Por: Rafael Zamora

El pasado 15 de septiembre el aún presidente, Enrique Peña Nieto, dio ante una Plaza de la Constitución llena su último grito conmemorando el 208 Aniversario de la Independencia de nuestro país. Y siendo este su último grito en el cargo, llegó el momento de hacer un balance, un análisis objetivo y justo de lo hecho por y durante esta administración.

Su administración al igual que muchas otras que han pasado por el país, está marcada por escándalos de corrupción, altos índices de violencia y de percepción de seguridad entre otras cosas.

Aunque el actual gobierno presuma ser el sexenio del empleo, al realizar un análisis profundo, el comportamiento de la economía entre 2013 y 2018, el saldo de la situación económica de México es negativo. Se retrocedió en vez de avanzar. Y los cambios “positivos”, como la apertura del sector energético, fueron tardíos, incompletos y acompañados por una administración que se dedicó a saquear y a endeudar de manera irresponsable a Pemex.

Los empleos que se presumen no son nada nuevos, en realidad se deben a la migración del sector informal al sector formal debido a presiones fiscales. Logrando que desaparecieran más de un millón de empleos mejor pagados. Los salarios reales se redujeron por la superación del aumento de precios al incremento de los ingresos de la mayor parte de los trabajadores.

Los ingresos a la clases media se precarizaron. Al bajar la inversión y el crecimiento por más impuestos, inseguridad jurídica y personal, se redujo la creación de verdaderos nuevos empleos.

Y a pesar de todo lo anteriormente mencionado hay “logros” que muchos gobernantes consideran como positivos, como una mayor recaudación en el cobro de impuestos. La saliente administración alcanzó el mayor porcentaje en cuanto a ingresos fiscales con relación al PIB, pero también el mayor gasto público y deuda con relación al PIB en este siglo. Existió la oportunidad de lograr un equilibrio en las finanzas públicas, pero se desperdició al no saber ordenar el gasto público.

Enrique Peña Nieto cierra su gestión con récords en inseguridad, homicidios, robos, inflación y devaluación en este siglo. La corrupción, la desviación de recursos federales en la mayoría de los Estados de la República y la impunidad a los corruptos, aumentaron a niveles récord.

Hay récords en la importación y robo de gasolinas, en la corrupción, en la deuda de Pemex y en el pago de pensiones ilegales y privilegiadas en las empresas estatales. Récord en gastos de publicidad del gobierno federal a medios de comunicación, para que no se hable de los resultados negativos de su administración, que marcan un antes y un después en la mayoría de los indicadores socio-económicos.

En pocas palabras el gobierno de EPN deja un México más pobres, endeudado, devaluado, violento y corrupto, del que recibió ya en aquel no tan lejano 2013, aunque claro, los memes y las risas no faltaron ¿verdad?

 

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