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Duchamp y Koons. En el Museo Jumex se exhibe una de esas exposiciones que atrae miles de asistentes, garantiza largas filas hasta su cierre y muchas selfies en redes sociales. Pero no debe ser tomada a la ligera, ya que plantea dos de los dilemas más actuales del arte: ¿es arte un objeto descontextualizado de su intención utilitaria y exhibido en una sala como tal?, y ¿es mercado y público quienes determinan el valor de una obra?

Desde el año 1912, en tiempos del Dadaísmo cuando Marcel Duchamp firma como propios y exhibe los ready – made, objetos de función diversa y ajena a la exaltación de la belleza (como un orinal, un peine, una rueda de bicicleta o un portabotellas y otros objetos con fines prácticos específicos), se establece lo que podría parecer una fuerte crítica al arte y sus promotores, al demostrar que cualquier objeto puede ser promovido como tal por mera elección arbitraria del artista.

Lejos de ser recibidos por el público y especialistas con un ojo crítico y discutible, y un poco con la ayuda del Surrealismo y las variantes que surgieron después, los ready made fueron celebrados y han sido emulados hasta el hartazgo y nuestros días. Sin querer, ese orinal parece haber definido lo que vendría años después: el arte, en lugar de conocimiento y emoción, se volvió moda y estilo, un recipiente para desechos. Con sus notables excepciones así ha sido hasta nuestros días, cuando alguien como Jeff Koons puede hacerse millonario y ser referencia del “arte de hoy” al exhibir enormes figuras con globos, similares a los más sencillos y menos creativos regalos de un payaso ejerciendo su oficio en una fiesta infantil.

Pero hay esperanza: si a la oscura Edad Media siguió el Renacimiento, y al Barroco decadente el Neoclásico, pienso que debemos esperar algo mejor en el futuro inmediato; si como museos y subastas nos confirman lo kitsch siegue siendo vanguardia, entonces saber dibujar, emplear técnicas y materiales y crear obras con fondo e intención será la bandera de quienes nos lleven a una nueva y próxima ruptura, y nombres como Hirst, Koons o Gabriel Orozco pasarán a ser sólo la anécdota de tiempos difíciles para la humanidad y al final polvo de una noche estrellada que, ésa sí, ya es parte del inconsciente colectivo y hasta la memoria genética del ser humano.

 CINE

Witkin & Witkin.  Filme realizado por Trisha Ziff, directora inglesa y naturalizada mexicana, quien realiza un excelente documental sobre la vida y trayectoria de Joel Peter Witkin, uno de los fotógrafos más reconocidos desde hace un par de décadas y afamado por sus escenas transgresoras, y las de su hermano gemelo idéntico Jerome Witkin, pintor hiperrealista, que a decir verdad yo desconocía. Este documental nominado al Ariel gira alrededor de la exposición, que llevó el mismo nombre de la película y fue organizada en la ciudad de México hace un par de años, donde se exhibió por primera vez el trabajo de ambos. Un recuento sobre la trayectoria, vital y artística del Witkin fotógrafo y el Witkin pintor, desde su niñez estrechamente compartida pasando por un alejamiento juvenil y una distancia y bifurcación de caminos, en apariencia distintos, pero que en el fondo reflejan una misma pulsión vital llena de una gran y muy particular fuerza creadora.

 El sueño del Mara´akame. Producida por IMCINE y el CUEC llega a las pantallas este filme que narra la historia de Nieri, un joven wixárika o huichol que se debate entre seguir las tradiciones de su comunidad y convertirse en curandero a instancias de su padre, o entregarse a su verdadera pasión que es la música. Con escenas en la ciudad de México y distintos sitios sagrados de los huicholes, entre ellos Wirikuta en San Luis Potosí y la sierra Norte de Jalisco, la película narra uno de los dramas que los huicholes viven día a día, producto del sincretismo cultural de una de las pocas comunidades mexicanas indígenas que, hasta hace algunos años, era considerada una de las más ajenas a lo que conocemos como vida moderna de las ciudades. Una fotografía realmente hermosa, tanto por locaciones como iluminación; la presencia de actores no profesionales, pero con una extraordinaria capacidad de transmitir emociones, como ya viene siendo usual; un lenguaje a veces poético, por momentos crítico, pero sobre todo honesto, y un tema muy particular en el cual muchos de los espectadores se podrán ver reflejados.

Como es de suponerse, este film no ha recibido los apoyos necesarios para su exhibición, y es necesario estar atentos a su programación en distintas salas y ciudades, pero en las redes sociales de la película y productora está toda la información.

ESPORA

A un año de la victoria electoral de la izquierda mexicana que la llevó al gobierno, ¿será ya momento de evaluar el desempeño gubernamental en el ámbito artístico y cultural? Tal vez no: décadas de neoliberalismo y gobiernos corruptos no se revierten tan fácil y además si consideramos que, hasta el momento, las principales noticias del ámbito han sido la renta del Palacio de Bellas Artes para la realización de un evento con tintes religiosos y el cancelado homenaje al apóstol de Jesucristo célebre por sus escándalos sexuales, la pretendida y urgida atribución a la voz de Frida Kahlo de un audio sin sentido e interés así como la aún permanencia de las becas y privilegios del FONCA hacia unos cuántos y reiterados “creadores” que lo que menos necesitan es dinero para subsistir y de paso privan del trabajo de miles de artistas sin sus contactos burocráticos o interés monetario. Mejor esperemos. Un par de años. O cuatro. Seis.

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