Por: Julio César Silva Cetina | @JulioCsarSilva | @PalcoQR | jsilva@palcoquintanarroense.com

La llamada cuarta transformación que comanda el Presidente Andrés Manuel López Obrador mandó al garete a la industria turística, la dejó a la deriva, en el mejor de los casos al vaivén de la inercia.

Con todo y que como Secretario de Turismo tiene en Miguel Corruco Marqués a un experto en la materia, da la impresión de que esa industria causa cierta repulsión en quienes, afirman, pretenden instaurar un nuevo régimen en México.

Y es que para muestra bastan dos botones: de no ser por las entidades federativas que tienen interés en el tema, la presencia mexicana en la Feria Turística de Madrid hubiera sido nula, pues desde entonces el gobierno federal había tirado la toalla.

En la denominada Vitrina Turística de Colombia, país que por sí solo es el quinto emisor de turismo más importante para el Caribe Mexicano, de no ser por Quintana Roo, al que se adhirieron las otras entidades peninsulares y algún otro del interior del país, la marca México hubiera estado ausente.

Al nuevo gobierno federal no le gustan las marcas. Lo dejó claro el Presidente López Obrador en la presentación de la pomposamente denominada Nueva Estrategia Nacional de Turismo, que es cualquier cosa menos un plan concebido para apoyar, fomentar y fortalecer a la industria turística.

De hecho, el video “institucional” con el que supuestamente se dio a conocer el plan, es una auténtica propaganda morenista, tan evidente y vergonzoso que el propio Presidente tuvo que ordenar que se dejara de difundir.

La llamada Nueva Estrategia Nacional de Turismo se trata de un plan que sólo pretende administrar la inercia bajo los “nuevos” lineamientos de la honestidad valiente. La mencionada “estrategia” es un compendio de ocurrencias que no aporta a la pretendida intención de aumentar el gasto per cápita de los turistas internacionales.

No dice cómo se logrará con el objetivo. Lo que sí confirma es que no habrá recursos para la promoción institucional de México y sus principales productos turísticos. Por como se ve, cada destino tendrá que rascárselas como pueda.

Se hace un planteamiento para controlar y fiscalizar a las propiedades que se rentan a través de plataformas digitales como Airbnb, lo cual está muy bien, pero no se establece nada en relación con el concepto “todo incluido” que provocó la decadencia de los centros urbanos de los destinos donde operan, como Cancún.

Es cierto que el destino de los recursos que manejaba el ya desaparecido Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) siempre estuvo bajo la opacidad, pero ello no justifica la cancelación de un esfuerzo importante por posicionar la marca mexicana tanto costó a las finanzas del país.

Durante muchos años se pidió a los gobiernos estatales que sus destinos se promovieran internacionalmente bajo una misma sombra: la marca México. Sin embargo, ahora que el concepto está consolidado se manda a la basura, como ha hecho la Cuarta Transformación con varias cosas, a pesar de que costaron millones de pesos a los mexicanos.

El discurso de la austeridad no cuadra con la actitud de botarate que se pone en evidencia cancelando a diestra y siniestra todo lo que los mexicanos construyeron hasta antes del 1 de diciembre.

México tiene un nuevo plomero, uno que afirma que la instalación que realizaron todos los demás está mal. ¿Quién le dice lo contrario?

 

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