Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

Es una fatalidad vivir en una República que sigue ansiando la democracia, pero que es incapaz de presentar candidatos competentes para llenar las expectativas de los votantes.

Nos piden que decidamos, ¿pero a quienes nos ofrecen?, son cinco personalidades carentes de arrancar una emoción, una intención, una esperanza.

Margarita, por vergüenza, no debía ser candidata.

Meade es un mal candidato que se manifiesta como el agua pura: incoloro, inodoro e insípido.

Es una fatalidad vivir en una República que sigue ansiando la democracia, pero que es incapaz de presentar candidatos competentes para llenar las expectativas de los votantes. Nos piden que decidamos, ¿pero a quienes nos ofrecen?, son cinco personalidades carentes de arrancar una emoción, una intención, una esperanza.

Tiempos para otra cosa y no para invertir millones en cinco individuos que pueden ser muy brillantes, muy trabajadores, muy honestos, pero poco inspiradores, poco atractivos.

La desconfianza ciudadana no se basa sólo en haber visto y notado a políticos rodeados de guaruras, viviendo en mansiones, exigiendo tratos preferenciales, sino también en la carencia de personas que presenten una imagen y una voz; personas con aplomo, con carácter, con la determinación que da confianza.

Veamos juntos qué tenemos:

 1. Zavala

No es posible que por muy independiente que se manifieste, la esposa de un expresidente abandere una candidatura. Es indignante que una persona tan cerca del poder y del dinero, tenga la oportunidad de competir por la primera magistratura de la nación. Margarita, por vergüenza, no debía ser candidata. El poder en México está tan cerca de la impunidad y de la corrupción que, aunque se trate de la persona más honrada y más honesta del mundo, Zavala sabe dónde se mece la cuna de las malversaciones, de las complicidades, de la vista gorda.

Pero independientemente de eso, ella tiene una severa dificultad para expresar sus pensamientos; ya era hora de haber contratado a un profesional para que le enseñara a no pensar mientras habla, a no dirigir sus ojos a su memoria, a mover las manos en concordancia con lo que dice.

Nada de nada, muchas otras mujeres podrían ser más convincentes. Poca vocación de grandeza, nada que ver junto a Merkel, a Theresa May, a Bachelet. Víctima del nepotismo, sólo crea desconfianza.

2. Meade

Propio, hasta para escribir “YO MERO”, incapaz de desprenderse de un tono que suena falso, que se desdibuja cuando grita para sumar seguidores y voluntades. Educado para ser presidente, con cualidades académicas indiscutibles, pero no formateado para las multitudes, Meade es un mal candidato que se manifiesta como el agua pura: incoloro, inodoro e insípido.

Es un personaje singular porque tiene una enfermedad en la piel que se llama vitíligo producida por un trauma físico o emocional, eso resulta una ventaja porque lo hace una persona física y emocionalmente fuerte. Unos kilos de menos, ensayar mejor el discurso y mostrarse más duro lo haría un mejor candidato. Pero nada de nada, no es el ideal, crea desconfianza.

3. Anaya

Quietecito se vería más bonito. Anaya suma a su apariencia de niño prudente, el desvencijado arreglo entre la derecha y la izquierda, un imposible definido en 1938, después de su visita a México por el surrealista francés André Bretón: “No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo”.

El candidato surrealista, ya podemos imaginarlo discutiendo con Trump o con Rajoy, el chiquitín que se mueve en el escenario haciendo caritas de ángel y exponiendo como en concurso de declamación de prepa.

Híjole mano, qué difícil, seguro es muy brillante y talentoso, pero ¿candidato a la presidencia? Bajo la sospecha de busca prestanombres y fortuna dudosa… Nada de Nada, los ciudadanos buscamos a alguien que parezca, que no sermonee, que no viva a la defensiva.

4. López Obrador

Cuando no se tiene idea de la historia, hay que inventar. Este pobre hombre inventa e inventa sin sustento, sin congruencia, sin raíz. Y el trópico candente con una voz que no cuida y parece, con todo respeto, de ancianito; con la barbilla levantada para ocultar la papada o para mostrar superioridad, con sus visitas a la dermatóloga, para mostrar un rostro más juvenil, ¡ay! Andrés Manuel con su como digo una cosa digo otra.

 Todo en uno, en un paz y amor de los sesentas, escandaloso, efectista, anacrónico y visionario al mismo tiempo con pausas eternas y acentuando su tono vernáculo que a veces parece más andaluz que tabasqueño. ¿Qué clase de confianza podemos tener.

5. Rodríguez

Lo conocen como “EL BRONCO”, nada de nada; impuesto a fuerzas por el TRIFE, dejó ya de entrada fuera al INE. Con expresiones misóginas, más de a caballo que de a pie, ofrece la imagen de malo, malvado y mal averiguado, oírlo hablar es no entender. ¿De dónde salió?, ¿Qué clase de candidato puede ser?, ¿de qué índole, naturaleza, grado o clase de gobernante puede resultar?

Se le atribuye al pensador francés antirrevolucionario Joseph De Maistre, la frase: cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece. Aquí no es así, nos han impuesto a cinco personas incapaces de demostrar que puedes ser capaz de gobernar.

Votaremos tal vez, no por lo que queremos, sino por lo que no queremos.

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