Era cuestión de tiempo para que alguna decisión o nombramientos del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador le trajera una “tormenta” de críticas y señalamientos. La propuesta de los eventuales titulares de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Manuel Bartlett; y de Petróleos Mexicanos (Pemex), Octavio Romero Oropeza, ha traído comentarios adversos por su trayectoria y perfil lo que hace ver las primeras “grietas” en la luna de miel del tabasqueño con el círculo rojo y una parte de la sociedad.

Las críticas se sustentan en dos puntos principales. Uno, que ninguno de ellos tiene realmente experiencia ni en el sector energético o en alguna área relacionada; y dos, su pasado político de muchas décadas con tonos autoritarios o de cercanía al próximo mandatario federal.

Poner a Manuel Bartlett al frente de la empresa productiva de Estado que genera gran parte de la electricidad en el país vuelve a traer los fantasmas de la elección presidencial de 1988, el supuesto fraude electoral, las actitudes autoritarias y su participación como miembro relevante del PRI. En esa “ola crítica” se montó ni más ni menos que Tatiana Clouthier al indicar que “había mejores opciones” que el expriista para ese puesto.

En descargo del exsecretario de Gobernación, hay que establecer que desde 2006 hizo público su apoyo a la causa de López Obrador, mientras que en 2008 se pronunció fuerte por la defensa del petróleo mexicano y su propiedad correspondiera al Estado.

Por ello no debe extrañar que López Obrador defendió su decisión al asegurar que desde que era senador del PRI, defendió la industria eléctrica de la privatización. Más allá de tener o no experiencia, lo pone ahí porque “necesitábamos a una gente como Manuel Bartlett, pero tengo la responsabilidad de que haya orden y que los conservadores no sigan saqueando a México… tenemos la obligación de acabar con la corrupción”.

En el caso Octavio Romero Oropeza también se hace hincapié en que no tiene en sus antecedentes algo que tenga que ver con el ramo de los hidrocarburos. Pero cuenta en sus bolsillos con un factor clave: la total lealtad y amplias confianzas hacia y desde López Obrador.

Durante la administración del tabasqueño en la capital del país, Romero Oropeza fungió como oficial mayor: se le identificó como uno de los principales operadores para ejecutar los planes de austeridad y de hecho lo realizó al eliminar dependencias y depurar la estructura administrativa.

Esto le generó en su momento, y ahora mismo “lo cosecha”, hondas enemistades políticas. En entrevista radiofónica reciente, Federico Döring, quien fuera integrante de la Asamblea Legislativa entre 2003 y 2006, señaló de manera directa que “ni siquiera René Bejarano fue tan corrupto como lo fue (Octavio) Romero pues mal gobernaba y malversaba recursos públicos a diario… si va a PEMEX seguramente es porque… no quiero especular, pero algún proyecto que no es energético y que es el hombre de las confianzas de López Obrador”

Son los primeros temporales que debe enfrentar, cual roca en el mar, el virtual presidente electo, algo que no había enfrentado en este primer mes poselectoral; y eso que ni siquiera ha recibido de manera formal su constancia por parte del Tribunal Electoral.

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