Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

“Ni una más!’’, exclamó Adriana, mamá de Valeria, y advirtió que ‘‘como las autoridades no hacen nada, agarran a los rateros y en dos o tres horas los sueltan, de ahora en adelante a quien haga algo lo vamos a quemar’’. Declaración en el Estrado de México que se suma a los ya ajusticiados por la población en la Ciudad de México, Puebla, Durango, Tabasco, Michoacán, Sinaloa.

En un territorio donde convivimos alrededor de 60 etnias vernáculas con personas de origen libanés, judío, japonés, chino, español, se ha hecho cada vez más común la aplicación de la fuerza no institucionalizada para dar solución a los conflictos.

¿Es legítima defensa? considerando que la policía es inexistente o ineficiente; que los ministerios públicos son lentos, ausentes, omisos; que los abogados son muy listos o escurridizos; que los jueces son comodinos, flojos; que la Comisión de Derechos Humanos está ávida de señalar abusos, y que hay una sociedad cada vez más permisiva, influida por el ejercicio de una teoría que busca ir acostumbrándonos a todo, la justicia por mano propia, ¿es legítima defensa?

Según el INEGI el 76.8 por ciento de las personas mayores de 18 años que viven en una ciudad mexicana no se sientan seguros. Este altísimo porcentaje de inseguros ya no se queda tranquilo y ha ido desarrollando algunos sistemas de protección en contra de lo que la ley marca como lícito: la compra de un arma ya sea con los cuates o en un mercado negro sin registros; el enrejado de estacionamientos y la colocación de garitas de vigilancia que obstruyen la libre circulación, la contratación de fuerzas militarizadas con armamento que pueden disuadir extraños.

La instalación de cercas eléctricas, equipos de videograbación y sabuesos asesinos; la creación de grupos de autodefensa que pueden repeler al agresor y el aglutinamiento de ciudadanos desesperados capaces de desollar y quemar a quienes consideran delincuentes. Ésta es la justicia por mano propia, el cobrar los que suponemos nuestros derechos de acuerdo con el saber y entender de cada uno, sin considerar ordenamientos morales, religiosos, jurídicos o sociales.

Los legisladores, los jueces y los gobernantes han ido haciendo lo impensable para construir el escenario de la justicia por mano propia; unos por idear y aprobar legislaturas muy desapegadas a la realidad de un pueblo más ingenuo, más inocente, más tradicional que muchos; otros por aceptar prácticas ajenas a nuestra identidad, a nuestra idea de legalidad, y los otros por perezosos y cobardes, montados en situaciones cómodas que van más por un no cumplir para no violentar, que por hacer cumplir la ley.

La confusión se acentúa con la puesta en marcha de la Ventana de Overton, una teoría política que describe con escalofriante exactitud cómo se puede combatir la percepción de la opinión pública para que las ideas que antes se consideraban descabelladas sean aceptadas a lo largo del tiempo.

El humanista Luis Segura publica en el artículo La Ventana de Overton, cómo legalizar cualquier cosa empleando cinco pasos para conseguirlo: 1. De lo impensable a lo radical; 2. De lo radical a lo aceptable; 3. De lo aceptable a lo sensato; 4. De lo sensato a lo popular y 5. De lo Popular a lo político.

Joseph Overton (1960 – 2003) desarrolló esta fórmula que al ponerse en práctica azuza con sus resultados a la conciencia, influyendo la percepción de seguridad que tiene la población. Joseph Leman, colega de Overton, difundió la teoría y Glenn Beck escribió una novela con el tema.

Como se presentan las cosas, después de la aceptación en 2013 de los grupos de autodefensa y su proliferación no oficializada ¿podemos entender que al paso del tiempo ya cualquier ciudadano forma su grupo y tiene la capacidad, ya aceptada, de acabar con los que considera facinerosos?

¿Es posible entonces que con tantos factores que propician la justicia por mano propia, se esté confundiendo con legítima defensa? Cuidado, en la mayoría de los casos no es así, porque la legitima defensa cuenta con sus reglas:

• Tiene que existir una situación de peligro para la vida, la integridad física o para ciertos bienes relevantes de cada persona.
• El medio empleado tiene que ser proporcional con la agresión sufrida.
• La agresión tiene que ser actual.

Pero claro que hay una tremenda confusión y comprar armas sin permiso, colocar garitas de vigilancia, contratar fuerzas militarizadas, tener sabuesos asesinos, crear autodefensas o secuestrar y quemar a criminales, no es legitima defensa sino un delito.

Muy a pesar del coraje y la furia que produce que tapen la entrada de su coche, que su vuelo se retrase 4 horas, que le secuestren a un pariente, que le desaparezcan al hijo de un amigo, que saqueen su casa, que no lo atiendan en urgencias, muy a pesar de que todos estemos siendo víctimas de la ventana de Overton, la justicia por mano propia muy pocas veces es legítima defensa.

Para que acabe la confusión debe regresar el orden, legisladores, jueces y gobernantes deben de dejar de perder el tiempo con sueldos y aeropuertos, y concentrarse en rehacer la confianza y la certeza en los ciudadanos.

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