Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

Los debates: tiempo y dinero malgastados en lo que nada deja.

Aunque el INE ofrecerá pronto un modelo nuevo, sólo es carne para los analistas, para los comentaristas, pero para los ciudadanos, nada.

Usted dígame si ha visto un buen debate en México, y usted dígame si le sirvió de algo. Acabemos ya con prácticas que no están diseñadas para nosotros.

El que discute con un necio se vuelve…, necio. En algunas universidades y en muy contadas materias se enseña, se fomenta y se exige que los alumnos debatan. Hay debate de albures en Tepito; fue histórico el debate de los Senadores Rodríguez Prats contra Castro, pero de allí a que seamos diestros para debatir, hay un abismo. Promover, azuzar, obligar a debates entre candidatos, es un absurdo.

 

Ayudaré a la gente a que tenga su vivienda, dijo Delfina. No te hagas mi Delfi, si les quitabas el sueldo a tus trabajadores, dijo Juan… No otra vez por favor. Ya nos podemos imaginar: Mira tú niño pirrrurris qué vas a saber si ni sabes cuánto cuenta el kilo de tortillaPues mire Don Andrés, pero no soy un nini… Por favor, ya no.

 

La verdad no es única e indisoluble. Un debate se gesta en la diferencia de puntos de vista que una o varias personas tienen acerca de la verdad. No en chismarajos denostadores; se generan en ideas, no en ocurrencias.

 

El argumento ha sido la base sobre la que el debate fortalece su atractivo. No es boxeo ni lucha ni pleito de vecindad, es la expresión civilizada de divergencias que se resuelven cuando el más apto  convence de su verdad a la mayoría.

 

Aquí los debates no funcionan; se fortalece el hice, contra el haré y propongo; con esto te descabezo al yo soy capaz de hacer, y todo aderezado por moderadores que se equivocan y camarógrafos que le miran las piernas a la edecán.

 

No más espectáculos sin sentido, imitaciones burdas de una forma de ser y de hacer que tal vez no nos corresponde; hasta hoy, los debates entre candidatos van demostrando ser tiempo y dinero malgastados en lo que nada deja.

 

Recordemos que, aunque Fernando Ruiz y Hernán Alberro afirman que el primer debate presidencial televisado se celebró en Brasil el 15 de septiembre de 1960, la voz popular da como el primero al celebrado el 26 de septiembre del mismo año en Chicago, protagonizado por Kennedy y Nixon, y conducido por Howard K. Smith.

 

Aunque ya un siglo antes Lincoln y Douglas inauguraron la modalidad debate presidencial, la televisión le dio a esta clase de debate y al género en general, una repercusión increíble.

 

Antes que, en muchos otros países de habla hispana, el 27 de junio de 1961, en el programa Mesa de celebridades, conducido por el afamado periodista Agustín Barrios Gómez, se celebró el primer debate en México entre políticos, protagonizado por el panista Tomás Carmona y el priísta Antonio Vargas McDonald, candidatos a diputados federales.

 

De infinidad de debates televisados, los especialistas destacan los sostenidos por los candidatos a la presidencia de Francia, Valery Giscard d’Estaing y François Mitterrand, transmitido por TF2 el 24 de abril de 1988; y el primero que se celebró en España, el 24 de mayo de 1993 entre los candidatos Felipe González y José María Aznar, transmitido por Antena 3 y conducido por Manuel Campos Vidal.

 

Estos ejemplos, mínimos, se supone que, revelan cientos de horas de negociación, de preparación, de organización que a veces no se ven recompensadas. Aquí eso, no se ha visto, pero tampoco ingenio o flechas envenenadas, aquí el debate sobra; tal vez expone, pero no expresa.

 

De los debates formales, aunque usted puede consultar el desarrollo de muchos modelos los más comunes son el de Karl Popper, el Lincoln- Douglas y el de la Asociación Forense Americana (AFA), tal vez el más común entre los universitarios de Estados Unidos.

 

Allá, es otro boleto, aquí, aunque el INE ofrecerá pronto un modelo nuevo, sólo es carne para los analistas, para los comentaristas, pero para los ciudadanos, nada. Si ya lo van a hacer, si no queda de otra, es importante que tomen en cuenta que para todos los modelos hay reglas básicas que se deben tomar en cuenta:

 

  • Dos personas no pueden hablar al mismo
  • Una sola persona no puede intervenir durante largo tiempo, impidiendo la participación de los demás
  • No se puede participar en un debate si no se tiene preparación sobre el tema a discutir, ya que no se debe

 

El debate es un diálogo que se genera a partir de puntos de vista contrapuestos, de tal manera que, si dos personas opinan lo mismo sobre un asunto determinado, pueden dialogar, conversar, pero no pueden debatir.

 

Usted dígame si ha visto un buen debate en México, y usted dígame si le sirvió de algo. Acabemos ya con prácticas que no están diseñadas para nosotros.

 

 

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