Por: Javier Díaz Brassetti | @Javierexpresion | FB/Javier Díaz Brassetti

En este mundo traidor nada es verdad ni mentira todo es según el color del cristal con que se mira, máxima del poeta español Ramón de Campoamor, es también hoy más que antes, un paradigma que deben observar los políticos inteligentes.

Resulta imponderable que el Ejecutivo Federal haga un rápido cambio de estrategia en lo que a Comunicación Social se refiere. Se han cometido errores, pero por desgracia, todos se van notando.

Si antes era indispensable que un político pensara en tener cerca a un contador y a un abogado, uno para que hiciera las cuentas, el otro para cuidarlo, hoy, es vital, también, tener a un verdadero experto en hacer llegar a la gente el mensaje que debe oír, que quiere oír.

Peña Nieto fracasó, Eduardo Sánchez, su vocero, echó a perder tanto la imagen del mandatario como la de su familia, la imagen de positivos progresos y de obras importantes para el país. A lo mejor por esto no hay vocero o tal vez porque no se quiere volver a oír aquello de lo que el presidente quiso decir, de Rubén Aguilar: pero no hay nada peor que un presidente que la hace de vocero porque es como hacer las quesadillas y cobrar con la misma mano.

No se trata de no decir la verdad, sino de matizarla; no se trata de mentir ni de ocultar, sino de ofrecer una lógica comprensible de los acontecimientos; a veces, de callar, esperar un poco, aplazar la explicación. Muy rápido, muy confuso, muy lento o muy difuso, permiten a los medios y a la gente, comenzar a especular y perder la confianza.

Lo que se está aparentando es inexperiencia, novatez, un poco de incompetencia, pero mucho de absoluta incapacidad para comunicar y dejar tranquilos a los medios y a la gente. Es un error que todas las mañanas de lunes a viernes, el Presidente de la República ofrezca una conferencia de medios. En un acto reactivo ofrece respuestas a las preguntas inmediatas que le formulan los reporteros.

¿Cuántas respuestas son ideas, cuántas ocurrencias, cuántas salidas para que la gente entienda lo que no puede explicarse?, ¿cuánto tiempo dedicó a entender, comprender, pensar y decidir?, ¿es un impulso o es el sereno deambular de convicciones y sentencias con estructura, bien elaboradas?

Hasta hoy ese es el primer error: de imagen, de información, de previsión y de propósito. Y todo está partiendo de allí. Contradicciones, excusas, justificaciones parten de este modelo equivocado de Comunicación Social.

De nada servirá fijar la agenda, dar la noticia, marcar la pauta, si amigos y enemigos estamos notando a veces a una persona modorra que arrastra las palabras y otras veces a un hombre bien peinado y entusiasta.

Vemos y oímos, a veces a quien se saca cifras locas de la manga y otras veces a quien corrige con sapiencia los números de los periódicos; a veces a quien sataniza a sus adversarios y a veces a quien llama al amor y a la cordura; a veces a quien asusta, a veces a quien impulsa.

Un político del siglo XXI no puede ser inconsciente del efecto mariposa, que, sin exagerar, es el nombre, partiendo de un proverbio, que Edward Lorenz, le dio a la posibilidad de que el aleteo de un insecto en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York.

Los aciertos y los errores de forma o de fondo, tienen consecuencias -verdad de Perogrullo-, desconocerlo y verse asombrado, no es papel que corresponda a un Jefe de Estado que se supone, debe ser precavido con sus dichos y con sus acciones. En una sociedad como la nuestra, más precavido con sus dichos.

Congreso y Presidente no sólo deben cuidar el cómo y el cuándo, sino la forma de comunicarlo. Todos, amigos y enemigos, queremos seguridad y paz, no queremos a los corruptos ni a los ladrones, obvio; queremos que se acabe el huachicol, que los bancos dejen de abusar, que los funcionarios cobren lo justo, etc., etc., pero no con la percepción de que se está haciendo a trancazos.

La opinión de los mercados internacionales, de la banca, de la industria, de los medios, es tan importante y a veces más, que la de treinta o cuarenta o cincuenta millones de ciudadanos, y la apariencia que se ofrezca a unos y otros, marcará el resultado de una gestión gubernamental.

A buen callar llaman Sancho. Es el momento ya de hacer caso, de buscar el cristal que haga pensar al pueblo, y el pueblo también son los fifís, que la cuarta transformación no es un enredo ni una patraña. Un cristal que dé claridad a una estrategia, que pueda ir corrigiendo los errores de co0municación social.

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