ERICK GUERRERO ROSAS | Presidente de Consejo Editorial y Director General | @ericktvazteca

“Llegó el momento de sujetar al Banco de México y sus funcionarios a un sistema efectivo de rendición de cuentas y no sólo de transparencia en la información para castigar abusos”.

En las escuelas de economía y los libros de texto se nos enseña que un país debe acumular reservas de divisas en su banco central para evitar la fuga de capitales y violentas devaluaciones de su moneda que empobrecen a la mayoría. Entre más altas sean las reservas, más protegidos y seguros estaremos, se nos dice. Son una especie de “blindaje financiero”.

 

Esta afirmación se da por hecho. Como verdad absoluta, nadie la cuestiona, todo mundo la da por válida. Pero lo que nunca nos dicen es que acumular esas reservas de divisas tiene un costo. Y que a veces se utilizan para subsidiar, para absorber las pérdidas o para proteger las ganancias de grupos privilegiados, de los consentidos del sistema; de los favoritos de las élites en un capitalismo que podemos llamar “de cuates”, en dónde se protegen unos a otros….dónde juegan el papel de cómplices. Me explico…

 

Al 22 de diciembre de 2017, las reservas de divisas del Banco de México sumaron 172,456 millones de dólares. La mayor parte están invertidas en Bonos del Tesoro de los EU que ofrecen un rendimiento infame, de los más bajos porque actualmente las tasas de interés en países desarrollados se encuentran en niveles históricamente bajos. Esas divisas, invertidas en otras opciones, generarían un rendimiento más alto.

 

La pregunta es: ¿son muchas o pocas reservas? La CEPAL (Comisión Económica para América Latina, organismo dependiente de la ONU), estima en un estudio reciente (“Acarreo de Divisas y Costo de las Reservas Internacionales en México”, Revista de la CEPAL no. 123, diciembre de 2017, págs. 177-179), asegura que mantener ese nivel de reservas de divisas nos ha costado a usted y a mí, a los ciudadanos, un promedio de 2% del PIB (Producto Interno Bruto o monto total de la riqueza nacional) que equivalen ni más ni menos a diez veces más de lo que invertimos cada año en programas de combate a la pobreza o cuatro veces más el presupuesto asignado, también cada año a la SEDESOL (Secretaría de Desarrollo Social).

 

En pocas palabras, mantener ese elevado nivel de reservas nos cuesta mucho más que lo que gastamos en combatir la pobreza. Pero además de ese costo que bajo cualquier parámetro es muy elevado, a veces se utilizan para alimentar las ganancias de los bancos más poderosos del país.

 

Eso sucede cada que el Banco de México en las llamadas “operaciones de mercado abierto”, sale a vender dólares al mercado u ofrecer coberturas cambiarias. En la última semana de diciembre del año pasado, Banco de México inyectó liquidez en tres ocasiones por un equivalente a 1,400 millones de dólares en total. Que yo recuerde, nunca antes lo había hecho en un período vacacional de fin de año.

 

¿A quién salieron a venderle las coberturas? A siete grandes bancos que son los únicos que pueden participar en las subastas. A los más grandes y poderosos. Se les garantizó que ellos pagarían a finales de enero, dólares (su equivalente en pesos) a $19.62 en promedio, aunque el dólar ande a $21 en la fecha de vencimiento de los contratos. ¿Quién absorbe la pérdida?

 

Usted y yo, los ciudadanos a través del Banco de México, que salió a ofrecerles coberturas baratas a los banqueros con el teórico propósito de evitar que el tipo de cambio se vaya todavía más arriba, a las nubes, y alimentar la inflación que destruye el poder adquisitivo de la moneda. Cierto, sí, para evitar que suban los precios todavía más y perjudiquen el poder de compra de los billetes que traemos en la cartera, pero… ¿a qué costo? ¿Por qué a un grupo selecto de bancos? ¿Por qué a los más grandes y poderosos? ¿Por qué?

 

Si a la fecha de vencimiento, finales de enero, el tipo de cambio se encuentra en $21 y los bancos lo compraron en 19.62, ya se embolsaron un peso con 38 centavos por cada dólar que les ofreció el Banco de México. ¿Y si se encuentra en $22? …imagínese. Y luego esos bancos salen a vendernos a nosotros como clientes esos mismos dólares más caros… negocio redondo con las reservas de divisas. 

 

Y mientras tanto, como ciudadanos, gracias a las operaciones de mercado abierto, nos colocamos en el más absurdo de los mundos: salimos a vender barato a los bancos y luego salimos a comprar caro a esos mismos bancos el producto que les vendimos. Bonita forma de perder dinero.

 

No estoy diciendo, ni sugiriendo -de ninguna manera- que hay que acabar con las reservas de divisas. Eso sería una locura, una barbaridad. Claro que las reservas cumplen una función importante.

 

Pero lo que sí quiero decir es que llegó el momento de sujetar al Banco de México y sus funcionarios a un sistema efectivo de rendición de cuentas y no sólo de transparencia en la información para castigar abusos. Hay muchas preguntas legítimas a las que nos deben responder a los ciudadanos porque las reservas de divisas forman parte del dinero público… de nuestro dinero.

 

Bien decía Henry Ford que “es bueno que la gente no entienda bien cómo funcionan los bancos y el sistema financiero, porque si lo hicieran, habría una revolución mañana por la mañana”.

 

Qué razón tenía este Señor caray.

 

 

  

 

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