En esta cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) las presiones están a la vista en Washington D.C. y en el más mínimo detalle. La prensa especializada advierte que Estados Unidos busca tocar una fibra importante en el corazón del acuerdo comercial; de ocurrir, las perspectivas son pesimistas.

Por principio de cuentas, el acoso llegó “en la forma de un volante colgado en las chapas de las habitaciones de cada uno de los negociadores (mexicanos), independientemente de su cargo o de su nivel”.

De acuerdo con el periodista mexicano Ariel Moutsatsos, estos volantes tienen información que critican lo que se está discutiendo. Según estos mensajes los tratados comerciales:

– “Son corporativamente fraudulentos, porque en el corazón del TLCAN y de otros acuerdos están los derechos de miles de multinacionales para demandar a los gobiernos…”

– “En el caso del gobierno de Estados Unidos se le puede demandar en en un tribunal que incluye sólo tres abogados corporativos; estos abogados pueden otorgar sumas ilimitadas que deben ser pagadas por los contribuyentes estadounidenses”.

– Se aborda ponerle punto final al “ISDS: un método de arbitraje de diferencias entre el Estado y los inversores; un instrumento de derecho internacional público que otorga a un inversor extranjero el derecho a dirimir una diferencia contra un gobierno extranjero”, en este caso el gobierno de Estados Unidos.

El mayor riesgo en este momento, y eventualmente conforme avancen las siguientes rondas, es cambiar las reglas básicas e imponer otras:

-Una cláusula de “extinción” que obligaría al TLCAN a expirar en cinco años a menos que los tres países actúen para renovarlo.

– Se busca debilitar los mecanismos destinados a resolver las disputas entre los tres países; en el mismo sentido, frenar las amenazas y sanciones unilaterales en un conflicto comercial.

– Cambiar los incentivos a desincentivos para que de un país a otro se busque invertir y hacer negocios

El objetivo final es crear más incertidumbre y reticencia para que, en el caso particular de los negocios de Estados Unidos, pretendan invertir en México.

De ahí se entiende la insistencia en poner la cláusula de extinción pues es la que a final de cuentas debilita “el sistema de solución de controversias entre inversionistas y estados”; esto haría más difícil para los ejecutivos planificar la inversión transfronteriza que alimenta las cadenas de suministro regionales que el TLCAN ha alentado en rubros como el automotriz, equipos eléctricos,electrónicos y buena parte de las manufacturas.

La “buena noticia” es que ni los negociadores mexicanos, ni el Gobierno Federal, ha mostrado señales de doblar las manos o ponerse de rodillas. Lo indicó el propio canciller Luis Videgaray ante los senadores, al advertir que “tenemos que estar preparados siempre para levantarnos de la mesa de negociación de ese acuerdo comercial”.

Es así que bajo ninguna circunstancia se va a aceptar un Tratado de Libre Comercio “que deje de ser de libre comercio”. Veremos la disposición de las otras partes negociadores, en particular la anfitriona de esta ronda.

Fuente: Político.mx

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