Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

La corrupción fastidia a los que no tienen con qué, ya no digo pagar, sino invertir en ser los primeros, en no ir, en conseguir un contrato, en que les paguen antes, en huir, en escapar… Claro, la corrupción genera una enorme desigualdad, una inequidad absurda porque la mayoría no podemos o no queremos llegar al precio.

Por definición, a todos nos beneficia un aparato estatal corrupto, un yo te doy, tú me das. Transparencia internacional acaba de publicar que Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Noruega y Suiza son los países que tienen la percepción de menos corrupción, mientras que, Somalia, Sudan del Sur y Siria, tienen la percepción de ser los más corruptos. México, en una tabla que incluye 180 países está en el lugar 135.

 

Un paraíso, no de corrupción, de impunidad. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 8 de febrero de 2005 emitió un documento que dejaba claro:

 

…La impunidad constituye una infracción de las obligaciones que tienen los Estados de investigar las violaciones, adoptar medidas apropiadas respecto de sus autores, especialmente en la esfera de la justicia, para que las personas sospechosas de responsabilidad penal sean procesadas, juzgadas y condenadas a penas apropiadas.

 

Con la corrupción, los involucrados ganan porque agiliza un trámite, ahorra tiempo, vigoriza al sistema, provoca sonrisas y no sólo en los grandes contratos sino en el día a día de luz, gas, teléfono, cable, predial, agua, tránsito, y más, asientos, cuartos, camas, beneficios del seguro.

 

Fíjese: Necesito el acta ahorita, no voy a regresar, y coopero. Si me paso el alto, les gano a todos éstos y llego a tiempo, y coopero. ¿Cómo le podemos hacer para que no pague tanto de luz? Adelántame el pago. ¿Por cuánto quieres que te lo facture? No le haga la autopsia y nos arreglamos… Coopero.

La corrupción es un yo te doy, tú me das: entras a la licitación y con el 20 ya estas. Ahórrese la cola, son sólo cincuenta pesitos… Yo coloco el producto en esquina superstar, pero acuérdate… Claro, la corrupción fastidia a los que no tienen con qué, ya no digo pagar, sino invertir en ser los primeros, en no ir, en conseguir un contrato, en que les paguen antes, en huir, en escapar… Claro, la corrupción genera una enorme desigualdad, una inequidad absurda porque la mayoría no podemos o no queremos llegar al precio.

 

Si no hubiera corrupción, dejaríamos de pagar en buena parte de los estacionamientos públicos; no podríamos comprar taquitos en la calle, tendríamos que presentar receta para buena parte de los medicamentos, nos estacionaríamos sólo en los lugares permitidos; pagaríamos el total de los impuestos y no podríamos ayudar a los cuates a tener seguro social.

 

Si no hubiera corrupción, los camiones circularían con las luces encendidas por la noche; ahora si no pasó la verificación, no habrá forma; no se construirían rascacielos sobre terrenos defectuosos; el basurero se conformaría con su sueldo, no se podría registrar una empresa fantasma… Si no hubiera corrupción muchos negocios no podrían ser, ni florecer como florecen, desaparecerían los franeleros y las papitas fritas fuera de las escuelas, todos tendríamos que seguir la cola y los ministerios públicos no podrían hacerse de la vista gorda.

 

Ahora, con el chayote, el moche, la tajada, la comisión, a la larga se nota el costo, un costo muy caro. Por el 20% que ha hecho ricos a muchos, se cayeron edificios, las calles y las carreteras son defectuosas, las medicinas son caras, el agua escasea y buena parte de los colegios y muchos hospitales no cuentan con lo necesario.

 

Un yo te doy, tú me das que sí funciona, pero sólo a corto plazo; que sí funciona, pero que hace infelices y desgraciados a innumerables núcleos de la población. Al acabarse la corrupción, se vaciarían los restaurantes de lujo y los de menos lujo, dejaríamos de ver mansiones llenas de obras de arte, hospitales de postín. Para muchos se acabarían los viajes al mundial con toda la familia, los estudios de los hijos en el extranjero…Pero, ¡ay que tristeza!, el problema no está en la corrupción, que puede o no ser endémica, y que se da en todo el mundo… pero, qué pena, pero no es la corrupción.

 

México tiene una legislación moderna en la mayoría de los rubros; ministros, magistrados, abogados notarios del mejor nivel; agentes investigadores y policías que alguna vez fueron de los mejores del mundo, pero que hoy son incapaces, indolentes, incompetentes, corruptibles.

 

Todos los niños hacen travesuras y dejan de hacerlas cuando reciben un buen castigo, una lección inolvidable. Aquí, a los ojos de todos se quebranta la norma y el delincuente goza de impunidad, es decir, hacemos lo que nos da la gana, aunque repelen, al fin que no pasa nada.

 

¿Quién tendrá el valor de poner en orden a quienes deben hacer cumplir la ley? Sólo alguien que entienda que la corrupción no es el problema, sino la carencia que tiene el estado para castigarla.

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