Por: Gabriela Rojo | Comunicóloga

Los gobernantes o aspirantes a gobernantes, no logran conectar con los ciudadanos “millenials” y es un reto en estas próximas elecciones del 2018.

A raíz de los desastres naturales del 7 y 19 de septiembre pasados, todos han señalado la actitud de ayuda y solidaridad que mostraron los millenials para salir a las calles a colaborar.

Les comparto una experiencia personal; vivo en la Ciudad de México en la zona que tuvo mayores afectaciones, salí a recorrer las calles vecinas para saber cómo se encontraba alrededor: edificios derrumbados, otros dañados severamente, sin luz, fugas de gas y tiendas ya casi sin alimento. En el ambiente podías respirar el polvo.

Cada quien ayudó en la medida de sus posibilidades. Compartí momentos con vecinos de la colonia, entre rescatistas y gente que venía de municipios del Estado de México a ofrecer comida y colaborar armando despensas para los afectados.

Un par de días después del terremoto, me reuní con unos amigos, estábamos inmersos en el estrés de ver las calles tristes, cansados y pendientes del sonar de la alerta sísmica, por lo que nos reunimos para relajarnos un poco. Así que fuimos por un amigo que se encontraba en las labores de rescate del multifamiliar Tlalpan, nunca nos habíamos visto sin arreglar, así que por primera vez nos veíamos desaliñados, cansados, algunos sudorosos y en ropas de trabajo duro.

En un lugar de Coyoacán platicamos sobre nuestras experiencia del terremoto, me sorprendió que algunos confesaban haber sido hijos consentidos y además, jamás habían sido expuestos al trabajo arduo o físico, su formación y profesión son muy artísticas, por lo que nos causaba gracia que ahora les doliera todo el cuerpo por cargar agua, botes de escombros o estar horas parados entre el sol y el polvo.

Estaba sorprendida y orgullosa de ellos, porque salieron a ayudar sin que nadie se los pidiera, “cada quien desde su trinchera” dijo Carlos, clarinetista de la Filarmónica de las Artes, algunos habían acudido a dejar medicamento y alimentos, otros acudieron a clasificar medicamento con sus familias, en el caso de Francisco Rebolledo “Pancho” proveía de agua a los rescatistas y mientras transcurrían las horas, vio como sacaron algunos cuerpos de entre los escombros.

Entre la conversación coincidimos en que algo cambió en el ambiente de las zonas afectadas. En los lugares donde estuvimos había todo tipo de personas conviviendo sin distinciones de nada, decían: “la chica fresa de Polanco, los hípsters de la Roma, el ñero de Iztapalapa ayudando a los de la Condesa, una combinación de personas donde no importaba de dónde fueras ni quién fueras, todos ayudando sin importar nada.”

“¡Las clases sociales se rompieron, ya solo existen dos clases sociales: La gente y los políticos!”, dijo Pancho, quien es violinista del ensamble musical Triciclo Circus Band.

Aunque gobernantes de los estados y zonas afectadas, así como el presidente, salieron a mostrar su apoyo y solidaridad mediáticamente o incluso en las calles, no se sintieron cercanos a la gente, porque iban de visita, incluso fueron abucheados. Las personas que acudieron a colaborar, convivieron, comieron, durmieron en las zonas, de manera voluntaria y con un sentimiento invaluable que podías percibir. No por obligación ni compromiso, sino por la calidad humana.

Los gobernantes o aspirantes a gobernantes, no logran conectar con los ciudadanos “millenials” y es un reto en estas próximas elecciones del 2018. Deben aceptar que los tiempos cambiaron y tienen que hacer campañas realmente cercanas a la gente y usando las herramientas que la tecnología ya nos aporta, no solo tomándose la foto con personas de distintos estratos, oficios y profesiones.

Varios no habíamos nacido en el terremoto de 1985 y esta experiencia, aunque muy dolorosa, nos dejó ver que organizados y con un sentimiento verdadero podemos lograr grandes cosas.

 

 

 

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