Tenemos una tasa de mortalidad infantil similar a la de El Salvador, y una razón de mortalidad materna parecida a la de Egipto.
El estado de cumplimiento de los derechos de la niñez es reflejo de las prioridades, valores, pero igualmente de las políticas, programas y presupuesto que destina una sociedad para su protección. En ese sentido, no es exagerado decir que uno de los imperativos categóricos en nuestro país, en el siglo XXI, es construir un país apropiado para las niñas y los niños.

Lo anterior significa construir una sociedad en la que ninguna niña o niño se quede atrás, lo que exige simultáneamente el cumplimiento del Principio del Interés Superior de la Niñez, es decir, destinar hasta el máximo de los recursos disponibles para la garantía universal, integral y progresiva de los derechos de este grupo de población.

Este 20 de noviembre se conmemora el 29 aniversario de la Convención de los Derechos de la Niña y el Niño; y a casi tres décadas de su adopción por las Naciones Unidas, México mantiene una deuda ética que es impostergable saldar.

Los más pobres entre los pobres

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), ha documentado que la niñez es el grupo de población en que en mayor medida se concentra la pobreza. En efecto, en el año 2016, en el que se llevó a cabo la última medición multidimensional de la pobreza, se estimó que habría 20.7 millones de niñas y niños en condiciones de pobreza; de ellos, 17 millones eran “pobres moderados”, y 3.7 millones eran pobres extremos.

A esas cantidades, deben sumarse los 8.7 millones de niñas y niños que en esa fecha eran vulnerables por carencias sociales: 2.9 millones eran vulnerables por estar en rezago educativo; 5.4 millones eran vulnerables por carencia de servicios de salud; 24.6 millones lo eran por carencia de acceso a la seguridad social; 6.7 millones eran vulnerables por mala calidad en los espacios de la vivienda; 9.2 millones eran vulnerables por carencia de acceso a servicios al interior de sus viviendas; y 9.4 millones eran vulnerables por carencia de acceso a la alimentación.

Adicionalmente, habría que considerar que según el propio Coneval, hay nueve millones de niñas y niños en hogares con ingresos por debajo de la línea del bienestar mínimo; y 24.1 millones con ingresos por debajo de la línea del bienestar.

En resumen, de los 40.4 millones de niñas, niños y adolescentes que había en 2016 en el país, únicamente 7.7 millones eran considerados como no pobres y no vulnerables, con lo que puede sostenerse que las condiciones en que vive la niñez mexicana son auténticamente dramáticas.

La tristeza de la elevada mortandad

De acuerdo con las estadísticas de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el periodo que va de 2012 a 2017 han fallecido anualmente un promedio de alrededor de 27 mil niñas y niños antes de cumplir su primer año de vida; al respecto es importante destacar que la tercera causa de muerte son los accidentes, la cuarta la influenza y la neumonía, y la quinta las infecciones intestinales; es decir, todas causas prevenibles y evitables.

En ese sentido es importante destacar que la tasa de mortalidad infantil ha tenido un descenso muy lento, considerando sobre todo que tenemos indicadores muy altos en el país, considerando sobre todo que somos una de las 15 economías más grandes del planeta; así, de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), México ocupaba en 2016 el lugar 90 entre 198 países, en el indicador relativo a la mortalidad infantil, una posición por debajo de países como El Salvador, Jamaica, Perú, Argentina o Costa Rica.

En efecto, considerando los Programas Nacionales de Acción a Favor de la Infancia de la década de los 90 en el siglo pasado, México debía tener una tasa de mortalidad infantil por debajo de un dígito desde el año 2010; indicador al que habremos de llegar, quizá, sólo hasta 2020 o en fechas posteriores.

Lo mismo ocurre con el indicador relativo a la razón de mortalidad materna, en el cual los progresos siguen siendo demasiado lentos, pues según los datos oficiales, en 2018 tendríamos un indicador de 34 defunciones de mujeres, por cada 10 mil nacidos vivos; cuando las proyecciones indicaban que México debería tener un indicador de 24 defunciones por cada 10 mil nacidos vivos en el año 2010.

Crisis en los estados

Es interesante observar que mientras que en las décadas de los 90 y los años 2000 las entidades con peores indicadores de mortalidad infantil eran al mismo tiempo los de mayor pobreza, a partir del 2010 han entrado en la lista entidades que se asume tienen altos niveles de desarrollo, teniendo a Coahuila como el caso más emblemático.

Así, Campeche aparece en 2018 como la entidad con mayor tasa de mortalidad infantil, con un indicador de 14 casos por cada mil nacidos vivos; le sigue el Estado de México con 13.9; en tercer sitio está Puebla, con 13.8; le sigue en cuarto Tabasco con 13.5 y en quinto sitio Chiapas y Tlaxcala, con 13.3, respectivamente.

En la lista sigue el estado de Guerrero, con un indicador de 12.8, seguido de Coahuila, con 12.6; Durango con 12.3; y Baja California y Baja California Sur, con indicadores de 12 defunciones por cada mil nacidos vivos, cada uno.

FUENTE: EXCÉLSIOR.MX

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