No es que no pueda estar solo,

qué tiene de malo buscar

en esta ventana,

en la noche sin luna o con ella

las caricias de ese cuerpo

que no pide nada a cambio,

únicamente una mirada

en donde se vea todo lo que somos.

 

No es que me haga falta

una caricia desgarradora,

ni el aliento cercano,

ni el respiro que brota

de la punta de los dedos,

del calor de esa espalda perfecta,

de las líneas que forman

los montes que alimentan

las ganas de vivir.

 

No es que me haga falta nada,

es que me sobran en estas manos

los caminos por recorrer,

se desbordan de mí las ansias

por esos labios, por el respiro

lento, pausado, tranquilo

sobre la piel suave, transparente,

no me hace falta nada,

me sobran ganas, ganas de ti.

 

Mauricio Farías Hodges

Tijuana, B.C., México

 

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