Por: Eduardo Sadot Morales Figueroa| @eduardosadot| sadot16@hotmail.com

Ante la rivalidad entre priístas, perredistas y morenistas, conviene hacer la siguiente reflexión. El PRI desde su fundación en 1928, surge de la unión de los partidos políticos locales en cada Estado de la República a iniciativa de Plutarco Elías Calles, como todo Partido Político su motivo de origen es hacerse del Poder, su primer nombre fue Partido Nacional Revolucionario (PNR), en 1938 cambia su nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y es en 1946 que se transforma en Partido Revolucionario Institucional (PRI) Pero para legitimar su arribo al poder, debía tener sustento ideológico, que incorporó del origen de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Díaz, al grito de “sufragio efectivo no reelección” lema de la campaña de Madero, que a su vez la habría utilizado muchos años antes Porfirio Díaz contra Juárez, que proscribe la intención de perpetrar en el poder a personas. Movimiento revolucionario al que se sumaron reclamos como el reparto de tierras con la “tierra es del que la trabaja” Además frases de nacionalismo como “Gobierno e individuo que entrega los recursos naturales a empresas extranjeras, traiciona a la Patria” de Lázaro Cárdenas o la frase eminentemente institucional de Zapata “Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres” o de conciencia histórica “La responsabilidad de mis actos vivirá lo que vivan sus consecuencias” de Álvaro Obregón, de civismo como “Si cada uno de los mexicanos hiciera lo que le corresponde, la Patria estaría salvada” de Belisario Domínguez o pensamiento democrático como “Al conquistar nuestras libertades hemos conquistado una nueva arma; esa arma es el voto” Madero, o con sustento económico y social como “Tierra y Libertad” de Ricardo Flores Magón. Un principio de Administración Pública, Gobernanza y educación “Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará república con gente ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte” Francisco Villa.

Así el PRI durante muchos años se consolidó como eficiente estructura mecánica para arribar al poder. Una regla no escrita que garantizaba continuidad, eficiencia y democracia la llamada democracia dirigida, era que el presidente en turno erigido como el gran elector, basado en el conocimiento de todo el país – teóricamente por tratarse del mexicano mejor informado – asumía la responsabilidad, llegado el momento definitorio de postular a quien garantizara – no su beneficio particular – ser el más talentoso y honesto que pudiera pensar en todo momento en el bienestar de todos los mexicanos y de todo el país. Fue así como durante los primeros años, esos presidentes transmitieron el poder a quien consideraban que fuera la mejor opción para el país, ejercían una facultad real de “gran elector” o el “fiel de la balanza”, inclinándose, no por sus intereses personales o propios, sino por el interés superior de la Nación, a veces coincidieron con que también eran sus amigos pero no necesariamente se privilegiaba la amistad por encima del interés nacional, como tampoco era garantía que el presidente acertara.

A partir de los años setentas, el exceso de confianza y la certeza de que todos los candidatos del PRI llegaban al poder, el PRI comenzó a dar señales de descomposición estructural, los simpatizantes no votaban porque sabían que con o sin su voto ganaban, por el otro lado, la oposición tampoco votaba, porque creían que con su voto o sin él, de todos modos el PRI ganaba. El síntoma de la primer crisis democrática nacional, se presenta en el año 1976 se evidencia la debilidad del sistema partidista, cuando ningún partido presenta candidato que dispute la presidencia al PRI, lo que alerta a pensadores políticos como Reyes Heroles y al mismo presidente electo José López Portillo, sobre la necesidad de fortalecer el sistema de partidos y la democracia, con lo que se comienza con la creación de diputados de partido antecedente de los diputados plurinominales.

Surgimiento del PRD.

 A partir de ese momento el PRI traza la ruta del proceso democrático de México, sin embargo al interior de ese Partido, no logran entender la dinámica de la evolución democrática del PRI primero y de México después. Para finales de 1987, un grupo de priístas encabezados por Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, César Buen Rostro, Oscar Pintado (QEPD) conforman la Corriente Democrática del PRI señalando falta de democracia en la selección de candidato, previendo que el ungido sería Carlos Salinas de Gortari – quien por cierto, resultará ya como presidente además de tecnócrata, más político y más talentoso que lo que parecía como candidato – por lo que fueron contundentes en la exigencia de apertura de los procesos democráticos que garantizaran la viabilidad de sus candidatos, con militancia y vinculados al PRI, en contraposición a los llamados cachorros de la revolución, que ascendieron a escuelas extranjeras, etiquetados como tecnócratas, cuyo arribo al PRI durante la elección de Miguel de la Madrid, la encabezara Manuel Bartlett Díaz, quien fuera jefe de la campaña del presidente Miguel de la Madrid e hijo único de un exgobernador de Tabasco. Sus voces no fueron escuchadas, antes por el contrario, se planteó expulsarles del PRI, los miembros de la Corriente democrática se adelantaron y anunciaron su renuncia al PRI, lo que provocó un cisma en ese Partido que desembocó primero, en la creación del Frente Cardenista Nacional de Reconstrucción Democrática, llamado Ferrocarril y posteriormente en la creación del PRD, durante una reunión en el Hotel Vasco de Quiroga en la calle de Londres en la ciudad de México. Desde luego sus fundadores son ex priístas que se asumen ignorados de su instituto político que no aceptaron la imposición antidemocrática del elector en turno, entonces a favor de Carlos Salinas de Gortari. Ese numeroso grupo de inconformes optan por una nueva opción democrática, liderados por Porfirio Muñoz Ledo, quien además se da a la tarea de sumar a todos los partidos de izquierda en torno al candidato Cuauhtémoc Cárdenas, quien en una elección muy cerrada, al término de la jornada se declara ganador, sin embargo las instituciones encargadas del proceso sostienen que el triunfo es para Carlos Salinas de Gortari.

A partir de ese momento, el PRI y su militancia optan por caminos, que les ha dividido en dos, más una tercera vía u opción que va conquistando espacios con solida viabilidad a futuro: los que permanecen fieles a sus siglas en el PRI, a pesar del arribo y empoderamiento de los llamados desde entonces tecnócratas, que se fueron apropiando del PRI, que miraban con desprecio las tareas partidistas y privilegiaban los estudios doctorales en el extranjero o en universidades privadas y en segundo lugar, los que fundan el PRD, retomando la bandera de los postulados democráticos y cercanía con la sociedad, que fueran abandonados paulatinamente por los inquilinos del PRI. Y la tercera vía que no debe perderse de vista, Movimiento ciudadano cuyo nombre está sólidamente identificado con su líder, Dante Delgado Renauro, que también formó parte del PRI y que igual que los otros, se distanció.

Es precisamente, este parte aguas histórico en el PRI, lo que lleva al sentimiento encontrado que flota en el pensamiento de muchos priístas, si haber mantenido su lealtad a las siglas de su Partido significó mantener su lealtad a los principios originales de su instituto político o sucumbió al servicio de la ambición de quienes han controlado y usado ese instituto como medio para arribar al poder – parafraseo a Manlio Fabio Beltrones – como si fuera un taxi que se utiliza y luego de usarse se deshecha, desligándose completamente de principios y obligaciones partidistas. Si es así, entonces se obligan a recuperar el PRI por los viejos priistas leales e idealistas para retomar los principios, valores e ideales del Partido original o brincar a MORENA y reconocer en ese movimiento los postulados extraviados o abandonados a su suerte por los últimos jefes del ejecutivo federal priístas electos, quienes tuvieron la  responsabilidad de continuar con las tareas originales, que no lo hicieron, porque no quisieron, o por un exacerbado respeto al principio de no reelección al haber alcanzado su aspiración, que descuidaron su responsabilidad y lealtad al instituto que los postuló, descarrilando así la viabilidad del PRI, que pudo ser evitado si reconocieran que, aunque su responsabilidad en el gobierno terminaba su responsabilidad con el Partido continúa hasta transmitir la decisión a los órganos de deliberación que garantizaran su continuidad democrática y que la militancia la asumiera, liberada de su vocación disciplinaria, también mal interpretada, confundida con servilismo convenenciero, cubierto con la esperanza de un día, verse beneficiada con alguna candidatura.

Creación de Morena.

 El mismo sentimiento de frustración de los priístas lo comparten al interior del PRD los perredistas, que fundaron ese instituto político, con la esperanza de cambiar al país, se toparon con la división que les pulverizo en tribus imposibilitando su operación y que hábilmente López Obrador intuyó que para poder arribar al poder, había que crear un movimiento que lo impulsara para llegar a la presidencia.  El PRD ya no tenía viabilidad, ello obligaba a no dejar perder la fuerza acumulada y capitalizar la fuerza alcanzada, abanderando la inconformidad social almacenada, exacerbando el odio acumulado y encaminarlo, dirigirlo al Partido en el poder y sus dirigentes que podían ser el recipiendario de los abusos, culpas y resentimiento de todos los mexicanos y ese era exactamente el viejo PRI, antecesor del PRD y de MORENA. Ese PRI, que además cometió el error de postular a las gubernaturas a los candidatos corruptos, que al arribar al poder abusaron, lanzando estrepitosamente a su Partido, el PRI a la debacle.

Ahora que López Obrador – que no MORENA como partido – ha llegado al poder  presidencial, que continua pensando como los presidentes anteriores a los setentas, que ejercieron el poder omnímodo, por encima de gobernadores y de los otros poderes legislativo y judicial. Hoy desde la silla presidencial, sabe que el ejercicio del poder desgasta, que su popularidad tenderá a diluirse conforme pase el tiempo y ejerza el poder. Que MORENA cumplió con su objetivo de llevarlo a la presidencia, pero que como Partido Político, no cuenta con la solidez estructural e institucional necesaria, que tuvo el PRI de Calles ni de Cárdenas, desde la presidencia le resulta casi imposible darle esa continuidad, pues paradójicamente su nombre, es sinónimo de MORENA, con la diferencia que uno es persona física mortal y la otra aspira a ser un ente colectivo, jurídico y social, pero sin el liderazgo  que abrigó su aspiración, hay evidencia de que está en su mente la eventual posibilidad de crear un nuevo Partido, que pueda dar fuerza a su sucesión. Sin embargo su sucesora es muy evidente, por lo mismo su fracaso es previsible, la proliferación de aspirantes a sucederlo pulverizará a MORENA, si a ello se suman los errores del régimen, la oportunidad para un nuevo movimiento – que no partidos políticos – está abierta, el sistema de partidos está agotado y debe dar paso a MOVIMIENTOS, que rescaten y entusiasmen al universo electoral, ese es el gran desafío.

Todos los partidos políticos, de todas las tendencias ideológicas, así como los mexicanos, tienen la gran responsabilidad de vacunar al presidente actual de la tentación de perpetuarse en el poder, él, su familia o su partido. El reto de los partidos políticos y movimientos de todas las ideologías, consiste en desprenderse de las etiquetas ideológicas y colores para conformar un gran frente de reconstrucción y renovación democrática, donde derechas, izquierdas y centros tengan la capacidad de frenar y hasta sacrificar a sus liderazgos en torno a un gran proyecto nacional de unidad incluyente, cuya siguiente etapa, aún más riesgosa será, encontrar en cualquier espacio de la oposición, a la mujer y al hombre ideales que garanticen la estabilidad política, económica, nacional, internacional, práctica, segura y cierta, que brinde los resultados inmediatos y esperados que satisfaga las expectativas de los electores, de los mexicanos y del México de hoy.

sadot16@hotmail.com

 

 

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