Por: Javier Díaz Brassetti.

Hacen falta pantalones para cumplir la ley con sentido común, para que no tiemble la mano, para entender que la democracia es proteger al mayor número de personas posible. Pantalones, para no negarnos un futuro mejor.

¿Quién mató al comendador?, -Fuenteovejuna, Señor; -¿Y quién es Fuenteovejuna?, -Todos a Una. Así narra Lope de Vega cómo los vecinos de Fuenteovejuna, un pueblecito, contestan a la pregunta de un enviado del rey que quiere averiguar quién mató a su predecesor, la respuesta es: TODOS.
La ley y el sentido común establecen juntas quién tiene la autoridad para determinar lo que debe hacerse en la vida pública; hay, como escribe Maquiavelo, gobernantes listos y tontos; los listos entienden Ley más sentido común, los tontos, dice, no.
En las democracias, cuando la autoridad se ejerce sin sentido común, pueden destacarse dos fenómenos: autoritarismo (lo hago porque soy el jefe) o negligencia (que hagan lo que quieran).
De 1952 a 1966, en la figura de Jefe del departamento del Distrito Federal, gobernó Ernesto P. Uruchurtu; del 66 al 70, Alfonso Corona del Rosal y del 76 al 82, el Profesor Carlos Hank González, alguno tildado de autoritario, otro de limpiabotas y otro de corrupto, pero fueron las últimas autoridades que se vieron pasar por la Ciudad de México.
Todos los demás, pasaron, con más o con menos, pero con ninguna dramática reforma que hiciera pensar al ciudadano que podía mejorar visiblemente su calidad de vida.
Y es que exigir al servicio de limpia que fuera puntual, ordenar a fondo el registro civil, las delegaciones de policía; ordenar la movilidad peatonal, el cruce de las esquinas, el transporte público, etc., etc., les pareció a Martínez Domínguez, Sentiés Gómez, Ramón Aguirre, Manuel Camacho, Manuel Aguilera, Óscar Espinoza, Cárdenas, Robles, López Obrador, Encinas, Ebrard, pero sobre todos a Mancera, ejercer una autoridad que pudiera ser interpretada como autoritarismo.
Gobernar una ciudad tan compleja, no es un asunto sencillo, pero mal gobernarla, dejarla fluir para que se convierta en el paraíso de nadie, se ha vuelto menos sencillo.
En el fondo, hay un problema no sólo filosófico, sino de actitud y actuación: si la autoridad cumple, puede hacerse pensar que es autoritaria; si medio cumple, habrá grupos más conformes que otros; pero si no cumple, todo sigue igual con muy pocos de acuerdo y millones esperando.
En el país se está demostrando que la ley y el sentido común, medio se cumplen o no se cumplen. Los fuenteovejunas (justicia por propia mano) se vienen multiplicando y muy pronto la violencia y el desgobierno podrían llevarnos a un caos.
Cuando en el año 2000 se dio un cambio de partido en el gobierno, el grupo que llegó desentendió la función de la autoridad; queriendo popularidad y haciendo su lucha por mayor transparencia sin equilibrios, generó toda clase de grupos que se fueron sintiendo capaces de ejercer también la autoridad.
Si ya habían empezado a desaparecer, desde entonces, han faltado pantalones -expresión que se usa para decir de otra forma que falta valor-, que quien tiene la autoridad la ejerce a medias o deja que las cosan pasen.
Turba en Atenco, adiós aeropuerto; las autodefensas en Michoacán, adiós derecho; los huachicoleros apoyados por sus pueblos, adiós millones de litros de gasolina; se roban las jeringas del hospital, adiós instrumentos mínimos para curar; hay turba en Guerrero, saquean tiendas, adiós cristales, adiós culpables…
Para ninguno de nosotros es ajeno que no funcionan las policías, claro, hay casos, pero hay que arreglar las banquetas y disminuir la vialidad con macetones, antes que pensar en la policía; el transporte público es muy malo, pero hay que hacer ferias mundiales en miniatura, antes que cumplir con el ciudadano; hay contingencia ambiental todos los días y los especialistas dicen cómo evitarla, pero una voz de la que se suponía autoridad, responde: con las motos no me meto; adiós a la salud pública, hay que cuidar al motociclista…
De acuerdo con la Asociación Mundial del Futuro, de seguir las cosas como van, aunque tengamos todas las libertades, sólo la Ciudad de México para 2022, será invivible.
¿Y el país?, Mucha transparencia mexicana, Trife, Derechos Humanos, Partidos decididos a no inculpar delincuentes, ¿y el país, nosotros?
Hacen falta pantalones para cumplir la ley con sentido común, para que no tiemble la mano, para entender que la democracia es proteger al mayor número de personas posible. Pantalones, para no negarnos un futuro mejor.

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