Llegó a México en el año de 1966 sin conocer a nadie, sin hablar nuestro idioma y con apenas un puñado de libaneses en el país para él ser su pastor espiritual. Terminó siendo uno de los hombres más queridos en México, “el amigo de todos”, le decían. Falleció el pasado 14 de junio y deja tras de sí un vacío, pero también un legado de amistad y ejemplo.  En Círculo Rojo nos honró siendo nuestra edición “número cero”, pero ante todo, inspirándonos a hacer más por México y luchar por alcanzar los sueños. 

Por: Saira Muñoz Gámez.

Un amigo me decía que a falta de hermanos él tenía muchos amigos, porque la vida es muy dura para afrontarse a los retos en soledad, pero también demasiado maravillosa para no ser compartida. Los amigos son pues ésos hermanos por elección que vamos dejando en nuestro paso por la vida.

Sin embargo, hay personas que son capaces de tocar tantos corazones, mover tantas consciencias y cultivar tantas relaciones, que su paso por este mundo se convierte en una travesía excepcional, llenándola de hermanos por elección, amigos para toda la vida. Tal es el caso del Arzobispo Antonio Chedraoui Tannous, a quien sus amigos llaman Sayedna, el término árabe para algo equivalente en el catolicismo a “Monseñor” y quien hoy es Arzobispo Metropolitano de México, Venezuela, Centroamérica y El Caribe de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioqueña.

 Sayedna llegó a México en el año de 1966 procedente de su natal Líbano donde se había ordenado Sacerdote en 1958 en el seno de su iglesia, la Iglesia Ortodoxa de Antioquía. Nacido en Trípoli el 17 de enero de 1932, Chedraoui creció y estudió en ésta ciudad hasta el concluir el bachillerato. Posteriormente cursó sus estudios profesionales viajando a Atenas, Grecia donde estudió en la Universidad de Atenas las licenciaturas de Teología y Filosofía. Había sentido el llamado de Dios y estaba preparado para entregar su vida a él.

“No soy más que un hombre entregado al Servicio de Dios, que es el servir al prójimo”, nos dice en durante la larga entrevista exclusiva que concedió a Periódico ESPACIO.

Llegamos quince minutos antes de la hora pactada al lobby del hotel donde se había acordado que sería la entrevista, “el Arzobispo es muy puntual”, nos había advertido Roberto Abraham Mafud, amigo de él. Y ahí estaba Sayedna; cabellos canos que reflejan el paso de los años, espalda rígida con porte señorial, una imagen religiosa pendiendo de su pecho y, eso sí, una cálida sonrisa de recibimiento. “Eminencia hemos llegado antes de la hora acordada, pero si gusta esperamos”, le decimos tratando de no ser inoportunos. “De ninguna manera, un gusto recibirlos” contesta con una sonrisa. Acto seguido nos ofrece que pasemos a su habitación para poder platicar “más cómodamente y que se grabe bien la entrevista”. Y es que él sabe que su voz tiene un timbre especial, es un tono áspero, bajito cuando esta hablando despacio y alto cuando está haciendo gran énfasis en alguna aseveración, el mismo tono que todo gran orador usa y él entiende perfectamente cómo manejar.

El Arzobispo Chedraoui es un hombre de poder, sin buscar ser poderoso. Cercano a los presidentes de México y a otros líderes mundiales, amigo de algunos de los más grandes empresarios del país, ha estado permanentemente cerca del poder. Sin embargo es más bien un hombre que se conduce con humildad y que por lo mismo inspira respeto.

Llegamos a su habitación donde hay una pequeña salita y ahí nos ofrece sentarnos. Previo a encender la grabadora le platicamos un poco sobre qué temas queremos entrevistarlo -su vida en México, sus legendarias comidas de cumpleaños, su amistad con los presidentes- y haciendo un ademán con la mano dice “Adelante, adelante, de lo que quieran podemos hablar”.

Comenzamos con su llegada a México en el año 1966 cuando la Iglesia Ortodoxa le nombra Obispo y le manda a México. Sayedna nos confiesa que no quería venir “desconocía México. Cuando me ofrecieron venir nunca quise, pero vine y no me arrepiento. Porque México es lindo, el pueblo mexicano es extraordinario. Y el calor que he encontrado aquí me hace siempre adorar más a éste país y amarlo más y más. Con todos los problemas, México es un paraíso”.

 En los años sesenta cuando el Arzobispo Chedraoui llegaba a México aún existía ése laicismo extremo en lo que él mismo llama una “hipocresía del Estado”. Cuenta que “hablaban de laicismo y decían -un clérigo extranjero no puede entrar al país-Cuando buscaba mi visa me dijeron puede entrar como profesor o como maestro, pero dije, no, yo voy a entrar como Obispo”. Y así fue, tuvo que esperar algunos meses pero finalmente lo logró.

 Qué paradojas, llegar a un país sin hablar el idioma, sin conocer a nadie y ahora ser uno de los líderes mejor relacionados de México. Y es que el Arzobispo Chedraoui realiza anualmente una comida de cumpleaños a la que asisten hasta dos mil personas, entre fieles de su Iglesia, empresarios, políticos y amigos de hace muchos años de Sayedna. A estas fiestas han acudido personajes como Enrique Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Slim, Vicente Fox y muchos otros.

 Pero el Arzobispo es enfático en un tema: la unidad por encima de las diferencias. Y suavemente desliza el tema político para afirmar “tengo amigos en todos los partidos. Me quieren, los quiero, puedo estar en desacuerdo con una idea, pero eso no significa que seamos enemigos. No debe ser la diferencia de opinión un problema de enemistad. Hoy debemos de hablar con ideas diferentes, sin que esto impida que seamos amigos”. Es un tema en el que él es muy reiterativo, buscando, insiste, “lo mejor para México”. Y precisamente sobre eso le pregunto acerca de las elecciones presidenciales y la contienda actual: “estamos en unas elecciones que pedimos que dejen los candidatos las guerras sucias, los golpes bajos. Eso no construye un país sino que lo destruye. Vamos a ir a propuestas y no a guerras sucias. Que nos ofrezcan sus programas, sus proyectos, no queremos escuchar sus insultos y sus guerras sucias” declara enfático el Arzobispo y continua “unos me dicen que tengo muchos amigos priístas y sí los tengo, pero también muchas veces me difiero con ellos en algunas opiniones y eso no significa que nos enemistemos”.

Y es que efectivamente el Arzobispo Chedraoui tiene grandes amigos que son priístas pero sorprendentemente el Presidente de la República con quien más amistad ha tenido es con Vicente Fox  “con él he tratado de muy cerca, porque tenemos el grupo Por México que fue fundado para ayudar a México a través del presidente de la República. Casi al mes nos invitaba a comer tres o cuatro veces, y había ocasiones que en la semana hasta dos veces”.

Con una lucidez impresionante y una inteligencia privilegiada, Sayedna comienza a recordar a cada presidente, de acuerdo al orden del sexenio que ocuparon y cómo fue su relación con ellos. “Con el licenciado Echeverría la relación no se dio cuando él era presidente sino en años recientes. Con José López Portillo sí, lo veía hasta sus últimos años cuando ya andaba en silla de ruedas. Mientras que con Miguel de la Madrid tuvimos una comida del grupo Por México. Pero sí hubo buena amistad con Carlos Salinas de Gortari, con el ex presidente Ernesto Zedillo. Y con Vicente Fox es con quien he tratado de muy cerca. Con el actual presidente tuve mucha relación como secretario de Energía y una muy buena relación ahora que es presidente”.

 El tiempo apremia y la entrevista concluye porque están llamando a la puerta. “Es el Gobernador” anuncian, acto seguido entra Roberto Borge, Gobernador de Quintana Roo. El Arzobispo Chedraoui se pone de pie y lo recibe con una bendición y un abrazo muy afectuoso. Y con ésa imagen me quedo y concluyo: por eso la gente quiere tanto a Chedraoui, porque él demuestra tanto cariño con la gente. Como mi amigo que no tenía hermanos, él se ha dedicado a sumar tantos y tantos amigos, que son nuestros hermanos en vida.

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.