Por: Act. Carlos Lozano Nathal | Director general de Nathal Actuarios y Consultores. |

Ex Presidente del Colegio Nacional de Actuarios y especialista en temas de pensiones.

“Pareciera que el concepto de pensión digna no ha sido abordado adecuadamente desde el punto de vista de su definición y por supuesto tampoco de su cuantificación. Entonces pensión digna pareciera que solo ha servido para transmitir un deseo sobre lo que el ingreso al retiro debiera permitir hacer a los pensionados.”

Pareciera que el concepto de pensión digna no ha sido abordado adecuadamente desde el punto de vista de su definición y por supuesto tampoco de su cuantificación. Entonces pensión digna pareciera que solo ha servido para transmitir un deseo sobre lo que el ingreso al retiro debiera permitir hacer a los pensionados.

 

La pregunta básica persiste ¿qué es una pensión digna? Dos puntos debieran analizarse para contestar la pregunta: el de pensión y el de dignidad. El primero consiste de un pago periódico que se realiza a partir de que se cumpla una condición, por ejemplo, una pensión de vejez es un pago normalmente mensual y vitalicio a partir que se cumple la condición de vejez (establecida por el IMSS a partir de la edad de 65 años). A su vez la dignidad es la “excelencia, gravedad y decoro de las personas en la forma de comportarse”, es decir la dignidad es solo aplicable a las personas y no a las cosas, pero por otra parte, digna también significa: “Correspondiente, proporcionada al mérito y condición de una persona o cosa”. Sobre esta base debemos considerar que el mérito significa merecer, o bien puede entenderse como el valor de una cosa por el esfuerzo invertido en ella.

 

Basándonos en la primera acepción de mérito, se desprende que la pensión digna debiera ser aquél pago periódico proporcionado (o en relación) a lo que merece una persona, pero tal merecimiento a su vez está condicionado por juicios de valor o apreciaciones subjetivas, siendo indudable que lo que merece una persona depende en buena medida de lo que ha trabajado y aportado a la sociedad en que se desarrolla, pero también a lo que la sociedad le quiere o puede reconocer. Lo que merece una persona no es necesariamente lo que le recompensa esa sociedad. En ocasiones lo que merece una persona no se otorga y simplemente se da lo que se puede, sea suficiente o no. Aspectos como antecedentes, disciplina, servicio a la sociedad, hábitos de consumo, visión y objetivos de vida o, como normalmente se espera en el caso que nos ocupa, nivel y tipo de trabajo, constituyen algunas de las apreciaciones mencionadas.

 

Basándonos ahora en la segunda acepción de la palabra mérito en el sentido del “valor de una cosa por el esfuerzo invertido en ella”, podríamos decir que “Pensión Digna” es aquél pago periódico, a partir del cumplimiento de una condición preestablecida, proporcionado o en relación al valor del esfuerzo invertido (por la persona) para adquirir esa pensión. Siguiendo el proceso lógico que nos ocupa, deberíamos clarificar todos los conceptos el “esfuerzo invertido” podría referirse o estar en relación directa al ahorro, entendido éste como el valor del esfuerzo invertido, y se puede dar un tratamiento cuantitativamente más claro, siendo el ahorro un aspecto medible en dinero, y el esfuerzo su correspondiente monto. De cualquier forma el esfuerzo puede ser grande o pequeño en relación con el nivel económico de la persona; incluso ese esfuerzo puede verse afectado por las condiciones económicas prevalecientes en una época o un país. Más aún, el ahorro o esfuerzo puede hacerse solo por la persona, su empleador, el Estado o mediante una combinación, como sería el caso común para el financiamiento de una pensión en el contexto de la seguridad social, o inclusive, con esquemas separados para cada uno de esos actores. Podemos concluir con conocimiento de causa que “Pensión Digna” es aquél pago periódico, a partir del cumplimiento de una condición preestablecida, proporcionado al valor del esfuerzo invertido para adquirir esa pensión.

 

Considerando la discusión anterior, se propone la siguiente:

 

DEFINICIÓN: “Pensión Digna es el monto del pago periódico que se debe hacer a una persona que ha cumplido con las condiciones preestablecidas para ello y que le permita mantener el nivel de vida alcanzado mediante su trabajo”.

 

El Problema de la Cuantificación

 

En la definición anterior se ha introducido el concepto de nivel de vida, que agrupa simultáneamente monto proporcionado al mérito y condición de una persona. Su ventaja más importante estriba en la posibilidad de medir ese nivel de vida en términos del consumo de bienes y servicios, asumiendo por supuesto que el consumidor destina todo su ingreso al consumo (incluyendo el ahorro como consumo diferido).

 

Pensión digna se puede traducir de una forma más adecuada como pensión adecuada al nivel de vida alcanzado mediante el trabajo o simplemente “pensión suficiente”; estos serían nombres similares para el mismo concepto: mantener el nivel de vida en el retiro. El nivel de vida es personalísimo; depende de los hábitos de consumo y ahorro, de las apreciaciones sobre diferentes bienes y servicios o del simple deseo de las personas por adquirirlos. Una definición sobre nivel de vida proporciona a continuación:

 

Nivel de Vida

“Por nivel de vida se entiende el grado de bienestar material (bienes y servicios) de que dispone una persona para sustentarse y disfrutar de la existencia. Por otra parte, las necesidades esenciales que se deben satisfacer para que el nivel de vida tenga un mínimo decoroso son, alimentación, vestido, seguridad, servicios básicos (luz, agua, salud, etc.). En otro orden de ideas, el nivel de vida se obtiene mediante la adquisición de satisfactores como los mencionados y que, de una forma u otra, es asociable a la capacidad de adquirirlos en la forma, cantidad, tiempo y volumen necesarios; por esto el nivel de vida puede medirse en relación con el nivel económico alcanzado o nivel de ingresos y análisis del gasto.”

 

Aun con la definición del nivel de vida, surgen varias preguntas que ayudan a la definición de nuestro tema de investigación. Dichas preguntas se  presentan a continuación:

 

  1. ¿Será posible medir la adquisición de esos bienes y servicios?
  2. ¿Existirá información disponible y confiable para tratar de medir la adquisición de ellos?
  3. ¿Cambiarán los niveles de vida con el tiempo?
  4. ¿Qué factores pueden influir en ello?

 

Mediante las respuestas a estas preguntas se cuantificó el concepto de pensión digna (mejor dicho de pensión suficiente) para finalmente establecer primero un objetivo para las pensiones. Para cuantificar el monto de la pensión que en cada caso se debería de tener, se recurrió al análisis de las encuestas de ingreso y gasto publicadas por el INEGI. Del análisis de esas encuestas desde 1984 hasta 2014 se determinó que para personas de niveles bajos de ingreso (decil I) la pensión suficiente debería ser equivalente al 90% de sus ingresos, mientras que para personas en los niveles superiores (decil X) la cuantificación de pensión suficiente debería ser del 50% de sus ingresos. Es evidente que para niveles intermedios, las pensiones también deberán estar entre el 90% y el 50%. Este es un objetivo que  corresponde al “deber ser” de pensiones suficientes, pero no necesariamente corresponde a los que la seguridad social ofrece. Debemos recordar que en la actualidad conviven dos sistemas en la sociedad mexicana: uno de beneficio definido (Ley 73) y otro de contribución definida (Ley 97). En algunos casos las pensiones de la seguridad social otorgan pensiones mayores al objetivo pero por regla general otorgan menos. Por ejemplo, si la pensión de la Ley 97 fuera del 25% prácticamente en todos los casos se estaría con insuficiencias de la pensión (lo que ocurre más con la Ley 97 o de AFORE), mientras que si la pensión fuera del 60% (lo que ocurre frecuentemente en la Ley 73) en niveles altos de ingreso se excedería el objetivo, pero en niveles bajos también sería insuficiente la correspondiente pensión.

 

Siendo la pensión de la seguridad social normalmente deficitaria con respecto al objetivo planteado surge otra pregunta: ¿Cómo se podría cubrir el déficit en la pensión? Por supuesto que la respuesta no es sencilla, pero necesita de la respuesta de todos los sectores.

 

El Estado como proveedor fundamental de condiciones de desarrollo del país y a través de la seguridad social, debe analizar y establecer el nivel de pensiones y condiciones que realmente pueda satisfacer. Los empresarios también deben analizar cuidadosamente sus costos y considerar planes propios complementarios y, finalmente, se debe fortalecer la cultura del trabajador para que en la medida de sus posibilidades incremente su ahorro. De esta forma, al compartir el riesgo entre todos los actores, el costo de las pensiones suficientes se repartiría sin afectar en demasía a un actor en particular. Para esto es necesario realizar algunos estudios actuariales y considerarlos como base para la toma de decisiones que pueden afectar a la sociedad entera.

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