Por: Armando Guzmán | @Armandoreporta | guzmanmediagroup@aol.com

El líder del Senado de Estados Unidos acaba de anunciar que su cámara no revisará en el 2018, el nuevo Tratado de Libre Comercio renegociado por Estados Unidos, México y Canadá. Ese senador se llama Mitch McConnell y aquí le voy a contar brevemente sobre quién es este líder, y sobre cuál es en este momento su estrategia.

El líder del Senado Federal, es siempre quien representa al partido que tiene la mayoría en la Cámara Alta estadounidense y es alguien que obviamente tiene una enorme influencia en absolutamente todo lo que hace el Congreso en Washington.

El poder de McConnell resulta de cómo el sistema parlamentario de Estados Unidos pone en las manos del líder del senado todo el control de lo que ocurra y no ocurra en esa cámara. Desde el calendario de sus votaciones, hasta la presentación de nueva legislación. Así, si el Senador McConnell no da la orden de que algo se mueva… Pues todo se queda quieto y en el sitio en el que está. No se mueve, porque a la visión política de McConnell no le convino políticamente que en ese momento se moviera.

Hoy todos están atentos a McConnell, porque con ese inmenso poder este señor se convirtió de repente en el individuo que salvará o hundirá lo negociado durante más de un año en el nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al que Trump con total falta de imaginación le llama el USMCA (solo trate usted de pronunciarlo).

Al Senador McConnell le sobra en poder todo lo que le falta en carisma, su personalidad no podía ser más desabrida, lo curioso es que su estrategia más que desabrida es siempre impecable. Viendo 30 años hacia atrás los movimientos políticos del senador más poderoso de Estados Unidos, uno queda asombrado, porque todos sus movimientos del ajedrez político de Washington han probado ser los correctos.

Solo revise recientemente el episodio de tres semanas de ansiedad en Washington DC con la confirmación del juez Brett Kavanaugh a la Corte Suprema.
La estrategia fue de McConnell y con ella ganó algo que se veía imposible de ganar, no solo eso, la derrota fue humillante para los demócratas. Debía haber visto a Trump, estaba feliz irradiando poder que no ganó él, fue el poder que Mitch McConnell le regaló.

Este líder del senado forma una mancuerna de poder con Elaine Chao la actual Secretaria de Transporte en el gabinete de Donald Trump, la señora Chao fue Secretaria del Trabajo con George W. Bush cuando McConnell empezaba a ser también el líder de los senadores republicanos. El senador ha representado al estado de Kentucky en el Congreso desde 1984.

En todos estos años McConnell ha sido instrumento y arma de presidentes, y en ese espíritu en el 2006 tanto la Secretaria Chao como el mismo McConnell estaban muy preocupados por George W. Bush y por el partido republicano.

Las guerras en Irak y en Afganistán estaban destruyendo al partido y habían desunido por primera vez en muchos años a la derecha estadounidense. Una tarde cálida y húmeda del verano Washingtoniano, McConnell se apareció en la Casa Blanca y sin cita previa pidió ser recibido por el presidente. Obviamente cinco minutos después estaba en la oficina oval diciéndole a Bush Jr. “Sr. Presidente vine a pedirle que saque a las tropas de Irak, porque si no lo hace nos ira muy mal en las elecciones de medio término del 2008”.

Bush lo miró escandalizado, y entre el presidente mismo y el vice presidente Dick Cheney trataron de disuadirlo; para ambos lo que McConnell demandaba era una locura. Bush se resistió, Cheney se resistió y no le concedieron a McConnell lo que pedía. El resultado fue fatal. George W. Bush, su inexperiencia; Cheney y su arrogancia perdieron las dos cámaras del Congreso y les abrieron las puertas a los demócratas que corrieron a poner la mesa para sentar en ella dos años después a Barak Obama.

Ahora está ocurriendo algo muy parecido. El Senador McConnell cimbró el piso al anunciar que el resultado de las negociaciones de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá no será sometido a examen y revisión del Senado sino hasta el próximo 2019. ¿Por qué? ¿Qué paso? ¡Cómo se le ocurre! ¿Se volvió loco? No, simplemente conviene esperar.

La pregunta que todos se hacen hoy, es qué pasará si las predicciones resultan ciertas y los demócratas se hacen cargo de la mayoría en las dos Cámaras o de la mayoría en al menos una de las Cámaras del Congreso. Si eso ocurre anticipan algunos, lo nuevo negociado del antiguo Tratado Comercial Tripartita durante todo un año, el antiguo TLCAN hoy USMCA, se irá directo al bote de la basura.

El Senador McConnell no piensa así, él cree que los republicanos mantendrán el control de la cámara alta. ¿Pero es eso cierto? ¿Qué pasará con el Congreso estadounidense? ¿Cómo votará?

Bueno eso dependerá de quién gane su mayoría en las elecciones del 6 de noviembre del 2018. Lo que hubiera sido una votación fácil debido al control actual de los republicanos en las dos Cámaras del Congreso en Washington, se acaba de complicar al mil por ciento y se acaba de convertir en tres cosas; un juego de malabares con antorchas prendidas, un sofisticado juego de póker y un difícil juego de estrategia de ajedrez fino.

Ahora acompáñeme a examinar otra posibilidad; que tal si el nuevo acuerdo de tres vías, no llega muerto a un Congreso controlado por los demócratas. La ratificación siempre es complicada porque hay que unir los muy disímbolos criterios de 435 representantes (diputados federales) y de 100 senadores que provienen de todos los rincones de Estados Unidos y que por lo mismo, no tienen el mismo interés en este tipo de tratados internacionales. La otra complicación es que nadie puede saltarse el proceso lleno de vericuetos legales y parlamentarios que complican el paso del paquete en el que está contenido el nuevo tratado comercial que acaban de acordar Estados Unidos, México y Canadá.

Lo anterior anticipa un 2019 lleno de enfrentamientos prolongados entre los 535 miembros del Congreso. Y por eso hay analistas que dicen que este enfrentamiento estaría demasiado divertido para que los demócratas quisieran simplemente matarlo el primer día.

Solo piense usted en la posibilidad de un rechazo rotundo al tratado recientemente negociado por cualquiera de las dos Cámaras del Congreso. Eso le robaría al Presidente Donald Trump, al menos por un tiempo, lo que fue el logro más distintivo de su errática y poco ortodoxa política comercial.

Lo que los demócratas, sobre todo en el senado están diciendo es “Si podemos hacer ver a Trump como un tonto, por qué no extender esa diversión durante varios meses”.

El problema es que durante ese tiempo los dos socios comerciales de Estados Unidos se hundirían otra vez en la incertidumbre. Porque a pesar de que el viejo NAFTA o TLCAN está aún vigente no hay peor enemigo de los negocios que la incertidumbre.

Pregúntese usted ¿qué pasaría con México y con Canadá? Hay enormes dudas de que los dos países se sentarían a esperar, especialmente porque sus economías se verían afectadas y con ellas los tipos de cambio de sus monedas.

Y no solo eso. Las empresas estadounidenses que tienen ya cadenas de producción con México y Canadá serian afectadas también, todos se quedarían vigilando nerviosamente, lo que ocurra en el Congreso y temiendo que Trump pudiera llevar a cabo su última amenaza: cancelar el antiguo TLCAN como una táctica de presión, ante la nueva mayoría demócrata del Congreso. “Ojo” nada de esto es fantasía: Todo lo anterior no está fuera del ámbito de lo posible.

Los analistas ven el asunto así: los nuevos demócratas que desprecian al presidente, estarían reacios a entregar algo que siquiera se asemeje a una victoria política de la Casa Blanca. En ese ambiente, simplemente podrían optar por rechazar cualquier cosa que se les presente para su aprobación (aunque el nuevo acuerdo comercial favorezca a Estados Unidos mucho más que lo que le favorecía el anterior) los demócratas jamás le darán una victoria a Trump.

En el Congreso de Estados Unidos hay dos Comités o Comisiones Congresionales que son cruciales en cualquier tema de dinero. El Comité de Finanzas en el Senado, y el Comité de Medios y Arbitrios en la Cámara de Representantes.

En este último, el congresista Richard Neal es clave porque es el demócrata que caso de ganar los demócratas la elección del 6 de noviembre se convertiría en su presidente. Como le conté al principio de esta nota el partido que controla la mayoría parlamentaria asume no solo el liderato de la Cámara de que se trate, sino también de todas la presidencias de todos los comités legislativos de esa Cámara, y así el congresista Neal de la noche a la mañana se convertiría en “Don Dinero” y en cuanto al nuevo USMCA, Neal ha dicho muy claramente: “el precio para apoyar un nuevo TLC será muy alto”.

Trump a veces dice cosas razonables y una de ellas ha sido que cualquier cosa que él envía al Congreso termina convirtiéndose en un problema. ¡Tiene tanta razón!

Pero en justicia no solo Trump ha tenido que lidiar con congresos difíciles, los 44 presidentes antes que él, han pasado por esa misma tortura. Claramente todo lo que cualquier presidente envía al Congreso se convierte en un problema.

Por eso es que los tratados comerciales son escudados con la etiqueta de la “Vía rápida” el “Fast Track”, porque con eso se evita que haya debates interminables, y se imposibilita también a que los 535 miembros del Congreso intenten siquiera imponerle a los tratados internacionales 535 enmiendas o parches. La regla es que una vez que los acuerdos se ponen en manos del Congreso, este lleve a cabo dos votos, una en cada cámara y que esto se haga, rápido y sin mucho teatro.

Pero todo lo anterior suena muy bonito y solo ocurre en teoría. La realidad es que Trump ya aprendió que en Washington, nos gusta ver cuando nuestras víctimas se retuercen en dolor y por eso también anticipó que en cuanto a una aprobación del nuevo USMCA o TLC, o como quiera que se llame, nada está asegurado aún, ¡nada! y eso incluye, ni aprobado, ni rechazarlo.

Vea usted a la distancia y dígame que ve en el firmamento ¡Exacto! La elección presidencial del 2020. ¿Si usted fuera congresista o senador demócrata qué pensaría que es su misión inmediata en esta vida? ¡Exacto otra vez! ¡Derrotar y humillar a Trump! Muy bien, ¿ve usted? ya estamos en la misma página.

Ahora la gente del Presidente con Trump, incluido dicen que los demócratas ni siquiera conocen a fondo a lo que se están oponiendo y que automáticamente sea lo que sea, sus respuestas a cualquier iniciativa republicana o de Trump siempre serán de oposición. Eso es muy cierto, es exactamente lo que los republicanos le hicieron a Obama, y es parte del manual de operaciones normales de Washington.

Lo único verdaderamente distinto es que Trump, al igual que otros presidentes antes que él, jamás se tragaría las humillaciones que los republicanos le zamparon a Obama y que Obama se tragó sin pelear. Trump no se va a rendir tan fácilmente.
Pero, alejémonos de los partidismos y pensemos como gente razonable de edad adulta. Existen hoy un montón de factores que están afectando el pensamiento de los futuros legisladores y su visión de cómo votar sobre el TLCAN. El problema es que hay que preocuparse porque la mayoría de esos factores no tienen nada que ver con mantener buenas relaciones con Canadá o con México.

Se trata más de cómo navegar por la politiquería de cómo quitarle la presidencia a Trump. Créame ni siquiera las necesidades económicas de los propios distritos que los congresistas, les desalentarían a jugar el muy excitante reto político de inhabilitar a Trump. Y eso empezará en enero del 2019.

El temor razonable que existe es que incluso después de las difíciles negociaciones de lo que fue NAFTA o TLCAN, y que a tres bandas duraron de agosto del 2017 a octubre del 2018, el ambiente general en el congreso muestra decenas de razones estructurales para que los demócratas voten en contra del pacto.

Un ejemplo de los pretextos que podrían usar para votar en contra, es que muchos de los demócratas en el próximo Congreso dicen que los funcionarios de la administración no siguieron adecuadamente las leyes de vía rápida a lo largo del proceso de negociación.

Como le dije ya, la ley de vía rápida permite que el nuevo acuerdo pase por el Congreso con solo un simple voto a favor o en contra, sin que los legisladores adjunten enmiendas que confundan el lenguaje ya acordado. Pero este proceso requiere también, que los negociadores mantengan al tanto de lo que ocurre a los dos Comités que mencione, el de finanzas en el senado y el de medios y arbitrios en la Cámara baja. Sin que sea una sorpresa el gobierno arrogante e ignorante de Trump no mantuvo informado a nadie y hoy los legisladores demócratas, tienen un pretexto más para estorbar.

Resulta que con todos estos pretextos anteriores los demócratas aducirán en enero del 2019, que no es solo el contenido del tratado, sino la forma en que fue negociado, lo que les impide apoyarlo.

Bill Pascrell que es un congresista demócrata de Nueva Jersey, que hoy es el miembro demócrata de más alto rango en el Subcomité de Comercio, del Comité de Medios y Arbitrios de la cámara baja. En agosto, Pascrell pidió una audiencia con los negociadores de Estados Unidos para consultar sobre los cambios que México y Canadá habían propuesto durante la larga negociación.

Ya se imagina que pasó con la petición de Pascrell, los negociadores de Trump, se rieron de él. Hoy Pascrell en venganza dice que hubo un muy serio “fracaso por parte del Congreso para hacer valer su autoridad legítima constitucional en las negociaciones comerciales”, y que por lo tanto, las negociaciones en total “podrían haber estado en conflicto durante todo el año de la negociación y que con ese conflicto de por medio, el propósito y la letra de las leyes de vía rápida” no se cumplieron.

Le cuento todo esto porque si los demócratas tienen éxito en noviembre y le arrebatan a los republicanos aunque sea una escasa mayoría en la Cámara de Representantes, el nuevo acuerdo del TLCAN o del USMCA como le dice Trump, enfrentará una ardua batalla para convertirse en ley.

Le repito: Un acuerdo de tres vías completado no necesariamente estará muerto a su llegada a un Congreso controlado por los demócratas, pero tampoco sería conclusión inevitable que los legisladores lo aprobaran.

Si los republicanos mantienen la mayoría la aprobación del nuevo tratado renegociado entonces su aprobación estaría más que garantizada. Para finalizar regresando a Mitch McConnell hay que decir que el líder del Senado, está usando lo que la ley marca como pasos de procedimiento para garantizar que no haya una votación en el pleno de su cámara hasta que el próximo Congreso haya sido juramentado. Él ve claramente que si los demócratas ganaran también control del senado eso cambiaria totalmente el juego sobre el viejo TLCAN, y quizás toda la energía del congreso no se usaría para nada más que para tratar de sacar a Trump de la presidencia antes de que su periodo concluya en enero del 2021.

En ese ambiente lo que muchos temen es que Trump en un arrebato “de que lo que no es mío, no es de nadie”, podría considerar lo impensable. Terminar de repente con el tratado y sacar a Estados Unidos del acuerdo.

Pero el Senador Ron Widen demócrata de Oregón ya se adelantó a eso advirtiendo que “el Presidente necesita revisitar la Constitución, para darse cuenta que la máxima autoridad legal en el país le otorga al congreso la potestad para autorizar y desautorizar los acuerdos comerciales internacionales” y por lo tanto concluye diciendo “El presidente Trump no puede sacar a Estados Unidos del TLCAN porque para eso, requerirá de un permiso del Congreso”.

Con todo esto, la pregunta más razonable es: ¿Cuál es el juego que prepara McConnell? Por ahora, esperar con mucha calma y mucho temple a que la moneda caiga del aire y ya en el suelo nos diga quien ganó la elección de medio término.

Una vez que haya una mayoría y un ganador, entonces veremos si la seguridad de aprobar el tratado tiene un precio. Eso ocurrirá hasta finales de enero. Mientras no se preocupe nada ha cambiado y el tratado comercial ratificado por los tres países en 1994 sigue siendo lo que rige las relaciones comerciales de los tres países socios. El NAFTA o TLCAN, no tiene fecha de caducidad.

El otro consuelo que le puedo ofrecer es que de aquí a enero del 2019 mucho más puede ocurrir y por eso Mitch McConnell no pierde la compostura. El viejo senador sabe que es muy temprano para saber cuál es el precio de una victoria. Lo que tanta experiencia si le dice, es que en Washington todas las victorias tienen precio.

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