Por: Leonel Serrato Sánchez | |Analísta Político

Aunque seis años pueden parecer mucho tiempo, basta preguntarle al propio López Obrador cómo se le han hecho estos últimos tres lustros, y veremos que se trata apenas de un suspiro.

En una colaboración anterior para Círculo Rojo, antes de su actual formato de revista, apuntaba que tras las elecciones mexiquenses el escenario electoral había cambiado en forma dramática, y no por el resultado predecible de una muy cuestionada victoria del Partido Revolucionario Institucional PRI, sino porque el Partido Acción Nacional PAN estaba intentando resolver una dicotomía: demandar la higienización de los comicios en Coahuila –por lo demás tremendamente sucios y fraudulentos– para dar pie al triunfo panista, o anularlos, y por otro lado hacerse de la vista gorda, voltear para otro lado, en los del estado de México –probablemente aún más sucios que los norteños– porque solicitar su limpieza hubiera implicado el triunfo de la maestra Delfina Gómez y el consiguiente empoderamiento de MORENA.

 

En el Estado de México el “ayudante” del PRI fue el Partido de la Revolución Democrática, precisamente con Juan Zepeda, el candidato a contrapelo de una corriente que ahora tiene mucho poder al interior del Sol Azteca y que con sus muchos votos evitó que MORENA arrasara.

 

El Jefe Nacional panista, Ricardo Anaya Cortés debió ponderar entonces que el éxito de su eventual candidatura presidencial en 2018 pasaba por el hecho de concretar una aliaza electoral y política con el PRD, por lo que no podía permitirse el lujo de agraviarlos o incomodarlos.

 

Al final el PAN dejó fluir las cosas, y eso emproblemó las cosas en Coahuila, pero, y es lo más grave, empoderó a la corriente a la que pertenece Jesús Zepeda y que lidera Héctor Bautista, la llama Alternativa Democrática Nacional ADN, que ahora presiona fuertemente para que naufrague el Frente Ciudadano por México.

 

ADN cobró una relevancia mayor cuando se pudo observar el éxito que tuvo con la candidatura disruptiva de Zepeda, y necesariamente debe contarse con esa tribu para que transite adecuadamente la participación electoral conjunta del PAN, el PRD y el Movimiento Ciudadano MC en todo el país, y mire Usted, que ese camino está empedrado de toda clase de problemas, ya no piense en las decisiones cupulares nacionales, sino hasta en cada pueblo, municipio, distrito y entidad federativa en donde la corriente ha crecido y ahora toma decisiones.

 

Para muestra del parque que posee, baste una munición harto controvertida: San Luis Potosí, en donde el grupo que controla totalmente al PRD es un movimiento que no se pueden entender cabalmente si no se estudia el fenómeno de José Luis Abarca en el municipio guerrerense de Iguala, acá el apellido es Gallardo, y la “gallardía” es el estrambótico movimiento que encabeza, del que Usted probablemente tenga pocas noticias, pero que fue objeto de un reportaje demoledor en el programa que encabeza Carlos Loret de Mola en Televisa hace apenas unas semanas.

 

Así está todo el país, un PRD fragmentando –como no podía ser de otra forma, pues obedece enteramente a su esencia– y un PAN acotado por las aspiraciones de su líder Ricardo Anaya.

 

Si el PRD no suscribe la coalición electoral con el PAN y el MC se deberá en gran medida a que ADN se negó, y que prefiere obtener prebendas de una alianza de facto con el Partido Revolucionario Institucional PRI para llevar la elección presidencial de 2018 no a tercios, sino a cuartos, en el que el mejor 25 % ganará por un margen de tan estrecho, peligroso para la estabilidad nacional.

 

Miguel Ángel Mancera ya aparece recuperado de las afectaciones personales y políticas que sufrió con los terremotos de septiembre pasado, y ha levantado la mano para encabezar a la eventual coalición PAN, PRD y MC… o sólo al PRD, si no se concreta la alianza.

 

El cuidadoso diseño interior que llevó a cabo durante años en el PAN su dirigente nacional Ricardo Anaya, el escrúpulo y tacto con el que Dante Delgado ha ido conduciendo a los jalisciences que mayoritean al MC, se estará deslizando por una espiral descendente, un tobogán de impredecible diseño si los demonios desatados por el éxito de ADN en sus estrategias de negociación con el régimen se imponen y deciden ir solos.

 

Destruir al Frente Ciudadano por México en su delicado paso a convertirse en coalición electoral puede garantizar el triunfo electoral del PRI y sus aliados, dejar en el camino, como un cercanísimo segundo lugar a MORENA, y relegar al PAN y al MC a un tercer lugar apenas testimonial; la suerte del PRD no importará tanto como sólo conservar el registro, unos cuantos senadores y un número percetible de diputados federales, porque habrán retenido una franquicia que puede rendir pingües dividendos a unos cuantos dirigentes, y un cataclismo para todos los demás, incluido Andrés Manuel López Obrador AMLO, que si no va al Palacio Nacional, iría, según sus propias palabras, al rancho La chingada, en Palenque, Chiapas.

 

Los personajes que impulsaron a Zepeda como candidato a gobernador en el estado de México dinamitarán sin contemplaciones al Frente si con ello logran mantener su no tan pequeña parcela de poder, usando al efecto como candidato a Mancera.

 

Hay una solución, pero pasa por la declinación de Ricardo Anaya, y es que la coalición que finalmente se forme postule al todavía Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; el resultado de esa candidatura sería el desmantelamiento de las tribus perredistas, y de las oposiciones panistas, el cerrojazo final de las acusaciones en contra de Anaya, su engrandecimiento como estadista, y la consolidación de su liderazgo total, no sólo en el PAN, sino en la oposición en su conjunto, porque sería el único interlocutor válido ante el Presidente de la República, que, apuéstelo, no sería otro que AMLO.

 

Anaya tiene tiempo para replantear sus aspiraciones presidenciales, es el más joven de los dirigentes nacionales de los partidos políticos, y sin duda, el más avezado, el más calculador, el más decidido a llegar, también por eso es el más atacado después del dirigente de MORENA.

 

Aunque seis años pueden parecer mucho tiempo, basta preguntarle al propio López Obrador cómo se le han hecho estos últimos tres lustros, y veremos que se trata apenas de un suspiro.

 

Si los perredistas de las tribus destruyen al Frente preservarán sus canonjías, si Anaya les adelanta por la izquierda postulando a Mancera, se llevarán todos un frentazo de proporciones épicas.

 

 

 

Leonel Serrato Sánchez

22 de noviembre de 2017

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