No espere usted que todo lo que está ocurriendo en la capital americana en contra del señor Donald Trump haga explotar su presidencia pronto. No, eso toma tiempo.

Todo el mundo me pregunta dos cosas;  ¿si “esto” puede tirar a Trump?, la respuesta es un rotundo: ¡si claro!, claro que “esto” lo puede tirar.

La segunda: ¿Si existen hoy los elementos estructurados para que “esto” ocurra? La respuesta es rotunda también: ¡No! aun no los hay.

“Esto”, no es acerca de los dimes y diretes entre el Presidente de Estados Unidos y su ex Director del FBI, no.  El escandalo es mucho más grave y más profundo.

 James Comey y Robert Mueller, 2 piezas clave:

Usted ya conoció a James Comey el Director del FBI despedido y humillado por el Presidente de Estados Unidos, y ahora, usted está por conocer en los próximos días y semanas a Robert Mueller, el nuevo -Fiscal Especial- encargado por la justicia americana de investigar el “esto” al que me refiero arriba.  Mueller fue ya fiscal federal y sobre todo director del FBI, y hay una historia común entre Comey y Mueller que hoy le quiero contar.  Esta historia le va a ayudar a estimar lo que puede ocurrir en el futuro.

Comey y Mueller ya han peleado batallas importantes juntos.

Esto a continuación, se lee como novela o como argumento de cine, pero le aseguro que es un episodio de la vida real.  Ocurrió en Washington DC al anochecer del jueves 11 de marzo del año 2004.

Jim Comey, como todo el mundo lo conoce en la capital americana, era entonces Sub-Procurador General de Justicia de Estados Unidos, esta era la primera administración de George W Bush.  Dick Cheney era el Vicepresidente y en su calenturienta imaginación había creado un esperpento de ley llamado “Programa de Vigilancia Terrorista”.

En clave, esta ley a ser aplicada por la NSA (Agencia Nacional de Seguridad encargada de espiar las comunicaciones en el mundo entero) se llamaba “STELLAR WIND”, “Viento de las Estrellas”.

Este absurdo legal era una exageración de la línea dura del gobierno encabezada por el vice-presidente Richard Cheney, que en esos días, estaba dispuesto a ir a la guerra con todo mundo; Incluidos los ciudadanos de Estados Unidos.

 

Viento de las estrellas” fue la madre del programa general de vigilancia, que tantos dolores de cabeza le costarían después a Barack Obama, cuando su existencia fue revelada para el público en general por WikiLeaks.  En Washington esta ley había sido objeto de pleitos y desacuerdos y uno de esos pleitos tuvo como co-protagonistas a Jim Comey y a Bob Mueller.

 

El problema con este nuevo programa de espionaje es que estaba diseñado para ser una autorización, una firma en blanco dándole licencia al gobierno para espiar a sus propios ciudadanos:  “Viento de las estrellas”, autorizaba a las agencias del gobierno, sobre todo a la NSA -Agencia Nacional de Seguridad- a leer los correos electrónicos y privados de los ciudadanos de EEUU, ya fueran  dentro del territorio Americano o en donde estuvieran en el planeta, autorizaba también al gobierno a escuchar las conversaciones telefónicas privadas de los estadounidenses, y a espiar sin el conocimiento de la gente todas sus transacciones financieras y toda su actividad de búsqueda en internet.

Con este programa el Departamento del Tesoro además, tendría acceso a todas las actividades confidenciales de todas las transacciones financieras superiores a los 10 mil dólares y podría espiar toda la actividad de cualquier cuenta bancaria, usando las leyes contra el blanqueo de dinero.

En ese momento había en el departamento de justicia funcionarios como Jim Comey totalmente opuestos a que el gobierno tuviera libertad para espionaje doméstico. El potencial, decían estos opositores, es que la nueva ley, no requeriría de una autorización previa por parte de un juez o una corte de justicia para investigar a una persona o sus comunicaciones y transacciones bancarias privadas y por lo tanto, podría ser usada injustamente contra todos los ciudadanos de Estados Unidos; no solamente contra los sospechosos de algún crimen o de terrorismo.

Los mismos agentes en el FBI, cuya gran mayoría es gente muy honesta, e ideológicamente muy apegada a la ley, se opusieron también por las mismas razones; “Viento de las estrellas” era un esperpento legal, en contra de ciudadanos inocentes.

El tiempo le daría a James Comey, a los agentes del FBI y a su entonces director Robert Mueller; la razón.  99% de los casos de “Stellar Wind” fueron falsas alarmas.

Con ese antecedente le cuento sobre Comey y sobre Mueller.

 

En marzo del 2004, el Procurador de Justicia John Ashcroft, sufrió de una peritonitis que casi le cuesta la vida, el Procurador acabó de emergencia en el hospital de la Universidad George Washington a unas cuantas calles de la Casa Blanca.

Mientras eso ocurría, el Vicepresidente Cheney, se dio cuenta de que el Procurador Ashcroft necesitaba firmar esta ley, para que pudiera ser activada y para que no expirara antes de entrar en efecto.

Pero el procurador estaba grave en el hospital y el Vicepresidente sabía que el Sub-Procurador James Comey, estaba totalmente opuesto a  esa ley.  Por eso Cheney envió al hospital a Andrew Card, el chieff of Staff de Bush y a Alberto González, que entonces era el abogado de la presidencia, con órdenes de hacer que el procurador Ashcroft firmara el documento.

Jim Comey se enteró de lo que Cheney pretendía hacer para forzar a que esta ley horrenda fuera puesta en vigor y decidió impedirlo.  Para eso necesitaba llegar al hospital antes que Andrew Card y Alberto Gonzales, que ya en un auto de la Casa Blanca se dirigían al hospital George Washington.

Pensando rápido, Comey llamó por teléfono pidiendo ayuda a Bob Mueller que entonces era el director del FBI, y a quien Comey había siempre considerado su modelo y su mentor. Comey sabía que el jefe de gabinete de la Casa Blanca y el abogado de la Casa Blanca tratarían de presionar al procurador Ashcroft, que estaba casi inconsciente por los medicamentos contra el dolor y aún estaba en la sala de cuidados intensivos del hospital. La misión de Card y de González era que Ashcroft  firmara el documento para renovarlo antes del plazo que imponía la ley.

Comey, que como le cuento, era entonces en la Procuraduría General el numero 2 después de Ashcroft, se había pasado las semanas precedentes a este 11 de marzo, dirigiendo una campaña interna en el gobierno contra el nuevo programa de vigilancia a los ciudadanos.

Los mismos abogados del Departamento de Justicia, en su análisis legal, habían estado de acuerdo con el Vice-Procurador.  “STELLAR WIND” era ilegal.

El poderosísimo Dick Cheney había argüido ferozmente contra la presión de Comey y los abogados de la Procuraduría,  diciendo que si el programa no entraba en vigor: “Mas estadounidenses morirían y su sangre mancharía las manos de Comey”.

Esa noche, del 11 de marzo, mientras trataba de impedir que el procurador firmara la nueva ley, Comey estaba seguro que de entre todos los poderosos del gobierno, él tenía a un aliado seguro.  Bob Mueller, el Director del FBI, y sabía también que Mueller le respondería en esta emergencia.

Comey le llamó y le pidió que se reuniera con él en el hospital, lo hizo mientras su chofer lo llevaba casi volaba en uno de los autos oficiales de la procuraduría por la avenida Pensilvania –el auto de Comey, con las luces parpadeantes y la sirena ululando- Comey en esos segundos, se dio cuenta de que por el tráfico y las distancias Mueller no llegaría a tiempo.

Desde el auto en una nueva llamada directa al director del FBI le rogó:

“… Bob, No dejes que el Servicio Secreto me impida  acercarme al procurador. Yo tengo que impedir que Ashcroft firme este documento…”

Comey sabía que Card, el Chief of Staff, llevaba con él, protección del Servicio Secreto, y que los agentes darían la vida si era necesario para cumplir cualquier orden de este, que en ese instante representaba el poder del mismo Presidente de Estados Unidos.

Ashcroft, debilitado por la peritonitis, no estaba en condiciones de firmar “STELLAR WIND” – además, legalmente desde la sala de urgencias del hospital él ya había puesto las riendas de la procuraduría del país en las manos de Comey, y la orden especificaba que en esas manos  permanecerían mientras el procurador estuviera incapacitado.

Pero, este es Washington DC, Comey adivinaba que si la Casa Blanca aislaba a Ashcroft, el anestesiado procurador se vería forzado a firmar lo que le pusieran enfrente.

Pensando rápido, Comey recordó que el procurador Ashcroft tenía su propio servicio de seguridad con él en el hospital, eran agentes armados, no del servicio secreto, sino del FBI.

¡Esa era la solución más rápida!.

Por el teléfono del automóvil, con el drama de las sirenas ululando, le volvió a pedir a Mueller que llamara a sus agentes al hospital y les ordenara que no permitieran que el procurador se quedara solo.

Este sin duda, es el momento en la historia de la presidencia de W, del mas extraordinario enfrentamiento entre los funcionarios razonables de Bush y los fanáticos del Vice, Presidente Cheney.  Y es quizás también, el momento más extraordinario de los tumultuosos años de las leyes salidas como respuesta a los ataques del 11 de Septiembre.

Robert Mueller, entonces director del FBI, y hoy Fiscal Especial investigando a Trump, le ordenó a sus agentes que resistieran al Servicio Secreto, les ordenó también que si los agentes del servicio secreto que acompañaba a los funcionarios de la Casa Blanca trataban de impedir el acceso de Comey a la cama en donde estaba el procurador Ashcroft; lo impidieran y lo hicieran con la fuerza de ser necesario.

A medida que las caravanas de autos oficiales con funcionarios y agentes llegaban a la esquina de la avenida Pensilvania y la calle 24 en donde está el hospital, quienes estaban siguiendo este episodio en la Procuraduría en tiempo real se preguntaban: ¿Hasta qué punto esta situación se agravaría?  Recuerde usted las ordenes a los agentes del FBI que estaban con Ashcroft eran usar todos los medios, las armas incluso, si era necesario.

Solamente un diminuto círculo de altos funcionarios en la Procuraduría y en el FBI, tenían idea de que este, que parece un enfrentamiento cinematográfico estaba ocurriendo. Solo un pequeñísimo grupo adivinaba que esto podía terminar a sangre y fuego.

Comey llegó al hospital, los agentes del Servicio Secreto y los del FBI con las armas desenfundadas, se encararon a las puertas mismas del cubo de los elevadores del 6º piso en donde estaba el cuarto de cuidados intensivos del procurador. Comey iba dispuesto a todo y a gritos y manoteando en alto, les ordenó a todos los agentes que enfundaran sus armas.

Así, con sus imponentes 2.8 metros de estatura agitando las manos atravesó la línea de agentes del Servicio Secreto y del FBI para llegar hasta la misma cama del procurador.  Firmemente plantado ahí y con toda la autoridad que tenía como Procurador de Justicia en funciones, impidió que Ashcroft firmara.

Esa noche ahí en el Hospital George Washington pudo haber ocurrido una masacre de proporciones bíblicas, el valor de Comey, (o su inconciencia) como hemos visto recientemente, lo había hecho estar dispuesto a todo. El criterio de Andrew Card, que es un hombre decente y razonable también impidió la balacera.

Andrew Card y Alberto González, sabían que el Procurador de Justicia, no solamente forma parte del gabinete presidencial sino que es el jefe de la aplicación de la ley en el país, y además tiene constitucionalmente en EEUU, una independencia total de la misma Presidencia para actuar.  Por eso ambos dejaron de presionar para que Ashcroft firmara y se regresaron a la Casa Blanca directo a informar, no a Cheney, sino al mismo presidente George Bush.

Mientras ellos salían del hospital, Robert Mueller que es también un hombre alto e imponente entraba al cuarto del procurador.  John Ashcroft todo confundido y drogado pregunto que acaba de ocurrir, y Mueller le respondió:

John hay ocasiones en que un hombre necesita mostrar de lo que está hecho, y esta noche tu nos lo acabas de mostrar

Pasarían más de tres años antes de que Comey contara por primera vez el drama de aquella noche.  Más tiempo y años pasarían, antes de que los detalles completos fueran filtrándose poco a poco a un pequeño círculo de periodistas de la capital.

Finalmente la historia de ese enfrentamiento del 11 de marzo de 2004 salió a la luz y nos mostró algo que vuelve a ser relevante hoy: Los principios que rigen la brújula moral de los dos hombres, que hoy también, están en el centro mismo  de un nuevo enfrentamiento en Washington; pero esta vez, con un presidente totalmente distinto.

La verdad esto debería preocupar profundamente a la Casa Blanca del Señor Trump, porque Robert Mueller y su estricto apego a la ley, es hoy el único hombre en el planeta capaz de tirar de la presidencia a quien hoy la ocupa.

Donald Trump, en su novatez, su arrogancia y su ceguera se está enfrentando con dos jugadores experimentados de Washington veteranos de otras escaramuzas de alto poder, que saben cómo juegan muy bien al ajedrez de altos vuelos que se juega en Washington DC y en las audiencias públicas de Capítol Hill.

Aclaración muy pertinente

No me malinterprete por favor, no sugiero que Robert Mueller vaya a ser el ángel vengador de Comey, ¡no, para nada!

Mueller es como decimos en inglés, “a very straight arrow”   … “la flecha más recta del gobierno de Estados Unidos”: pregunte usted en Washington y le dirán que es un servidor público respetado, no partidista y ferozmente apolítico.

Recuerde usted también que fue el director del FBI, el más influyente y el de más larga trayectoria desde los días de J Edgar Hoover que fue el creador de la agencia.  En 1908 el buró fue creado como una fuerza de agentes independientes por Charles Bonaparte el Procurador General del Presidente Teddy Roosevelt. La agencia se convirtió en el Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigations) a finales de 1935.

Desde esos días hace ya 82 años, se entendió que para que el FBI funcionara necesitaba estar fuera del alcance de las presiones políticas del presidente y del Congreso.

James Comey, antes de sacar su doctorado en leyes en la Universidad de Chicago, obtuvo una licenciatura en religión de la Universidad de William& Mary.

Cuando el episodio del hospital le llego a Bush, el Presidente lo llamo a la Casa Blanca y en un encuentro privado, parecido al que tuvo con Trump, en el comedor del ala oeste, el presidente Bush intentó convencerlo de que “Stellar Wind” era un programa necesario.

Comey citando a Martin Lutero,  le respondió al presidente: “Here I stand, I can do no other”.   “Estoy aquí frente a ti con mi honestidad, no puedo hacer más”.

“Stellar Wind”, se hizo ley y hoy es uno de los capítulos más vergonzosos del gobierno de Bush.  Comey, y Mueller tenían razón.

Todos estos años han pasado y hoy la historia está uniendo a Comey y a Mueller otra vez para compartir el escenario político en primera línea.

Los dos se cruzaron hace 4 años cuando el Presidente Barack Obama, nombró a James Comey director de la institución a la que ambos respetan tanto, el FBI.  Este cargo es por 10 años, independientemente de quien sea el presidente y como usted ha visto es y debe ser de acuerdo con la ley totalmente independiente.

Lo que quiero que usted note es que en el último enfrentamiento con el Presidente Trump, Comey uso otra vez su astucia y su conocimiento del sistema. Hoy sabemos por la audiencia ante el Comité de Inteligencia del Senado, que Comey filtró información a la prensa sobre sus encuentros con Trump, y es que jugando otra vez al ajedrez político, se dio cuenta que esta filtración resultaría en el nombramiento de un fiscal especial para investigar al presidente. La movida magistral resultó, irónicamente de la misma procuraduría de Donald Trump que eligió a Robert Mueller como fiscal especial.

Hoy solo es cuestión de esperar por un desenlace.

El enfrentamiento entre Comey y Trump, es solo parte de los síntomas de una grave enfermedad. 

La enfermedad en sí, es si Donald Trump y su campaña se confabularon y ayudaron a los rusos a meterse en el proceso de elecciones presidenciales del año pasado, y si estos arreglos permitieron que los rusos con noticias falsas y con una campaña muy  “americanizada” orquestada en Internet, sembraron dudas acerca de Hillary Clinton en el electorado americano.

“Esto”; es también, ¿si esta “americanización” de los ataques contra Hillary fueron manejados por la gente de Trump?

Los rusos son muy buenos espiando, pero necesitaban que alguien “americanizara” sus ataques, y sus noticas falsas, y para eso necesitaban a “estadounidenses” haciéndolo.  Lo que hay que probar es si esa gente fue alguno de los comandantes de la campaña de Trump, y si fue el mismo candidato republicano, el hoy presidente el que estuvo enterado y el que participo en esa conspiración.

La misión de Robert Mueller, es descubrir si el Presidente Trump, a través de los comandantes de su campaña, el general Michael Flynn, el especialista en campañas políticas Paul Manafort, el fanático mensajero Trump, Carter Page y el inventor de Trump como político Roger Stone, se confabulo o se confabularon con el gobierno ruso para manipular la elección presidencial.

Si eso se prueba, Trump podría ser culpable no de conspirar o de contradecirse con James Comey.  Trump podría ser culpable de confabularse con Rusia que es un enemigo de Estados Unidos.

Si eso ocurrió, y eso falta probarlo, sería muy grave, porque constituiría una  “traición”; y yo no sé en el pueblo de usted, pero en el mío, la traición se paga muy caro.

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