Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

Los griegos que habían sitiado Troya no hallaban cómo romper el cerco y conquistar la ciudad. Pero no faltó la creatividad y la astucia de Ulises a quien se le ocurrió que construyeran un caballo gigantesco de madera, hueco por dentro y con el espacio suficiente para albergar a los mejores guerreros.

El soberbio animal era un regalo para los dioses y para los troyanos que al verlo se pusieron muy contentos pensando que se trataba del reconocimiento que celebraba su triunfo. Abrieron las puertas de la ciudad y maravillados comenzaron la fiesta. Homero nos cuenta que cuando todos en Troya echaban vivas por la supuesta victoria, los griegos aprovecharon su despiste para salir de la barriga del caballo y sorprenderlos y acabar con ellos.

Muchos regalos son como El Caballo de Troya -aparentan, parecen-, pero con el tiempo, se convierten en verdaderas pesadillas, y ahora es a nosotros a quienes nos está tocando experimentarlo, vivirlo.

Desde hace años púberes legisladores, jueces evasivos, gobernantes trendy, piensan que porque hay que innovar, porque hay que parecernos a otros países, porque hay que demostrar que estamos trabajando, porque hay una consigna, porque la lucha merece una recompensa, porque esto no puede seguir así, porque…, ponen en marcha una serie de propuestas, modificaciones, alteraciones para cambiar las leyes viejas y también para traer unas nuevas que deriven en un mejor vivir para todos.

Pero nada, estos regalos para el pueblo son en realidad trucos que terminan costando mucho más. Sus consecuencias sociales, económicas que nos van sumiendo más en el subdesarrollo y en la desesperanza.

Bravo, bicicletas y motos invaden las calles… Bravo, los juicios ya son orales y se cuida el debido proceso… Bravo, ya podemos consumir mariguana en cada esquina… Bravo, los expresidentes ya no reciben pensión… Bravo, ya ningún funcionario podrá ganar más que los cuatro mil dólares mensuales que gana el presidente… Bravo, ya quitaron las placas que conmemoraban las obras que inauguró Gustavo Díaz Ordaz.

Y podemos seguir enumerando regalos a la población que en realidad son un truco. De los 133, 052,477 de personas que vivimos en México, sólo 71.3 millones somos usuarios de Internet, el resto, unos 62 millones, fíjese cuántos -menos por supuesto ponderaciones por edad-, son ajenos a todas las innovaciones que ofrecen la Suprema Corte de Justicia, los servicios de Salud, la Secretaría de Hacienda, el INEGI, y todas las instituciones que por cuidar la última generación tecnológica, desatienden a una población tan numerosa como la de todo el Reino Unido.

En el último reglamento de tránsito, el de 2015, hay regalos para ciclistas y hombres en moto, entonces, ¿qué pasó?, han aumentado los accidentes. Truco. Aunque pocos entendieron, aunque pocos se capacitaron, aunque muchas veces el circuito cerrado de televisión no funciona, el nuevo sistema de justicia penal ha puesto en las calles a 13 mil reos, entonces ¿qué pasó?, han aumentado los delitos, otro regalo con truco.

En unas semanas más ya no sólo curativo, sino también recreativo, será lícito el uso de la marihuana, y tal vez de la heroína, regalazo. ¿Con qué servicios de salud, con qué presupuesto, se atenderá a un tiempo, la prevención y los excesos en el consumo? Truco.

Y más, si cada uno ganara lo suficiente para solventar sus gastos y hacer ahorros, la corrupción no sólo sería un delito, sino una plena injusticia. A partir de diciembre muchos sueldos irán a la baja, inclusive, cuando menos 5 personas dejarán de recibir pensión. ¿En qué cabeza cabe que al reducir el ingreso se incentiva la honradez? Regalo a los oídos, pero es un truco.

Ay Amieva, sabiendo que ninguna placa llevará tu nombre intentaste borrar del mapa a Díaz Ordaz; tú, por no haber hecho nada, él, por haber hecho de más. Con todo respeto -oración de moda-, ni el gasto era necesario, fue tan absurdo quitar las placas como quitarle a Auschwitz el nombre. Regalo con truco.

Y tantos casos más, que cuestan dinero, espacio, debate. Y tantos casos más que son sólo Caballos de Troya que a la larga son pesadillas. Lo innovadores, los trendy, vuelvan a la realidad. La cuarta transformación no puede ser más un truco cimentado en consultas populares. O se da o el dios de la lluvia llorará sobre México.

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