Por: Juan Torres Velázquez| Escritor Mexicano con formación en la UNAM | @yotencatl

Decir que Gerardo Murillo, o Dr. Atl como él mismo se autodenominara con el vocablo náhuatl de la palabra agua es uno de los pintores más destacados de la historia del arte mexicano pareciera lugar común, mas es muy escaso el valor y difusión que se ha dado a su obra y en tanto habría que insistir una vez más. ATL, fuego, tierra y viento sublime sensación es una exposición con más de 130 piezas entre litografías, fotos, pinturas y dibujos, 70 de ellas de autoría del jalisciense que se exhibe hasta el hasta el 2 de julio en el Museo Nacional de Arte, ubicado en Tacuba #8, Col Centro, CDMX.

Gran parte de la exhibición está compuesta por sesenta dibujos que realizara el artista sobre el surgimiento del Paricutín en el periodo 1943 – 45, procedentes de una colección que el autor donó al país desde 1950 y adjudicado apenas hace un par de años al Munal.

La formación académica de Gerardo Murillo, nacido en 1875, transitó de la Academia de San Carlos a Roma; encabezó aquí una huelga de artistas, se fue becado a París por el Porfiriato y regresa a nuestro país cuando Victoriano Huerta traiciona a Madero y asume el poder. Entonces el pintor y escritor se suma a las filas de Carranza y cuentan que su principal encomienda fue la de reunirse con Zapata en el año 1914, para pedirle a nombre de Carranza se unieran en contra de Huerta, propuesta que el caudillo del sur aceptaría.

 

Dr. Atl queda al frente de la Escuela Nacional de Bellas Artes cuatro años más hasta la muerte de Carranza, posteriormente apoyaría el movimiento cristero y se dedicó de lleno a la pintura y literatura, así como a su afición por la vulcanología de la cual surge el libro poético – literario Sinfonías del Popocatépetl, donde afirma que “el universo entero derrama sobre el volcán el imponderable fluido – llueve luz – llueve luz del cosmos sobre el mundo y la montaña baña su cima nobulosa infinita del caos pulverizado en soles.”

Por la temática sus obras tienen reminisencias a toda una corriente de obras japonesas como las de Hokusai, aunque formalmente siguen la tradición paisajista de artistas como José María Velasco y su tutor italiano Eugenio Landesio, con un estilo en muchas ocasiones similar al de los impresionistas franceses y un estilo propio e identificable ya sea por la paleta fuerte y brillante, la fuerza de sus trazos o sus innovadoras perspectivas.

Al surgimiento del Paricutín en 1943 el artista se trasladó a Michoacán e instaló un estudio a las orillas del naciente volcán para estudiarlo; aficionado a la vulcanología, la geología y química entre otras disciplinas Murillo era un artista pleno, multidisciplinario y ser que cultiva el conocimiento.

 

De esa época procede la mayor parte de los dibujos de volcanes, fuego, lava, montañas y nubes de negro espeso humo que integran la exposición, en un permanente contraste de luces y sombras iluminados por el fuego y cubiertos por tierra y el terror natural que provoca la portentosa fuerza destructuva de la creación, paisajes dantescos o parecidos al fondo del infierno de un pintor flamenco; el autor se maravilla por lo que hay de majestuoso, enorme, tremendo y colosal en el nacimiento de un volcán de las entrañas mismas de la tierra, con una fuerza y rebeldía como su propia existencia iconocastla.

Tras una caída sufrida entonces, Murillo desarrolla gangrega y cuatro años má tarde le amputan la pierna derecha, periodo tras el cual tuvo que dejar de explorar a pie y comenzó una nueva etapa creativa denominada aeropaisaje, con nuevas perspectivas ofrecidas por los sobrevuelos que realizaba en avioneta y en las cuales trabajó con empeño algunos años más, dejando honda influencia en otros artístas como Luis Nishizawa o Pedro Flores.

Esta experimentación lo lleva a generar las perspectivas curvilíneas, otra de las grandes aportaciones del Dr. Atl al arte, consistentes en simular la curvatura de la tierra vista hacia el horizonte o a la visión circular del ojo mismo. De esta última etapa se exhiben 12 pinturas hechas con óleos y atlcolor, material de su creación a base de resinas, pigmentos y resinas que le otorgaba la manipulabilidad e intensidad de brillos deseados y donde podemos ver una mayor cantidad de cielos abiertos, vegetación y nubes fuertes y expresivas, siguiendo la tradición paisajista antes referida.

Se pueden decir muchas cosas más acerca del Dr. Atl, desde sus relaciones tormentosas y creativas con la también pintora y para muchos sobre valorada Carmen Mondragón o Nahui Ollin, su filiación politicamente incorrecta con el nazismo, aficion ocultista y esotérica o la mitomanía por la cual era célebre entre sus conocidos pero nada mejor que visitar su obra, conocerla o revisitarla en vivo en uno de los recintos artísticos más importantes de la ciudad, y llevarse consigo un poco de la fuerza telúrica y primordial transmitida por la obra del Dr. Atl.

 

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.