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INFIERNO MEXICANO

ColumnasINFIERNO MEXICANO

Por: Vanessa Guerrero Belmont

En el mundo de los narcotraficantes no sólo existen las drogas, armas y asesinatos a sangre fría, existe todo un mundo de terror para las mujeres que llegan a cruzar caminos con estos seres. María, es una de estas víctimas. Por medio de una investigación realizada por El Universal, tendrán el panorama de una situación que hace temblar más que las leyendas urbanas.

Una joven de 20 años aproximadamente, al llegar a trabajar a la ciudad de Chicago proveniente de Cuba, conoció a un hombre del que como es de esperarse, se enamoró, aunque lo único que le enseñó fue a probar la heroína. Al volverse adicta, el hombre la convenció de que para conseguirla tenía que entrar al negocio, y a lo que se refería era a “trabajar” en un edificio saturado de inmigrantes mexicanos, cada uno con 10 o 15 huéspedes. Lo que ella hacía era pasar por cada cuarto y cobrarles 20 dólares. Pero la pesadilla no terminó ahí, pasado el tiempo, fue llevada a Monterrey con la mentira de que tenía una “oferta de trabajo” donde terminó en una casa comandada por “los Zetas”.

Ella y otras 40 mujeres vivían ahí, drogadas las 24 horas del día. Si cometían una falta o no eran lo suficiente para el cliente, los castigos eran pagados con golpes e incluso con la muerte. No obstante, durante su estancia se alcanzaba a dar cuenta de que muchos mafiosos metían a niñas de 13 y 14 años y consecutivamente también veía salir cuerpos de mujeres envueltos en sábanas blancas, usualmente eran  a las que “desechaban”.

María al envejecer, ya no estaba bajo el mando de los Zetas quienes ya habían sido extintos por otro cártel. Consecuentemente, el nuevo jefe de plaza le dio 30 mil pesos y le dijo: “Haga su vida. Váyase.” Claro que no tomamos esto como un acto de bondad, pues lo único que tuvo fue piedad de no matarla.

Estas mujeres son forzadas a tener relaciones sexuales todo el día como si fueran un objeto, las drogan y usan para luego deshacerse de ellas. Es inhumano que las autoridades permitan que esto suceda, ya que nos queda claro que en lugar de enfrentarlos, hasta los protegen.  Y no sólo eso, llegan a ser partícipes de sus obscenidades.

A nuestras “fuerzas armadas” les falta tanta preparación que hasta por el miedo que les tienen, prefieren dejar que hagan de las suyas, nadie ve nada, nadie hace nada, pero seguramente no piensan que esas jovencitas pueden llegar a ser sus propias hijas. Se conforman con que los vean uniformados en las calles en lugar de en realidad ejercer su oficio.

Sin embargo, como lo relata María, no solo sucede en México, y es ahí donde el gobierno estadounidense tiene que enfocarse, por qué atacar a la gente trabajadora que está en su país en lugar de erradicar las ramas de los cárteles que tienen su propia red en su país.

Si ambos gobiernos resolvieran sus diferencias y entraran en una verdadera lucha contra el narco, en lugar de estar jugando al gato y al ratón con ciertos líderes de esta red, en verdad podrían llegar a hacer un cambio con estas situaciones en las que inimaginable cantidad de mujeres son víctimas.

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