Por: Gustavo de Hoyos Walther, Presidente Nacional de la COPARMEX | @gdehoyoswalther | fb/ Gustavo de Hoyos

Quiero tomar un momento para reflexionar sobre lo que el 2018 representó para la democracia y la economía mexicana.

Tengo la certeza de que el año que nos deja será recordado como un periodo de vigorosos cambios y firmes lecciones en diversos ámbitos. En particular, dos eventos resultaron particularmente relevantes.

Por un lado, si nos centramos en la política doméstica, es imperante reconocer el éxito que supuso que el Instituto Nacional Electoral haya logrado conducir unas elecciones federales de altísima dificultad y de resultados históricos para la consolidación de la democracia.

Por el otro, volteando la vista a asuntos internacionales, debe celebrarse que se haya logrado firmar del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en el marco de la cumbre del G20 celebrada en Buenos Aires, Argentina.

Ambos eventos marcaron el futuro de México al ejemplificar e ilustrar la convicción de que el bienestar público y la cordialidad política deben imperar en lo local y en lo internacional por encima de cualquier interés particular.

La alternancia democrática, que comenzó a nivel federal hace 18 años, nos ha llevado a que veamos distintas recomposiciones de mayorías en el congreso.

El que en 2018 se haya logrado una nueva transición democrática que implicó uno de los cambios más fuertes en la composición del congreso, y un cambio notorio en la ideología del ejecutivo, es evidencia contundente de que nuestras instituciones electorales han triunfado en consolidar la democracia electoral.

Sin embargo, la maduración de la democracia electoral es apenas un paso.

México necesita evolucionar hacia una democracia participativa donde el ciudadano, y no la clase política, sea el principal y más imprescindible actor y tomador de decisiones.

Ello permitirá preservar los asuntos irreductibles de la democracia: la división de poderes, las autonomías constitucionales y legales, el federalismo, y la imperante necesidad de vivir a plenitud en un régimen de libertades en el que no se llegue ni al autoritarismo, ni a la anarquía.

El reto es grande. El fortalecimiento de la democracia tiene varios ángulos. Uno de ellos es enfocarnos en fortalecer la divergencia de opinión dentro del poder legislativo, así como la independencia plena del poder judicial. Factores que hoy parecieran verse amenazados por la contundencia con la que ganó el ejecutivo.

Pero ello no basta. Es indispensable salvaguardar a las entidades autónomas del Estado mexicano, que paso a paso se han ido construyendo, y que más allá de su mandato específico, tienen como común denominador funcionar como un regulador al hiperpresidencialismo.

Preservar las autonomías económicas, representadas por instituciones como el Banco de México, las autonomías en la medición de las cuentas nacionales, representadas por el INEGI, y las autonomías del conjunto de órganos reguladores del sector energético y de las comunicaciones, por mencionar algunos, será el único camino que permitirá que México continúe transitando el camino de la consolidación democrática plena.

Finalmente, y en respuesta a las discusiones recientes con motivo del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, es evidente que México debe consolidar el federalismo para evitar que se reduzcan las participaciones estatales y se trate de implementar un control político por medio de los super-delegados que compiten con la figura del gobernador.

Independientemente de los retos internos de la democracia, 2018 debe celebrarse por la firma del T-MEC. Después de un largo periodo de desencuentros, la firma del tratado permitió que la más importante política pública en materia económica de las últimas dos décadas siga en pie.

No hay un instrumento o ley de gobierno que haya sido más trascendente para el desarrollo económico de nuestro país que el TLCAN, ahora T-MEC.

Este tratado permitirá a México involucrarse de forma más significativa en la economía de mercado, tener incentivos para ser más competitivo, y eliminar por completo un modelo de desarrollo basado en la exportación de productos de poco valor agregado.

Por supuesto que quedan algunos retos, entre ellos, quizá el más importante, es democratizar el acceso a la inversión internacional de forma que las ventajas del T-MEC no se concentren en algunos estados, sino que llegue al sur y sureste del país, donde las condiciones socioeconómicas son más precarias.

Aumentar el valor de las cadenas productivas nacionales, y mejorar la calidad de la proveeduría por medio del desarrollo de tecnologías innovadoras y limpias, son aspectos prioritarios que determinarán el tamaño del éxito económico y social que podamos tener con el T-MEC.

Sin duda, diversificar la economía y las relaciones de México con otras economías extranjeras es un aspecto que no debe descuidarse.

Al respecto, vale la pena hacer un llamado a nuestros legisladores para que el Presupuesto de Egresos 2019 tenga una visión de largo plazo, enfocada en la inversión pública de alto valor, y no en el asistencialismo de tintes clientelares. Resulta preocupante que la inversión pública durante el sexenio que comienza se prevea como menor que la que hubo durante del sexenio de Enrique Peña Nieto, sobre todo considerando que la de 2012-2018 ya fue demasiado baja.

Así mismo, no es deseable que los programas sociales se hayan aprobado sin reglas de operación y con censos hechos a modo por leales del partido en el poder. Todo esto es un retroceso en la calidad de la política social y del gasto público que no llevará al país a buen puerto.

Estimados amigos,

El 2018 fue un año crítico para la historia de nuestro país y el 2019 no será diferente. Desde COPARMEX continuaremos luchando porque los ideales de nuestra Confederación permeen en la toma de decisiones de política pública, y queden plasmados en acciones que lleven a México en la dirección adecuada.

Los socios COPARMEX podemos y debemos fungir como un contrapeso a cualquier acto de autoritarismo y concentración del poder. Nuestro objetivo es la consolidación de una democracia participativa con contrapesos y balances.

Que 2019 sea un año de muchos éxitos, y de mucho afecto.

 

 

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