Escrito por: Eduardo Sadot Morales Figueroa @eduardosadot | Periodista, Maestro en Derecho y Profesor de la UNAM

El nueve de diciembre fue el día “Contra la corrupción”, tema que ha sido bandera del actual régimen, que ha señalado como un factor causal de la pobreza, desigualdad, delincuencia, impunidad y todos los males del país o los errores del gobierno encuentran su origen – de acuerdo al actual régimen – en la corrupción. Probablemente sí, pero no necesariamente ese es la única raíz, existe un antecedente cultural y sobre todo la formación de valores, principios y virtudes que solo se dan en familia, por lo que hay que considerar el porcentaje de personas que no provienen de familias integradas.

Los delincuentes son un factor de corrupción de una sociedad, el vocablo CORRUPCIÓN viene del Latín “corruptio”, que se encuentra conformado por los siguientes elementos: el prefijo “con“; que es sinónimo de “junto”; el verbo “rumpere”, que puede traducirse como “hacer pedazos”; y finalmente el sufijo “tio”, que es equivalente a “acción y efecto”. de ese modo, quien delinque en cualquiera de sus manifestaciones, es corrupto porque corrompe a la sociedad, la hace pedazos, la rompe, la destruye, de ahí que cualquiera que delinque también es un corrupto.

La ética y el derecho que debieran estar vinculadas y correr por vías paralelas, no necesariamente es así, porque muchas veces la ética se mantiene firme pero el Derecho tienen diversas maneras de interpretación que vuelven permisibles ciertas conductas lo que confunde al observador, que llega a creer que si el derecho lo permite, entonces los postulados de la ética pasan a segundo término, inclusive se llega al extremo de usar como justificación o argumento el que el derecho no sancione una conducta, o por otra parte, que quien es sancionado por el derecho y salda su deuda con la justicia, se llegue a considerar impoluto, en función de; Sí, haber observado una conducta contraria a la ética y al derecho, pero por el hecho de haber cumplido con la sanción o pena, que el derecho castiga o condena, el individuo en cuestión, con base en el derecho, se considera reivindicado, porque ha saldado su deuda con el derecho y la sociedad, de esa manera se encuentra nuevamente en la condición igual al tiempo en que antecedió su acto sancionado.

Sí, quizá si sea así con fundamento en el derecho y las leyes, pero no es así siempre, en cuanto al juicio ético, pues éste no admite perdón o arrepentimiento, esta es una atenuante o consideración del derecho frente al delincuente, pero no para la axiología, materia de los valores éticos, no necesariamente opera el perdón, no obstante que, en la religión católica, por ejemplo; sostienen como principio el arrepentimiento para otorgar el perdón. En ética no es así, si faltas a un valor, principio o desvías tu conducta de la virtud, el acto queda registrado y consumado, y forma parte – por decirlo de alguna manera – del historial o currículo del individuo, podrán argumentarse una serie interminable de motivos, razones o justificaciones, sí, pero la conducta que ya quedó consumada en el acto cometido, no puede modificarse, permanece. Las consideraciones de perdón o cumplimiento de la culpa o atenuantes de su responsabilidad, podrían operar para efecto de una sanción o sentencia, pero no borran, aunque así se quisiera, el acto cometido o la conducta realizada.

Tratando de ser más ilustrativo, está el ejemplo del diputado en uso de la tribuna, que es acusado desde una curul por otro diputado y le grita que es un ratero. El diputado interpelado se defiende y revira con un argumento legal, no ético ni moral, diciendo: “usted a mí no me va a acusar de ratero” le reto a que me lo pruebe sino lo voy a demandar por calumniarme, y el diputado desde su curul le contesta, no “si no lo acuso de pendejo” lo acuso de ratero, porque si fuera pendejo, entonces yo tendría las pruebas y huellas que usted cuidó de no dejar, para fincarle una acusación.

Ahora la 4T está en ese dilema, se argumenta sobre la intención, para no sancionar la conducta. Pero la intención, es el antecedente, motivo y origen de la conducta, porque así, se deja al criterio discrecional de todos los ciudadanos, para revisar la conducta de los miembros de la 4T, entonces abundarían casos de arrepentidos, vestidos ahora con el manto de la inocencia, bajo la premisa de borrón y cuenta nueva. Pero éticamente no es así, porque la conducta, contra valores y virtudes éticas, es siempre reprobable, por más que conforme a derecho se cumpla con una sanción, no modifica su resultado, ese ahí queda y no puede cambiarse. Igual que si una mujer es violada, no por dejar de violarla o que el violador pague su condena, la mujer vuelve a su estado virginal. La ética y la moral de la 4T resulta tan falaz como decir que mi hermana está embarazada, pero nomás poquito.

El dilema de la moral y la ética de la 4T se estrella al usar el argumento juarista de que “para los enemigos justicia y para los amigos justicia y gracia” ejemplos abundan, desacato a la autoridad constituye un delito y quien comete un delito es un delincuente, el tema el Encino nos gustó o no. El caso de Rosario Robles considerada adversaria del presidente por haber exhibido a Bejarano, famoso, por las ligas y el sobrino de su esposa Dolores Padierna fuera el instrumento de venganza, excediéndose en un juicio, evidenciando su parcialidad vengativa, sin que hubiese una mención condenable del jefe del ejecutivo contra el juez amigo.

Los casos de funcionarios de la 4T cuestionados con pruebas, sí, aún sin calificar por la autoridad correspondiente, pero que tampoco, han merecido una mención de condena.

El caso Bonilla en Baja California, que pudiera tener una salida legaloide, pero éticamente inaceptable, por ser contrario al principio Constitucional de no reelección, no puede argumentarse una grieta en la ley, para permanecer cinco años, si para todos es contrario al principio constitucional de cumplir con el mandato de dos años convenido en la elección, en nada favorece ni acredita la ética y moral que pregona la 4T.

El reciente caso del nombramiento en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) cuando su misma presidente es cuestionada por haber mentido y ocultado su vinculación con el Partido MORENA, es otro ejemplo en el que se atropelló la moral y la ética de la 4T evadiendo la sanción ética y moral, justificando con un argumento legal, pero ética y moralmente aun así, también resulta cuestionada y ante la simple sombra de la duda, debiera renunciar, para honrar el cargo y a su Partido.

El caso de un hombre serio y con gran prestigio, del diplomático Ricardo Valero, pillado en el robo de un libro, que pretendió justificar el Presidente Obrador, argumentando que “un error cualquiera lo comete” en eso de que cualquiera lo comete, el Presidente tiene razón, pero el embajador de México ante otro país, que representa a todos los mexicanos, cuya actuación, por el cargo y representación que ostenta ante otro país, lesiona a toda una Nación, es eso precisamente lo que muchos miembros de la 4T no alcanzan a dimensionar, que sus actos grandes o pequeños repercuten en todo el país o en todo el mundo. Fue un hurto menor económicamente hablando, pero además es un libro que cultiva, es como robar un pedazo de cultura, pudiera equiparase al robo famélico, por hambre de saber y aprender, sí, pero el robo no se castiga por el monto, sino por el acto mismo, por la conducta de robar, por no respetar lo que no es tuyo. Se imaginan que piensan de ello en países como Japón, no quiero imaginarme los memes contra los mexicanos, los chistes y la sorna cuando cualquier mexicano entre a una librería.

Moral y ética también es lo que el presidente de todos los mexicanos, dice ante la prensa nacional e internacional, todas las mañanas, tiene repercusiones en México y en el mundo, por el cargo que ocupa y la representación que ostenta y que le fuera otorgado mediante el voto, que no puede darse el lujo de improvisar, ni guasear como adolecente de bachillerato, porque la institución que él representa, no es para contar chistes, algunos hasta de mal gusto, para no abaratar frente al mundo a la institución presidencial ni al país, porque está a la altura de los estadistas y presidentes de otros países, que su comparecencia no es doméstica ni domesticada, implica que la asuma como la más alta responsabilidad que le exige seriedad. No asumirlo también es corrupción.

Shakespeare en Hamlet es famoso por su frase “to be or not to be that´s the cuestion” ser o no ser ese es el dilema, ser moral y éticamente correcto y congruente ese es el dilema de la 4T. Habrá cosas jurídicamente aceptadas por imprecisión del derecho, pero que no es ni ética ni moralmente correcto. Sancionar al corrupto, sin importar si es corruptito o corruptote o corruptazo, aunque las exigencias del derecho señalen un tipo de conducta, cuya adaptación al precepto, no se adecue precisamente y con solo eso, por ese motivo, no pueda evadirse a la justicia. Es así que ello no le excluye de la sanción ética y moral de un régimen que ha basado su convencimiento a los electores en “honestidad valiente” lo que contrariamente le obliga – por congruencia – a no ser corrupto ni cobarde.

Así de claro debe quedar, que, aunque para algunos casos, la ley sea permisible y tenga una puerta por donde colar justificaciones para evadirla. Pero no puede ser ni ética, ni moralmente aceptable, que un gobierno argumente y se base en las lagunas de la ley, para violentar valores y principios éticos o morales, escudándose en la norma, no basta con cumplir la ley, a veces es más importante para una sociedad que su gobierno tenga y conserve una altísima calidad ética y moral, que acredite la autoridad de un gobierno, un régimen o un gobernante. Y es precisamente ahí, donde se está escurriendo la autoridad, calidad, ética y moral del gobierno.

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