Para nadie es un secreto que el racismo de Donald Trump le ayudó a ganar la presidencia. Lo que muchos empiezan a conocer apenas recientemente, es que Trump tiene a un aliado con un enorme poder mundial, que durante varios años ha sido el principal patrocinador financiero de cientos de grupos supremacistas blancos, no solamente en Estados Unidos sino también por toda Europa.  Ese socio racista de maldades raciales no es otro que el mismísimo Vladimir Putin.

 

El Departamento de Justicia de Estados Unidos reconoce que los grupos racistas blancos ven a Putin como el ultimo líder en el mundo que maneja a un gobierno y a un país cuya mayoría sigue siendo totalmente blanco, los racistas estadounidenses en su infinita ignorancia creen que Rusia es un país que ha logrado mantener a su población sin impurezas mestizas.  Lo cual por cierto es falso.  Mucha gente en Rusia que emigró de las viejas repúblicas soviéticas del sur con poblaciones turcas, árabes y asiáticas es parte de la población rusa que nunca salió de los grupos blancos del Cáucaso.

 

La cuestión racial es pertinente, porque creo una base política a la que desde Richard Nixon ningún otro presidente estadounidense había habilitado como arma política.

 

Trump tiene un compromiso racista con esta llamada “Mayoría Silenciosa”, porque en Estados Unidos tenemos la manía, aún en este 2018, de hacer que todo se relacione a los antecedentes y raíces raciales de la gente.  Trump aborrece y considera inferiores a los pueblos mestizos.  De eso nace su deprecio y su disgusto contra México y contra los otros países que han mezclado sus orígenes étnicos y raciales en el continente americano.

 

En ese ambiente es que millones de estadounidenses y de aliados alrededor del mundo han sido testigos de la actuación más vergonzosa e ignominiosa de un presidente de Estados Unidos en la historia. El mundo entero vio a Vladimir Putin ejercer un control total sobre Donald Trump y manejarlo como marioneta.

Con eso hay una nueva frase acunada en este país, para identificar a este enorme movimiento le llaman.

 

— “Treasonous Racism” –“Racismo Traidor” —

 

Este racismo traidor podría muy bien ser el eslabón que aún está perdido para explicar por qué Trump al único que no ofende, al único que no desprecia y al único que defiende es a Vladimir Putin. Por qué acepta una humillación como quedarse esperando casi una hora a que Putin acudiera a su cita.  El hombre fuerte ruso se acaba de auto invitar a Washington en el otoño y eso en lugar de acallar todo lo que se dice sobre su misteriosa relación con Trump, lo único que hará es agrandar las especulaciones.

 

Pero nosotros no vamos a especular aquí, porque no hay que engañarnos. Hay que reconocer que los votantes de Trump, ese 35% constante de la gente de este país, lo sigue por su racismo, por su sexismo, por su nativismo, por sus prejuicios y por su fanatismo por el activismo conservador.

 

Durante el verano del 2017, surgió un enorme movimiento antirracista en respuesta a Donald Trump. Este fastidio contra el presidente americano explotó en protestas por todo Estados Unidos. Como consecuencia vimos a la gente derrumbando y destruyendo centenares de monumentos y estatuas de supuestos héroes nacionales del movimiento confederado.  Ese movimiento confederado fue el movimiento traidor que quiso partir en dos, el norte y el sur de Estados Unidos.  Eso mismo dio lugar en la mitad de los años 1800 a la guerra civil y al asesinato de Abraham Lincoln.

 

Hoy los parques, las avenidas y las plazas públicas que llevaban nombres de traidores confederados están dejando de existir. Pero el racismo mostrado en el estado de Virginia, en la ciudad de Charlottesville, en el que se mezclaron Ku-Klux-Klan, Neo-Nazis y cabezas rapadas con otros grupos de supremacistas blancos. Esto marcó a Trump para siempre. El Presidente americano, después de varios ataques terroristas de esos grupos contra la población civil,  tuvo el descaro, no solo de llamar a toda esa despreciable basura “Very fine people” (“Gente de primera”) sino de oponerse a que fueran perseguidos y castigados judicialmente.

 

Fue ahí, en Charlottesville, que los racistas atacaron, agredieron y golpearon a los estudiantes de la Universidad estatal de Virginia que destruían los monumentos de los confederados que existían en los parques públicos de esa ciudad.  Fue ahí que Trump tuvo la desvergüenza de afirmar, que él no podía condenar a nadie llamándole racista… “Porque no sabemos en realidad con lo que cada uno llena su corazón”.

 

Déjeme agregar que eso es verdad, pero, lo que es cierto también  es que en Estados Unidos sufrimos hoy como en muchos sitios en Europa el cáncer del racismo activista.  Lo que, si no es verdad, es que todos los estadounidenses sean racistas.  Me atrevo a decir que la mitad del país no solo no es racista, sino que es gente a quien el racismo ya le hizo detestar las viejas formula raciales que llenan la vida diaria de este país.

 

Usted escuchó a Trump durante una reunión con oficiales de policía, entre cuyas filas hay mucho supremacista blanco, llamar a los hispanos y latinos en Estados Unidos “Animales”.

 

El Senador Tim Scott, que no solo es republicano y representa al estado de Carolina del Sur, sino que es de raza negra, se ha reunido con Trump en varias ocasiones para analizar la “atmósfera racial” del país. Como conservador “afroamericano” que cumple su papel ungido como el mejor amigo negro en el congreso de los racistas blancos, Scott ha dicho que Trump no es racista, sino que es solamente “racialmente insensible”.

Para vergüenza del Senador Scott, Trump insiste, no solo en Estados Unidos, sino en el mundo entero, en no esconder su desdén por quienes no son de la raza blanca.

 

En Europa recientemente durante la cumbre de miembros de la OTAN le dijo al diario británico “The Sun”, propiedad de su amigo Rupert Murdoch, que lamentaba lo que ocurre racialmente con Europa.  “Creo que permitir que millones y millones de inmigrantes (árabes, africanos y en general de fe Islámica) entren a Europa, es muy triste. Europa ha perdido y está perdiendo su cultura. Miren a su alrededor”, dijo Trump, “Ustedes atraviesan ciertas áreas urbanas que se han echado a perder y eso no existía hace diez o quince años”.

 

Se refería a la enorme población musulmana que ocupa hoy distritos enteros en Londres y a las enormes colonias norafricanas que se han extendido por Francia, por Bélgica y por Italia.

Como si el ridículo no hubiera sido manifiesto y enorme, días después junto al primer ministro de Gran Bretaña, Trump repitió lo que dijo en su entrevista al diario londinense.

 

“Creo”, dijo Trump, “que los inmigrantes han cambiado la cultura, y creo que eso es algo muy, muy negativo para Europa. Creo que está dañando mucho también a otras partes de Europa”.

 

Y Trump continuó sin inmutarse diciendo “Sé que políticamente no es necesariamente correcto decir esto, pero lo diré y lo diré en voz alta. Creo que es mejor que se observen, que los “europeos” se vean a ellos mismos, porque están cambiando su cultura, están cambiando muchas cosas”.

 

Quienes han conocido por mucho tiempo a Donald Trump dicen que él quisiera ser “El Rey de la gente blanca”.  Hay otros que dicen que su admiración por Putin es porque los racistas ven al líder ruso como el “Rey racista blanco” y el protector y pedestal financiero de los supremacistas blancos del mundo entero.

Si usted ha prestado atención a lo que Trump hace, habrá visto que tanto él, cómo el Partido Republicano están en busca de una identidad única que los haga invencibles.

 

Es claro y totalmente irreal también, que Trump quiera emular a Putin. Lo que hay que descubrir, es si Putin ayudó a Trump a ser elegido, sí esto se probara, sería tan perjudicial para Trump, que el presidente americano no tendría más remedio que rendirse ante él.

 

El Partido Republicano de Estados Unidos, ebrio de poder y con la esperanza de obtener mucho más, está aferrado a no tocar ni dañar la “base” fiel de Trump. Así, ni los líderes republicanos ni los oligarcas estadounidenses quieren molestar a Putin, porque si lo hacen, perderían mucho del nuevo poder traído a ellos por esa llamada “Mayoría Silenciosa” que le cuento y a la que Trump no solo despertó, sino convirtió en un arma política eficaz en ayudarlo a ganar elecciones.

 

Todo esto tiene grandes consecuencias y cada día se hacen más evidentes. Por lo que, le anticipo que las veremos muy pronto y más claramente, porque Trump y sus marionetistas de derecha quieren instalar a Brett Kavanaugh un juez extremista de derecha, como magistrado de la Corte Suprema.  En Estados Unidos la Corte Suprema decide sobre absolutamente todos los ángulos y ámbitos de la vida diaria, mediante los casos que examina y sobre los que establece jurisprudencia por precedente legal.

 

Este nuevo episodio para controlar el poder político en Estados Unidos le demuestra la claridad de este nuevo intento de Trump para usar a la raza como instrumento de segregación.  Todo esto se debe a que los analistas legales y constitucionales creen que Kavanaugh, al igual que el otro juez nominado por Trump, Neil Gorsuch, ayudarán a erosionar aún más los derechos de las poblaciones no blancas de Estados Unidos.

 

Ese tipo de maniobra hace mucho daño porque está diseñada para cortar el acceso al voto de la gente en las democracias. Reduciendo a la gente que vota se reduce el acceso a los derechos civiles y se hace más fácil eliminar otras protecciones humanas que han crecido en Estados Unidos a través de los años con las luchas por la igualdad de derechos civiles

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Como en Europa los inmigrantes en Estados Unidos le hemos cambiado el rostro y la cultura a este país.  Eso debe poner muy triste a Trump.

 

Algo que es reciente y que está convirtiéndose en un nuevo escándalo, es que el gobierno de Trump este presionando fuertemente a la Organización de las Naciones Unidas para que elimine de sus documentos oficiales todo el lenguaje que condene al racismo y al nacionalismo y los equipare a serias amenazas a la democracia mundial.

 

Trump no quiere que EEUU sea un líder global en derechos humanos.  Al contrario, quiere que este país que peleo en Alemania contra los nazis hasta destruirlos ostente ahora otra vez, la bandera global del racismo blanco y de la supremacía blanca. Hay organizaciones y universidades americanas que reconocen que esta podría muy bien ser la razón principal de muchas de las cosas que hace Trump para cambiar y eliminar en Estados Unidos las protecciones civiles de la gente.

 

Lleve usted todo esto a un plano internacional y vera con claridad que el consentir la existencia y el financiamiento ruso de las operaciones de los enormes grupos de supremacistas blancos, es más que un intento, es un programa para darle valor a conceptos racistas como el “etno-populismo”, y el “nacionalismo económico”.

 

Si Trump y Putin lograran todo esto, podrían terminar con las protecciones legales que han dado lugar a una de las mayores sociedades con el “multiculturalismo” como una causa válida y apreciada a través del mundo entero.

 

En la historia del planeta hemos visto sátrapas racistas que han usado ese talón de Aquiles para transformar a sociedades enteras.

 

La defensa hecha por Trump de un tirano como Putin a expensas de las agencias de inteligencia y de las instituciones democráticas de Estados Unidos es nada menos que una traición. Hoy mientras usted lee esto, hay miembros del Congreso estadounidense que, en privado, reconocen que esta conducta cumple los requisitos establecidos por la constitución americana para someter a juicio a un presidente en funciones. Su conducta vergonzosa es solo una muestra de lo que llamamos en Estados Unidos “High Crimes and Misdemeanors” — “Crímenes Graves y Delitos”.

 

Trump, con base a todo esto que le he contado, debería ser acusado y juzgado. Esta no sería una venganza de ojo por ojo y diente por diente, ¡No!  La intención sería mucho más importante y de más consecuencia.  Seria para preservar el tejido democrático de la sociedad en general que nos ayudaría a garantizar la seguridad de las repúblicas libres que no pueden caer en el juego de los dos reyes del racismo blanco.

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