Por: Juan Torres Velázquez| Escritor Mexicano con formación en la UNAM | @yotencatl

Que todos los seres posean felicidad y sus causas.
Que todos los seres estén libres del sufrimiento y sus causas.
Que todos los seres permanezcan para siempre en el gozo.
Que todos los seres permanezcan en ecuanimidad, libres de la aversión y el apego.

Hasta finales de mes se exhibe en el Museo de Antropología “Las Huellas de Buda”, un recorrido por la iconografía budista con una colección de más de 250 obras procedentes casi en su totalidad del Museo de Arte del Condado de los Ángeles y originarias de más de una docena de países orientales donde el budismo representa una tradición espiritual y filosófica de más de dos mil años.

La exposición es un rico y vasto recorrido por este camino de conocimiento y su estética a través de múltiples expresiones como esculturas, pinturas y dibujos, vestidos, textiles y relicarios lo mismo en madera que mármol, piedra, barro, metal, papel y otros materiales con temas recurrentes como las representaciones de Siddharta Gautama en distintos momentos de su camino espiritual hasta alcanzar al iluminación pero también de las distintas interpretaciones, alegorías, personajes míticos e históricos de la tradición oral y escrita de distintas naciones y culturas como India, Pakistán, Japón, Corea, Tibet, China, Tailandia o Camboya.

Parecería una obviedad decir que el budismo no sólo es una religión o doctrina sino que implica toda una manera de entender al hombre, el mundo y la realidad misma. Desde las cuatro verdades fundamentales, pasando por los sutras donde el Buddha dejó sus conocimientos y discípulos tradujeron así como los miles de manuscritos, tratados, tantras, libros y textos derivados años después y en diversas latitudes siempre resaltan tanto una lógica como objetivos y verdades fundamentales bien distintas a las que los mexicanos, por ejemplo, recibimos de un sincretismo entre tradición mesoamericana y judeocristiana.

Perseguir el estado contemplativo y apacible del ser y pensamiento, concebir el sufrimiento como verdad fundamental, establecer una lucha incansable para someter al ego y las pasiones humanas, adoptar la compasión como una vía de felicidad propia, cultivar el regocijo del instante, ser conscientes de nuestra pequeñez y la grandeza que nos incluye son planteamientos que ni en el retiro más entrañable, en la sesión de meditación más enriquecedora, la alineación de chakras más memorable o la clase de yoga más constructiva se nos dan por automático sino que se cultivan a través de años, lecturas y cavilaciones en un camino de acciones y pensamientos que sí, busquen nuestra iluminación y la de todos los seres si ello implica consolidar la existencia en sabiduría y plenitud.

Una muestra. El Noble Camino Óctuple es la cuarta verdad fundamental, el camino que permite al hombre apartarse del sufrimiento, y según Buda consiste en: mantener la visión correcta de la naturaleza de los fenómenos; la intención correcta y bondadosa libre del apego y la aversión; el habla correcta que no miente, genera conflictos ni ofende; la acción correcta de no matar, robar o tener malas conductas; la forma de vida correcta que evita dañar a cualquier ser; el esfuerzo correcto para abandonar las aflicciones y cultivar la virtud; la atención correcta del cuerpo, sensaciones, mente y pensamiento así como la concentración correcta que conduce a la transformación.

Para caminar sin lastimarse con piedras filosas, uno puede intentar cubrir al mundo entero con una piel o bien puede cubrir únicamente las plantas de sus pies; del mismo modo, pata sobrevivir a la ira de los enemigos uno puede intentar matarlos o practicar la paciencia.

 

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