Un presunto ciberataque a la hija del consultor político y exjefe de campaña de Donald TrumpPaul Manafort,  sugiere que fue víctima de un intento de chantaje mientras trabajaba para el hoy presidente de los Estados Unidos en ese momento.

Los mensajes, que no tienen fecha, fueron tomados presuntamente del iPhone de la hija de Manafort, incluyendo un texto que parece provenir de un diputado ucraniano llamado Serhiy Leshchenko, que busca llegar a Manafort, en el que afirma tener información políticamente perjudicial sobre el entonces jefe de campaña y Trump.

Adjunto al texto hay una nota a Paul Manafort referente a la evidencia “a prueba de balas” relacionada con el acuerdo financiero de Manafort con el ex presidente ucraniano, Viktor Yanukovych, así como una supuesta reunión en 2012 entre Trump y un cercano asociado de Yanukovych llamado SerhiyTulub.

“Teniendo en cuenta todos los hechos y pruebas que están en mi poder, y antes de la posible decisión de pasar esto (a la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania) o FBI me gustaría tener su opinión sobre esto y tal vez su manera de arreglar las cosas que pudieran persuadirme de hacer lo contrario”, dice la nota, que está firmada como “Sergii” – una forma alternativa del nombre de Leshchenko – e insta a Manafort a responder a una dirección de correo electrónico que los periodistas han utilizado para llegar a Leshchenko.

En el texto a la hija de Manafort a la que se adjunta la nota, el remitente escribe desde una dirección diferente: “Tengo que ponerse en contacto con Paul necesito compartir alguna información importante con él con respecto a la investigación ucraniana”. “Cuando él vuelva a mí le pasaré documentos”, pero también advierte, “si no recibo ninguna respuesta de usted voy a pasar la información a las autoridades ucranianas y al FBI mediante los medios de comunicación”.

Por su parte, Leshchenko, en entrevista con POLITICO, rechazó la existencia de estos textos, “nunca he escrito ningún correo electrónico o mensajes a Manafort o su familia. No sé sus datos de contacto”, agregó, “no tengo nada que ver con la dirección de correo electrónico desde la que se enviaron los textos”.

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