Por: Julio César Silva Cetina

El coyotaje es de los pocos vicios que se han combatido eficientemente desde el ámbito federal. Mimenza no estaba enterado.

Nadie da un paso sin guarache, pero si hubiera una excepción a esa regla, no sería el polémico empresario inmobiliario Carlos Mimenza Novelo, un personaje ampliamente vinculado con el poder político, del que ha sacado enormes beneficios económicos.

Hace unos días trascendió una lista de sus propiedades. Tan solo en el municipio de Solidaridad Mimenza Novelo es dueño de 57 predios de entre 45 y 388,000 metros cuadrados que suman casi 190 hectáreas. El propio Mimenza Novelo precisó después que en total son 77 predios de alta plusvalía.

No importa la cantidad que sean, 10 o 20, 70 u 80. Se trata de extensiones con un valor inimaginable en dólares. Una fortuna de ese tipo no la obtiene ni el mejor vendedor de bienes raíces de la zona hotelera de Cancún sin la ayuda del poder político, del que Mimenza gozó ampliamente durante 18 años.

A Mimenza se le acabó el tiempo. Sus tierras de gran valor no fueron revaloradas aún más con cambios de uso de suelo, porque Mauricio Góngora Escalante, con quien continuaría recibiendo los mismos beneficios de años atrás, perdió las elecciones a gobernador.

Y lo peor para Mimenza es que a esa campaña le invirtió 10 millones de pesos, según afirman quienes conocen de esos movimientos.

Mimenza ha pretendido presentarse como un paladín de ley y de la justicia, como protector de niñas maltratadas. En realidad es un falso redentor que busca manipular a la opinión pública para defender sus intereses particulares, los suyos y los de sus socios, todos ellos vinculados con negocios inmobiliarios poco claros en las principales ciudades del estado.

La llamada cruz de servicios, en el “corazón” de Playa del Carmen, es uno de los desarrollos de donde Mimenza Novelo se ha visto beneficiado con acciones promocionadas desde el poder político.

Ávido de más poder y riqueza, Mimenza Novelo pretendía ser beneficiado por el Gobierno de Carlos Joaquín. Como un tramitador cualquiera, como vil “coyote”, propuso a la actual administración estatal que una empresa en particular, con la que tiene ligas, se encargara de renegociar la deuda. Obviamente no se la aceptaron.

Tampoco le aceptaron al no menos polémico abogado Leonardo Mukul, presunto defensor de derechos humanos, para que sea propuesto como fiscal.

De modo que ambos elementos y la negativa para otorgarle cambios de uso de suelo a sus predios prendieron la mecha y explotara como el presunto defensor de la ley y la justicia en el estado.

A lo largo de su vida Mimenza ha pretendido engañar a sociedades enteras.

Por ejemplo, en noviembre de 2009 anunció la creación de la Fundación Villa de la Esperanza en Mérida. Nunca supo explicar de dónde obtendría los recursos para financiarla, pero desapareció más rápido que tarde, cuando se supo que en Colombia funcionaba un organismo con el mismo nombre.

Recientemente denunció que recibió un sobordo de $5 millones por parte del Senador Félix González Canto y que ese dinero lo donaría a Casa Crisal, una institución que protege a diñas maltratadas de entre 13 y 17 años de edad en Mérida. Sin dejar de lado el hecho de que violentó la ley al no reportar esa cantidad al SAT, Casa Crisal no reporta haber recibido la mencionada donación.

Pero a pesar de sus pifias, Mimenza cree que puede seguir engañando a la sociedad quintanarroenses con su imaginación. No se da cuenta que ya está en el descrédito.

El coyotaje es de los pocos vicios que se han combatido eficientemente desde el ámbito federal. Mimenza no estaba enterado.

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