Por: Annabel Clavellina

“Entrar en un control emocional, significa poder desconectar todas las emociones que producen la compulsión insaciable de llenar todos los vacíos con alimentos, el ciclo vicioso negativo se rompe, el amor propio vuelve en sí.”

Detrás de cada personalidad y perfil, existe toda una cascada de eventos emocionales que se van detonando con las vivencias del día a día, hasta llegar en muchas de las ocasiones, a canalizar de manera compulsiva la ingesta de lo que debería tener una connotación puramente natural y sana: nuestros alimentos.

La estructura de pensamiento de la persona que sufre obesidad, es un tanto compleja, y se podría decir que, hasta embotellado por pensamientos repetitivos y fijos. ¿Tristeza? Acciono con comida, ¿enojo? Vuelvo accionar con comida, ¿depresión y ansiedad? dos emociones irreverentemente detonantes para continuar con este ciclo vicioso. Cada uno de estos ciclos,  se repiten cada vez que, dentro de sí, sienten la más profunda desesperación de carencia afectiva, desamor, baja autoestima y poca auto aceptación, que le motiva a ingerir cada uno de los bocados de alimentos colmados de calorías.

La auto discriminación revuelve todos los conceptos que pueden tener sobre sí mismos, censurando cada una de las sensaciones de bienestar y plenitud que pueda tener la persona que carga con el estigma del sobrepeso u obesidad; explorarse enfrente de un espejo les resulta desagradable y en ocasiones repulsivo, tornándose cada vez más complicado amar su cuerpo, juzgándose una y otra vez, culpándose por aquellas situaciones no resueltas. Disocian su intimidad por miedo al dolor emocional, al ser auscultados por territorios marcados en zonas prohibidas.

 

Cada célula programada por genes, condiciones ambientales, emociones contenidas y experiencia de vida, se exhibe en una persona aferrada y necesitada a “cubrir” y “proteger” su cuerpo con una capa de tejido adiposo, para evadir realidades y acercamientos, en donde pueda verse expuesta su fragilidad y vulnerabilidad intangible y llena de sufrimientos marcados por el pasado, que aún no han sido solventados por el individuo.

Internarse en una reflexión y concientización para identificar de raíz todos los factores que,  en algún momento dirigen nuestras acciones encauzadas a descargar todos los sentimientos reprimidos, ayudará a unir el rompecabezas de las ideas más repetitivas y autodestructivas que se generan, junto con la creación de las herramientas que se necesitan para iniciar el camino a la curación interior y espiritual. Reforzar y fortalecer todos los motivantes positivos dentro de una vida cotidiana, será un punto clave para experimentar un proceso más compasivo.

Entrar en un control emocional, significa poder desconectar todas las emociones que producen la compulsión insaciable de llenar todos los vacíos con alimentos, el ciclo vicioso negativo se rompe, el amor propio vuelve en sí, la distorsión de la imagen corporal se disipa, las mejores deseos afloran, el apetito hacia la vida y el bienestar crece, la aprobación de su persona es mayor, y el juicio hacia sí mismos desparece.

Corazón lleno de amor y no de comida.

 

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