Sería muy aleccionador poder saber, sin el dopaje del dinero y del clientelismo partidistas, lo que la ciudadanía del Estado de México tiene qué decir en este momento tan crucial y difícil para el país. El dinero que usan los partidos políticos proviene mayoritariamente de las arcas públicas, y si bien ya parece excesivo, súmele el mucho dinero que en forma subrepticia tienen a disposición, y las fuertes sumas que los gobiernos tanto federal como del estado están “invirtiendo” en el territorio mexiquense, tenemos una gigantesca fortuna moviéndose para acicalar, tentar e incluso comprar a los electores el próximo 4 de junio.

Comprar los votos, intimidar a los opositores, pagar por prensa y trolear a todo mundo en las redes sociales, falsear encuestas y acusarse cada minuto de ser corruptos, ladrones, tontos, incapaces o inexpertos, es la tónica diaria.

Si todo marcha bien el 4 de junio próximo los partidos y sus candidatos obtendrán los votos “duros” que sus organizaciones y poderosas maquinarias electorales les tienen literalmente asegurados; si las cuentas les salen a todos, incluidas las autoridades electorales, habrá un abstencionismo enorme, cercano a la mitad del padrón electoral, como ha venido ocurriendo en los últimos procesos; y en ese escenario, el indiscutible triunfador serán el PRI y sus aliados.

Aunque todos se quejan de maniobras ilegales, en realidad todos tienen construida una muy funcional plataforma que justamente se dedica a eso, a burlar las disposiciones de ley, y con ellos asegurar su acceso o permanencia en el poder.

En nuestro país los procesos electorales son oportunidad para la confrontación más salvaje entre grupos políticos, francamente no se miden, y hace intervenir toda clase de fuerzas, legales o no, y utilizan las más diversas estratagemas, a cual más reprobable, por mucho que sean ingeniosas.

Pero lo que parece no tener límite es el gasto, es enorme, y prácticamente todo es dinero público.

El dinero que usan los partidos políticos proviene mayoritariamente de las arcas públicas, y si bien ya parece excesivo, súmele el mucho dinero que en forma subrepticia tienen a disposición, y las fuertes sumas que los gobiernos tanto federal como del estado están “invirtiendo” en el territorio mexiquense, tenemos una gigantesca fortuna moviéndose para acicalar, tentar e incluso comprar a los electores el próximo 4 de junio.

Con las inmensas sumas de dinero se hacen funcionar las maquinarias electorales que han probado su eficacia en la entidad, señaladamente la del Partido Revolucionario Institucional PRI, desde hace varios procesos electorales aliado con el Partido Verde Ecologista de México PVEM y el Partido Nueva Alianza PNA, y para esta ocasión también con el Partido Encuentro Social PES.

Otra inmensa maquinaria funcional y operativa en el estado de México fue tradicionalmente la del Partido Acción Nacional PAN, y apenas iniciaba su crecimiento la del Partido de la Revolución Democrática PRD.

Como Usted estará bien enterado, o para estas alturas lo habrá adivinado, las que ganan o pierden las elecciones en la gigantesca entidad conurbada con la capital de la República no son los votantes, sino las poderosas organizaciones que literalmente sacan y llevan a votar a los ciudadanos.

Por esa razón todos los partidos lejos de preocuparse por una bien lograda batería de propuestas o ideas lúcidas para que las adquieran los electores, optan por construir un aparato en el que fundar el reparto o promesa de reparto, de bienes, dinero y prebendas.

Aunque todos se quejan de maniobras ilegales, en realidad todos tienen construida una muy funcional plataforma que justamente se dedica a eso, a burlar las disposiciones de ley, y con ellos asegurar su acceso o permanencia en el poder.

En los últimos días han brotado como hongos después de la lluvia los señalamientos y francas acusaciones de desvío de recursos o actos de corrupción en los municipios mexiquenses, en donde los presidentes municipales imponen porcentajes de moche para que se los paguen los proveedores de bienes y servicios que contratan esos gobiernos.

Se han destapado verdaderas cloacas en municipios cuyo gobierno es encabezado por el PRI, pero también en los del PRD, y justo ese ha sido el principal y más dañino tema que ha tenido que enfrentar la candidata Delfina Gómez de MORENA, el haber “recaudado” dinero de los trabajadores municipales de Texcoco cuando ella era Presidenta Municipal.

¿Ha visto Usted que en las campañas electorales que están en curso lo que ha destacado no son las propuestas sino las acusaciones?

Ese estilo de hacer política que se ha ido imponiendo en nuestro país y que se recrudece en las elecciones estatales y municipales porque viven en un limbo jurídico tras las reformas desastrosas al sistema, es un agujero negro para el dinero, y un reservorio para la corrupción en los gobiernos que así se elijan.

Comprar los votos, intimidar a los opositores, pagar por prensa y trolear a todo mundo en las redes sociales, falsear encuestas y acusarse cada minuto de ser corruptos, ladrones, tontos, incapaces o inexpertos, es la tónica diaria.

Si todo marcha bien el 4 de junio próximo los partidos y sus candidatos obtendrán los votos “duros” que sus organizaciones y poderosas maquinarias electorales les tienen literalmente asegurados; si las cuentas les salen a todos, incluidas las autoridades electorales, habrá un abstencionismo enorme, cercano a la mitad del padrón electoral, como ha venido ocurriendo en los últimos procesos; y en ese escenario, el indiscutible triunfador serán el PRI y sus aliados.

Lo anómalo, lo inédito, sería que las maquinarias no funcionaran a pesar de haber sido engrasadas con cientos de millones de pesos, y que al paralizarse o estropearse, nos permitan ver la realidad política de la entidad más poblada y con más votantes inscritos de todo el país.

Sería muy aleccionador poder saber, sin el dopaje del dinero y del clientelismo partidistas, lo que la ciudadanía del Estado de México tiene qué decir en este momento tan crucial y difícil para el país.

Por lo pronto en algo parece estar absolutamente de acuerdo la gran mayoría de los ciudadanos mexiquenses, y es en que no están dispuestos a votar por el PRI, y que optarían por un cambio.

Esta engañosa expresión encuestada se difumina cuando no existe una clara opción frente a la que plantea el PRI, sino que se divide en tercios más o menos parecidos.

Me parece muy evidente que el resultado de las votaciones que tendrán lugar en unas semanas sacudirá profundamente al país y a las instituciones democráticas que se sostienen en forma precaria.

Si gana el PRI por un margen pequeño, habrá dotado de un discurso encendido e inagotable a MORENA de aquí a las elecciones del 2018; si gana Morena se habrá extinguido cualquier oportunidad que hubiera tenido el PRI para seguir en los Pinos, y en el despeñadero también habrá otra víctima necesariamente mortal, el PRD.

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