Por: José Manuel Urreta Ortega | Presidente del CCE en el Estado de Veracruz y Coordinador de CONCAMIN para la Zona Oriente de México | @ManuelUrreta

A unas semanas de presentado el Primer Informe de Gobierno de la Administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador, presentado el Paquete Económico de 2020, y a casi un año de la entrada del nuevo gobierno es necesario hacer un balance de lo avanzado, discutir errores y aciertos como un necesario ejercicio de análisis y también para corregir el camino o reafirmar acciones.

En el sentir de las representaciones empresariales en las diversas regiones del país existen algunos aciertos que se han visto empañados por distintas decisiones gubernamentales precipitadas y hasta obstinadas, con poca capacidad para aceptar errores y lograr consensos con otros sectores de la sociedad.

En materia económica, los indicadores oficiales nos confirman que aún no han mejorado las condiciones para crear y hacer crecer negocios, y con ello lograr el desarrollo. Existen algunos indicadores positivos a la fecha tales como la entrada de remesas, Inversión Extrajera Directa, comercio exterior o la paridad de nuestra moneda, algunos de los cuales son inerciales o debidos en parte a factores externos; sin embargo, en materia de crecimiento económico, generación de empleos, inversión y economía formal para ampliar base de contribuyentes, las cosas no marchan tan bien.

Si bien es muy importante el desarrollo y la distribución equitativa de recursos, como dicta uno de los ejes de la actual Administración, sin crecimiento económico no existirán tales recursos. El bienestar de la población no es cuestión de percepción sino lograda al cubrir de manera efectiva todos los satisfactores que le permitan desarrollarse y vivir en armonía, en concreto dos factores: empleo y seguridad; estos son perfectamente medibles y nos dicen que cada vez un mayor número de mexicanos están desempleados o en la informalidad, así como que la inseguridad continúa creciendo de manera generalizada en diversas partes de la República.

Una de las condiciones minimas necesarias para lograr el crecimiento y el desarrollo, lo he comentado en distintas ocasiones en este espacio, es el de la confianza de ciudadanos e inversionistas en las decisiones del gobierno, que los incentive a consumir y arriesgar su capital en nuestro territorio, respectivamente; hasta el momento, las decisiones gubernamentales de meses pasados dejan más dudas que certezas.

El cambio del modelo económico nacional aún no es claro ni definido y los resultados están a la vista: nulo crecimiento, pocas condiciones para la actividad productiva y diversos sectores y empresas estancados; la economía mexicana requiere certidumbre y el aparato productivo una mayor actividad derivada de la confianza que sólo será posible con decisiones consensadas y de largo alcance. Yo confio que prevalecerá la unidad y corresponsabilidd de todos los sectores de la sociedad, para lograr impulsar entre todas las políticas acordes a las necesidades de nuestra nación.

Sin lugar a dudas entre los grandes pendientes para el segundo año de gobierno destacan lograr resultados concretos en materia de seguridad nacional, incrementar la base de contribuyentes con fomento a la economía formal, diversificar proyectos de infraestructura en toda la República, mayores coinversiones público – privadas para lograr el desarrollo y un efectivo gasto público sin subejercicios ni asistencialismos.

Asimismo, urge para nuestro país una política definida y clara de fomento a las actividades productivas mexicanas con alcance a las pymes, las únicas capaces de transformar el entramado social y económico de los habitantes y lograr revertir los indicadores negativos observados en últimos meses.

Si como afirma el Presidente López Obrador el Estado tiene la responsabilidad de promover el crecimiento económico, es preciso incrementar proyectos de inversión productiva y fomentar el desarrollo de infraestructura en todo el país, que fortalezcan a las cadenas productivas con diversidad de unidades económicas ya sea por tamaño o actividad.

México exige al gobierno respuestas claras a la confianza depositada hace un año en las urnas, con acciones claras e indicadores concretos que midan la realidad del país y no sólo mensajes o percepciones particulares que, aunque bien intencionadas, distan mucho de la realidad que vive la mayoría de los mexicanos.

 

 

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