Por: Leonel Serrato Sánchez | Analista Político

La asamblea estuvo concurrida, lo que permitió que sirviera de foro y pasarela para quienes aspiran a las candidaturas, o para mostrar músculo de quienes ya saben que están fuera, pero no dejan de significar algo al interior del partido.

La segunda semana de este agosto el Partido Revolucionario Institucional PRI celebró en distintas ciudades de la República reuniones parciales –mesas las llamaron– en las que abordaron los temas de los que al final resolvería su Asamblea General número XXII el 9 y 10 del mes que transcurre, lo que quiere decir que no se reúne anualmente, puesto que el tricolor tiene casi un centenar de años existiendo, sino cada tres años, en la víspera de la elección presidencial.

 

La referida asamblea fue convocada teniendo latente la expectativa de si el PRI tomaría algunas decisiones demoledoras de principios inmutables desde su fundación, entre ellas, la de permitir que las candidaturas más importantes pudieran recaer en personas sin militancia, antigüedad y trayectoria. Como es natural, la sola mención de que esas condiciones estatutarias fueran retiradas, significó lanzar señales sobre el nombre de quien eventualmente se convertirá en candidato de la otrora aplanadora electoral, hoy por cierto muy mermada, pues sólo en los últimos años ha perdido más de cinco millones de votos, y ya es segunda o tercera fuerza electoral en las entidades federativas en las que ejercía un control monolítico, como Jalisco, el estado de México, Nuevo León y Veracruz, sin olvidar que tradicionalmente esos estados eran los reservorios inagotables de sufragios para el partido del presidente Enrique Peña Nieto.

 

Movimiento Ciudadano en Jalisco, Morena en el estado de México, los “independientes” en Nuevo León, y una mezcla ininteligible de panistas y perredistas en torno a Miguel Ángel Yunes Linares en Veracruz le arrebataron de modo muy ostensible la mayoría, ahora el PRI no cuenta con la posibilidad de confiar en que la suma de estados pequeños puedan asegurarle la presidencia de la República, vaya ni siquiera una presencia respetable en las cámaras del Congreso de la Unión.

 

El intentar captar la intención de los votantes que no quieren al PRI –que hoy día es una inmensa mayoría en todo el país– pasa por la idea de que postulando candidatos de gran aceptación social y hoja de vida intachable en cuanto a corrupción y grilla se refiere, lograrán conservar la primera magistratura federal y una presencia con márgenes adecuados de maniobra en el congreso, así como las gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos en disputa en 2018.

 

Pero esa idea tiene un defecto: si bien puede lograr que aumente la aceptación de las candidaturas priistas al postular ciudadanos sin mácula, también puede ocasionar la decepción y abandono de los militantes y simpatizantes que tienen décadas haciendo fila en torno a las dichas candidaturas. Buenos candidatos, puede ser; desbandada de sus cuadros políticos y operativos, seguramente también.

 

¿Qué aprobaron los asambleístas en la XXII Nacional del PRI?

 

Piso parejo para los aspirantes a cargos de elección popular, es decir, ahora tanto priistas como simpatizantes no afiliados podrán contender a convertirse en candidatos por el tricolor.

 

Resultó tambien aprobada la eliminación del requisito de 10 años de militancia para acceder a las candidaturas de quienes sí están afiliados al partido, faltaba más.

 

Otorgar 30 por ciento de candidaturas a jóvenes, así como 10 por ciento para indígenas, lo de la paridad de género ya estaba en operación.

 

La expresa prohibición para que un plurinominal repita como tal, una suerte de antichapulinismo interno, para frenar a los que nunca hacen campaña.

 

Finalmente también se dieron tiempo para la cosmética política, al aprobar una “fiscalía anticorrupción” interna.

 

Y más nada.

 

La asamblea estuvo concurrida, lo que permitió que sirviera de foro y pasarela para quienes aspiran a las candidaturas, o para mostrar músculo de quienes ya saben que están fuera, pero no dejan de significar algo al interior del partido.

 

Como no podría ser otra forma, al retirarse los candados, los nombres del Secretario de Educación Aurelio Nuño Mayer, y de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña pasaron a convertirse en potenciales candidatos presidenciales del tricolor, ello fue evidente con el paseillo que tuvieron ocasión de realizar entre la militancia reunida, aunque, hay que decirlo, no lograron tener más aforo en los abrazos y “selfies” que el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el doctor José Narro Robles, secretario de Salud tampoco desapareció del escenario, su bien ganada fama de hombre intachable le hizo sobrevivir entre las nuevos entusiasmos, quizás muchos más de los que ya lo dan por muerto.

 

Del discurso del Presidente Enrique Peña Nieto, o del dirigente en turno del PRI, Enrique Ochoa Reza, poco hay para decir, porque se centraron en los lugares comunes, como la unidad y la fortaleza ideológica de su franquicia electoral.

 

El evento priista tuvo de todo, desde contigentes uniformados con enormes logotipos del partido y sus organizaciones bordadas en sus camisas, hasta marabunta tradicional, y sí, entusiasmo, porque a final de cuentas se trata del disparo de salida para lograr colarse en los espacios del poder político mexicano, aunque sea ya en la decadencia del otrora invencible.

 

Ese hervidero político ocupó los espacios en medios durante la semana, pero no todo, ni con la importancia de pasadas ediciones de la asamblea, precisamente porque en este momento el PRI es tercero en las preferencias electorales nacionales.

 

Con la sola sesión de su consejo estatal para la Ciudad de México los de MORENA lograron sacar de los titulares periodísticos la histórica demolición de los valladares para que el PRI postulara candidatos.

 

Ahora veremos la importancia del PRI y su maquinaria, porque de momento no bastó la sola modificación de sus estatutos y documentos básicos.

 

Lo que parece muy claro es que harán todo, literalmente todo, para no entregar el poder, incluso sentirse orgullosos de su pérdida de identidad.

 

 

 

Leonel Serrato Sánchez

14 de agosto de 2017

 

 

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