A muchas personas les cuesta trabajo entender la manera de actuar de Donald Trump. Como no encaja en los parámetros de lo que la gente común considera como “normal”, lo tildan de loco. Creen que está mentalmente enfermo. Que es un desequilibrado. Que no está apto para ejercer el cargo.

“Paranoide con delirios y megalomanía”: Psiquiatras de EE.UU diagnostican a Trump”, señala una nota del periódico Rusia Today fechada el pasado 24 de abril en Internet. Sin embargo, más allá de que el Señor realmente padezca o no de ciertos desequilibrios, para mí, amigo lector, le aseguro que se pasa de listo: más bien aplica una estrategia de negociación precisa, definida, con tal de sacar ventaja.

Es un estilo, una forma de actuar que permite doblar a sus oponentes para acumular poder y fortuna. Él mismo se atrevió a reconocerlo hace años en uno de sus libros: “Con mis interlocutores o adversarios problematizo lo más posible…si se debilitan, ¡los aplasto!…si son fuertes, entonces negocio con ellos”.

Donald Trump es experto en provocar miedo, incertidumbre. En confundir, desorientar y desestabilizar a sus adversarios. Por eso lo vemos un día amenazar con sacar a EU del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, y al otro asegurar que quiere reforzar la alianza regional para formar una potencia económica e industrial que sea capaz de imponerse a China y la Unión Europea, y al otro día amenazar, otra vez, con sacar a EU del Tratado.

Por eso también lanza dardos envenenados dónde sabe que duelen más: impuestos a las corporaciones estadounidenses que inviertan en México y aranceles a la industria automotriz, lo que nos podría provocar graves daños en materia de empleo y crecimiento económico. Pero no nos confundamos: no se trata de un arranque de esquizofrenia, no es ningún capricho, de un berrinche, son cartas de negociación, punto.

Es algo así como decir que “si no quieres que te perjudique, dame tal o cual cosa que a mí me conviene y te dejo en paz…si no aceptas lo que yo quiero, entonces te puede ir muy mal”.

Esto que le hemos dicho en Círculo Rojo desde hace tiempo en números anteriores, fue confirmado ni más ni menos que por el mismísimo Secretario de Comercio de Donald Trump el pasado miércoles 19 de abril. En una comparecencia ante el Senado de su país, Wilbur Ross dijo textualmente que:

“Creo que el presidente Trump ha hecho un trabajo maravilloso pre-condicionando a algunos de los otros países con quienes negociaremos. La caída del peso no fue casualidad…(Donald Trump) ya ha hecho algo del trabajo que necesitamos para conseguir mejores acuerdos comerciales”. ¿Qué tal? ¿Qué le parece?

Lo que quiere Donald Trump con la renegociación del Tratado, es, entre otras cosas, una crucial, muy importante para ellos: privilegios especiales que le permitan explotar petróleo en mar profundo (sobretodo frente a las costas de Tamaulipas que es el más rentable) y asegurar el abastecimiento energético para los EU, en una época de tensión dónde ha aumentado la probabilidad de que estallen conflictos armados con Corea del Norte, Siria, Irán o Rusia.

De ahí que para mí no sea casualidad que nombrara como Secretario de Estado a Rex Tillerson, un hábil negociador en materia petrolera cuando fue Presidente de Exxon Mobil durante 20 años, la trasnacional que cabildeó para que se aprobara la Reforma Energética en México, ni que aprobaran la construcción del oleoducto Keystone XL que tuvo congelado Obama durante años por cuestiones ambientales para agilizar el tráfico de combustibles entre México, EU y Canadá, ni que hayan sido precisamente las grandes compañías energéticas que saldrán beneficiadas, las que aportaron más dinero a la campaña de Donald Trump.

Así pues, para mí, Donald Trump no está loco. Aplica, más bien, una estrategia perversa de negociación para sacar el máximo provecho. Y viene por el petróleo de mar profundo del Golfo de México…particularmente por el de las costas de Tamaulipas.

Las trasnacionales petroleras de los EU están ya con las uñas bien afiladas. Y con la billetera abierta para invertir. Sólo esperan la  renegociación de un Tratado de Libre Comercio que les podría abrir las puertas de par en par.

Al tiempo…

 

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