Por: Juan Torres Velázquez | @yotencatl

¿Será cierto que tenemos los políticos que merecemos o en una de esas todos los mexicanos somos iguales? Lo único seguro es que ni en el arte ni en la cultura ni en los demás temas importantes debemos permitir que los políticos y sus partidos de ocasión continúen tomando las decisiones ellos solos. 

Una vez concluidas las pre- que duraron tres meses, transcurrido otro periodo de poco más de un mes al que se dio por llamar inter- y en el inicio, ahora sí, de las campañas propiamente dichas que durarán otros tres meses hasta el próximo 27 de junio, a estas alturas uno se pregunta, similar a quien decía que los mexicanos de los últimos cuarenta años no hemos conocido otra realidad que vivir en crisis, si México se la va a pasar en campañas toda su historia sin resolver lo sustancial, y el próximo primero de julio represente, en realidad, no el fin sino el inicio de otra campaña más.

Tenemos algunas referencias que nos indican que estamos atrapados sin salida como en El Ángel Exterminador de Buñuel, condenados a escuchar sempiternamente esos mensajes ensayados pero de promesas huecas, transmitidos por candidatos muy presentables pero que no son capaces de demostrar ya no su capacidad o la viabilidad de sus propuestas sino siquiera algo que debería ser tan básico como su honestidad, recetándonos miles de ocurrencias y acusaciones que no comprueban ni llevan a nada: mientras algunos piensan pasársela décadas así otros cambian de piel sin pudor alguno, otros quieren hacer de la Presidencia un negocio familiar y algunos más sólo mantienen vivas ambiciones intestinas.

Se supone que, ahora sí, con el inicio de las campañas por la Presidencia de la República escucharemos propuestas puntuales y sobre todo los “cómos” de sus intenciones; es de suponerse que ante temas más relevantes como los de seguridad pública, combate a la corrupción, crecimiento económico, la relación de México ante el mundo, mejor educación y un larguísimo etcétera el tema cultural sea desapercibido, no parezca tan relevante y pase a segundo plano.

Pero, visto desde otro enfoque, el de la cultura debería ser uno de los temas ejes, fundamentales en las propuestas de quienes aspiran a ocupar la Presidencia de una nación tan rica, diversa y  profunda como es México: saber cómo conciben y piensan actuar respecto a lenguas y tradiciones de pueblos originarios y también de los sincréticos, cómo promoverán las diversas manifestaciones artísticas en cada realidad particular del territorio, preservar el vasto patrimonio histórico y documental, promover el pensamiento y la creatividad, todos los rasgos que cultivan el espíritu humano, dan identidad y tejido social, y cuya poca atención tal vez, sólo tal vez, sea uno de los factores que nos tienen sumidos en esta sociedad corrupta y egoísta.

No hemos escuchado de ninguno de los hoy candidatos propuestas claras y acciones concretas en materia cultural. Si acaso al gris priísta expresándose por impulsar el ámbito cultural que logrará colocar a nuestro país como una potencia (¡ájale!); la federalización anticipada de secretarías de Estado y localidades por parte del moreno, gracias a lo cual sabemos el nombre de quién despachará en Tlaxcala aunque no haciendo qué, y los otros dos desde hace tiempo tienen bien claro que éste no es un tema que redunde en sufragios directos y por eso jamás les ha interesado.

Me temo, una vez más, que ninguno de ellos libraría satisfactoriamente la prueba de los mentados tres libros, que hace ya siete años nos demostraron a los mexicanos que aún podemos renovar nuestro sentido de vergüenza hacia la clase gobernante y dejó serias dudas durante todo el sexenio, con o sin razón y en todo caso peor para nosotros, sobre las capacidades intelectuales de quien toma las decisiones más importantes de una nación.

La verdad es que, con sus notables excepciones pasadas y presentes, a la mayoría de los políticos no interesa cultura ni arte y hay célebres muestras de su ignorancia, a no ser por el costo que deba tener una obra en el mercado, la selfie obligada afuera del Louvre sin haberlo recorrido, o porque algunos trasnochados aún tienen el desatino de llamar así a un desequilibrado espectáculo donde asesinan animales y según ellos les da una categoría, que así estará.

Espora

 ¿Será cierto que tenemos los políticos que merecemos o en una de esas todos los mexicanos somos iguales? Lo único seguro es que ni en el arte ni en la cultura ni en los demás temas importantes debemos permitir que los políticos y sus partidos de ocasión continúen tomando las decisiones ellos solos

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