, intelectual y psicológicamente inferiores a la gente normal como usted y como yo. Pero le debo aclarar que lo menciono para decirle que me apena reconocer que lo que nació como una muy vigorosa oposición al señor Trump hoy sufre de aislamientos.

La mayoría de las personas que odian a Trump o no conocen a nadie que trabaje con el presidente o a nadie que lo apoye. Y si tienen amigos y familiares que admiran a Trump, han aprendido ya en todo este tiempo a no hablar sobre este tema. Así el resultado es que quienes tienen información sobre el Trumpismo lo han aprendido y desarrollado de otros que también lo detestan. El resultado, la gente que se opone a este presidente ya se cansó de siempre escuchar lo mismo, y eso les lleva a encogerse de hombros y dejar que las cosas pasen sin ya prestarles atención.

En Estados Unidos la gente tiene tres opciones si es que se interesa por lo que ocurre en Washington.  MSNBC el canal de noticias de 24 horas con sus tendencias anti Trump, o Fox News en donde Trump es lo mejor que le ocurrido al país desde el pan de caja.

La tercera opción es CNN, que se ha quedado atrás y se ha convertido en una caja de resonancias y de resentimiento contra el presidente y eso le ha hecho perder audiencia y también influencia.  Se lo cuento porque estos 3 canales también han terminado ignorando los estándares periodísticos o intelectuales normales.

Entre estos 3 canales de 24 horas de noticias han creado un estilo de comunicación que no hace que sus audiencias piensen más, al contrario, estos canales han conseguido que la gente piense menos, y eso lleva necesariamente a; primero que la gente tienda a ignorar mucho de lo que es importante, y dos a dividir a EE. UU., también en dos países en donde la gente ni siquiera obtiene su información de una sola fuente con una sola tendencia.

Lo peor es que Michael Wolff con su libro “Fire and Fury” tampoco pretende cumplir con los estándares periodísticos normales, este autor abierta y escandalosamente admite… Que su libro es un vehículo ¡para comunicar rumores!

Lo peor es que lo que empezó como una oposición firme contra el abuso del poder de Trump se ha ido acostumbrando a que la gente se ría del presidente en lugar de medir las consecuencias de la causa de esa risa.  Ahora hasta de Oprah Winfrey se habla como una posible contendiente a la presidencia, simplemente porque Oprah es simpática, es conocida y pronuncio un buen discurso durante la premiación de los globos de oro.  Se da usted cuenta.  El daño que este presidente ha hecho es mayor del que la gente cree.  Ha bajado los estándares de la presidencia de EE. UU., para convertirla en un escenario abierto en el que cualquier fantoche con un poco de carisma en la televisión, puede ser presidente.

Bueno no es por criticar, pero, si los guatemaltecos, eligieron a un cómico de la televisión, porque Estados Unidos no iba a hacerlo también. Se lo cuento a usted en una maniobra desesperada por convencerlo como lector de que esto es mucho mayor que solo una lucha para escoger al mejor presidente es una lucha para escoger al regidor de los destinos de los habitantes de un país.  Usted en México tendrá que elegir a uno muy pronto.  Y por eso insisto, esto no es solo una lucha sobre la elección política de un presidente. Es una lucha más amplia sobre las reglas con las que jugaremos después, cuando Trump ya sea solo historia.

Al final lo que me preocupa es que todos descendamos permanentemente en el estándar de lo que es un comportamiento aceptable por parte del líder de un país.

Hay varias cuestiones que merecen definición:

  • ¿Vamos a restaurar la distinción natural que debería existir en un gobierno responsable que sepa diferenciar entre excelencia y mediocridad?
  • ¿Vamos a tener los instrumentos de información sobre lo que ocurre para diferenciar entre la verdad y la demagogia?
  • ¿Vamos a saber distinguir entre un candidato que sea distinto y pintoresco y un fanfarrón ideólogo, caprichudo y mal informado?
  • ¿Vamos a restaurar la distinción entre las instituciones que operan según los estándares profesionales de los pueblos civilizados? O vamos a convertir a los gobiernos en fábricas de propaganda.

Todos tenemos la respuesta ya sea que estemos eligiendo presidente en EE. UU, en México, o en cualquier rincón de la tierra.

Lo que yo y mucha gente en Washington se pregunta es si la Casa Blanca invisible y contemporánea, ya aprendió a manejar a la Casa Blanca loca, y nos está engañando y distrayendo mientras poco a poco cambia al país y lo hace más al estilo de Trump.

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